Comprando sueños en Puno.

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La Feria de Alasitas en la ciudad peruana de Puno, invita a hacer realidad los sueños de quien la visita. Una tradición que no sólo se mantiene viva desde hace tiempo, sino que crece año a año.

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Puno, uno de los destinos más atractivos de Perú, se ubica a orillas del Lago Titicaca, donde emergieron, según la leyenda, los fundadores del Imperio Incaico Manco Cápac y Mama Ocllo. La ciudad, considerada la capital folklórica de Perú y América, es Inmensamente rica en danzas, música, costumbres y leyendas. Pero además alberga una feria de Ilusiones que se realiza todos los años y donde se puede comprar algo tan intangible como los sueños y esperanzas: la fiesta de las “Alasitas”, palabra que en aimará significa “comprame”.

La Fiesta es un acontecimiento de arte popular donde las miniaturas cargadas de simbolismo son las protagonistas absolutas de esta expresión nacional cuya divinidad es un pequeño hombrecillo que representa la abundancia: el “Ekeko”. Se trata de un pequeño muñeco hecho de yeso, con el vientre abultado, sonriente, que carga toda clase de objetos y productos: desde costales de arroz y azúcar hasta televisores y más. La tradición tiene detalles básicos a cumplir para que el ritual de prosperidad sea efectivo, el más importante es que el Ekeko no debe comprarse, sino que debe recibirse o entregarse como obsequio.

El origen de esta tradición se remonta a los comerciantes españoles que viajaban por todo el país llevando mercancías para intercambiarlas por productos locales, un cambio por objetos desconocidos provenientes de lugares lejanos que representaba para el pueblo un acontecimiento único que fue transformando a lo largo del tiempo esta antigua tradición del trueque en un símbolo de suerte y felicidad.

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La celebración se extiende del 1 al 10 de mayo y convoca a más de 2.000 artesanos provenientes de todo el país y Bolivia, los que se disponen en tiendas y carpas sobre la avenida Floral ofreciendo dinero, casas, autos, títulos universitarios, pareja… y todo aquello que uno pueda desear en forma de pequeñas miniaturas.
Después de la misa en la Capilla de la Cruz del Barrio Bellavista, los artesanos y comerciantes inician la venta de estos pequeños artículos, los que con Fe y devoción la gente compra, con el propósito de que su deseo material se haga realidad para el próximo año. En dicha capilla se encuentra la tradicional Cruz de Mayo, que enmarca el sincretismo de las creencias andinas con lo que pregona la iglesia católica, allí se acude a bendecir las miniaturas adquiridas.

El acto de la compra en esta feria cobra un nuevo sentido. No se trata de una compra más, ni siquiera de la adquisición de un simple souvenir. Tiene que ver más bien con el inicio de un sueño, con la esperanza de alcanzar una meta, con llevar los deseos y anhelos hasta verlos plasmados en la realidad, hasta materializarlos. Las costumbres andinas dicen que quien compra cree y hará que se hagan realidad antes del próximo año. Por eso no es suficiente con ir, regatear y preguntar, se requiere un buen deseo con una profunda carga de Fe, ya que esa miniatura se convierte en el intermediario para poder hacerlo propio y real.

Están equivocados quienes asumen que se trata de una feria consumista, aunque es innegable que hay un poco de comercio en todo ello, pero la motivación va más allá de la compra masiva y allí radica la belleza de este acontecimiento. Es usual ver a grupos de jóvenes comprando títulos universitarios, gallitos de arcilla para augurar un próximo matrimonio y hasta muñequitos de bebé para quienes aspiran a ser padres. En la Fe no hay imposibles. Esta fiesta a nivel nacional atrae a toda la familia, desde los niños seducidos por esos juguetes en miniatura, los adolescentes que acuden en busca de su futuro y los adultos atraídos por la casa o el auto soñado.

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La miniatura adquirida es sometida a un ritual de “challa”, rito andino que incluye una rociada con alcohol o vino, pétalos de flores, sahumerios y oraciones que mezclan tradiciones prehispánicas y católicas.
La experiencia de recorrer los puestos de la feria buscando ese deseo que tanto anhelamos es casi mágica. Las miniaturas y el valor que llevan asociado por las personas que las adquieren, cargan de simbolismo el evento, con énfasis en el éxito y la autorrealización.

En los puestos encontraremos también curanderos corporales y espirituales: Yatiris (bolivianos) y Chamanes (peruanos) que nos ofrecerán curaciones de daños, cambios de suerte, salud y éxito, consultando los oráculos y pagando una ofrenda a la Pachamama. No faltan el pronóstico del futuro a través de los naipes, la lectura de la hoja de coca y la limpieza corporal y espiritual usando quirquinchos.

Esta feria que combina el espíritu emprendedor, las aspiraciones individuales del éxito y la fortuna han aumentado la fama de esta ciudad limítrofe con Bolivia, creando una convocatoria que crece año tras año.
Sin dudas, se trata de un evento cargado de ilusión que atrae a miles de personas, locales y turistas, seducidos por esa tradición mágica, donde los deseos se pueden hacer realidad tan solo comprando una miniatura que los represente. Una feria para comprar nuestros sueños. De eso se trata, de soñar y creer.

peru.travel/es-pe

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