Jonás Perea Muñoz

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Desde los tres años estudio violín en el Método Suzuki (Córdoba), en el Pabellón México en Ciudad Universitaria, el mismo donde históricamente funciona la Facultad de Artes. Allí mi mamá cursaba su Licenciatura en Grabado y yo, en el entretiempo de mis clases, me las ingeniaba para conseguir papel y lápiz y dibujar. Ese fue mi primer contacto con el arte.

Mi infancia pasó entre tiempos de colegio, en que dibujaba los márgenes de las hojas hasta excederlos y terminar completando la superficie del tablero a la manera de un tatuaje y los tiempos de verano, cuando pasábamos en nuestra casita del campo, desconectados del mundo “civilizado” y con lo indispensable: una carpeta grande con papel obra, lápices, sepias y carbonillas. De aquellas épocas, recuerdo los dibujos de los potrillos que mis hermanos y yo amansábamos.

La idea de que los artistas de este país no tenían un futuro prometedor, me llevó a estudiar arquitectura. Pero “el arte” me seguía cautivando y comencé a tomar clases de dibujo con mi madrina Pipa, que es pintora. Entre encuadres, proporciones y escorzos, compartimos momentos inolvidables hasta que en quinto año de arquitectura me convertí en un alumno de Artes de tiempo completo. Colaboré con mi hermano menor Gaspar y mi amigo Juan que estudiaban Cine y TV, como actor de bajo presupuesto, modelo, dibujante de fondos y asistente de arte. Mi participación en un espectáculo multimedia, Proyecto Saturno, me permitió conocer a Azul, mi mujer e inspirar mi tesis de arquitectura: el formato multimedia y el video arte resultaron innovadores y exitosos. Y me gradué.

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Un curso de postgrado en Gestión Cultural y una práctica en el área de montaje (Museo Caraffa) fueron el puntapié para empezar a generar herramientas de comunicación que decantaron en la exposición de mis obras. Ese fue un punto de inflexión en mi carrera, ya que comencé a hacerme cargo de mi arte. El otro, fue El viaje del elefante, el libro de José Saramago que me inspiró a realizar una convocatoria de Face Art y a empezar a mis propios elefantes.

De El viaje del elefante surgieron un par de muestras, la más importante fue “Vibraciones” en la que el Gobierno de Córdoba me eligió para representarlo en su Casa de la Cultura, en la Galería Francisco Vidal, en Buenos Aires (2015). Hoy, mis elefantes están alargando sus patas a partir de un encargo de Tarjeta Naranja para exponer en la plaza de ingreso de su nuevo edificio en Córdoba. Las patas largas vendrían a homenajear a la iconografía del gran Salvador Dalí.

Mi historia más bien pretende ser simple y llana, pero contundente.

A futuro, estoy por finalizar mi Maestría en Diseño Arquitectónico y Urbano, armando la producción y montaje de La Muestra de Arte Joven, premio estímulo a la producción Artística, para septiembre del corriente año en la Sociedad Española de Cosquín. Además, para el 2017 me he comprometido en tres muestras muy diferentes. Una de ellas, para una importante galería de Córdoba de proyección internacional, compromete tanto mi trabajo pictórico como escultórico. Mientras tanto, la idea es continuar con mi pequeña orquesta de violines, terminar una casa (ya tengo varias en mi haber), forestar un parque y seguir aprendiendo y enseñando… proyectando y construyendo… crecer… y dejar mi huella.  

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