Rafael Ferro

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Entrevistamos a Rafael Ferro a poco del estreno de Ataúd blanco, su más reciente film.

¿Qué recuerdos tenés de tus vacaciones cuando eras chico?
Recuerdos, muchos. Playa, sol. Vivíamos en Venezuela, íbamos bastante al Caribe, a Puerto Rico. Felicidad, arena, inocencia, después…

¿Cuál fue tu primer viaje solo?
De chico me dejaban solo un par de semanas en unos campamentos de teñida en Florida. En el 84 me fui unos meses solo a la isla Victoria, en Canadá, para practicar squash con un entrenador de Nueva Zelanda. Pero el primero, así de mochilero, fue a Europa. El viaje empezó como gira de squash y terminó en derrape, mozo y al final trabajando en una verdulería en Paros, una isla de Grecia, durante 8 meses.

¿Qué es lo más importante de un viaje?
Lo más importante siempre me pareció cagarse en las “rutas turísticas”. Si para allá está la Torre Eiffel, encarar para el otro lado, para un barcito, con gente del lugar. Y capacidad para adaptarse a lo que venga. Y fluir, caminar, encontrar tu propia ruta, historia.

¿Cuál destino recomendarías en Argentina? ¿Y en el mundo?
Lamentablemente, no conozco este país como quisiera. Me gustaría mucho viajar por el Norte y conocer Villa la Angostura, Ushuaia. Y darle más duro y parejo a Córdoba. ¿En el mundo? Adónde me lleve el destino. No creo en recomendaciones, pero he gozado mucho de las playas del Caribe, del Amazonas peruano, de Berlín, Nueva York… no sé, lo bueno no tiene que ver con el lugar sino con las historias que te sucedan y la gente que conozcas.

Contanos a dónde fuiste en tu último viaje y si ya estás planificando el próximo.
Mi último destino fue Chile, con tres de mis cuatro hijos, a visitar a mi hermana que vive allá, en un cerro a una hora de Santiago. Fueguitos, pileta y escalada, que es lo que hacen ellos. Próximo destino… no lo sé, pero ya empiezo a armar el viaje con mis hijos el próximo verano. Donde dé el bolsillo, calculo.

¿Qué es lo más loco que te pasó en un viaje?
No recuerdo lo más loco. Quizás lo peor haya sido en un vuelo de Aeroflot, línea aérea rusa que por aquellos días llevaba a casi todos a Europa porque era la más barata, pero te tenías que comer el garrón (o el placer) de pasar por Moscú. Ya que estaba, me quedé un par de días, de ahí viajaba a Milano, pero me olvidé pasaporte, papeles y documento justo antes de tomar el vuelo. Conclusión: llegué a Milán creo que un viernes sin papeles y con el consulado cerrado por fin de semana. Pasé dos días eternos deambulando por las calles, casi sin plata, esperando el lunes para que me hicieran un documento temporal. Después en ese viaje hubo de todo: empezó como gira de squash, pasó por la noche salvaje y terminó en Grecia, en una isla, Ios, alta joda, vendiendo artesanías.

¿Hay algo que no pueda faltar en tu valija? ¿Qué pasa si te lo olvidás?
Creo que lo más obsesivo con respecto a lo que no puede faltarle es un par de libros. Si se diera que se me olvidó, cosa difícil, lo primero que hago es averiguar dónde hay una librería que tenga libros en español y voy a comprar.

¿A quién llevarías en tu valija si pudieras?
Llevaría a mis hijos, los 4, a todas partes. Y a una chica que conocí hace poco, que es una hermosura de ser.

Si tuvieras que elegir un destino para el último viaje de tu vida, ¿cuál sería y por qué?
Quizás la selva, quizás la India, Nepal, algo netamente conectado con lo espiritual, místico. Así paso a la próxima vida de la mejor manera posible.

Y ahora aterricemos en tu presente, ¿contanos qué estás haciendo a nivel personal, laboral, por estos días?
Estoy grabando todos los días Educando a Nina (Telefe). Y esperando ansioso el estreno de “Ataúd Blanco” para más adelante y luego “Terror 5” y “Nadie nos mira”, tres pelis muy distintas. También empezando a leer proyectos para el año que viene y ocupándome con amor de mis hijos.

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