Estancia Villa María

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El destino suele transitar caminos impensados y juguetear exacerbando la condición de marionetas de los protagonistas de hechos e historias inconexas, al menos en apariencia. Así, “involuntariamente”, la Familia Pereda se presentaba ante nosotros acaparando dos secciones de esta revista. Como dicen, es difícil torcer el destino y esta no iba a ser la excepción, así que nos entregamos a la vivencia.

A tan sólo 45 minutos de Buenos Aires, en Máximo Paz, en el Partido de Cañuelas, nuestro asombro fue sometido a su primera prueba a los pies de un imponente palacio de estilo Tudor-Normando, construido en 1927 a pedido de Celedonio Pereda, por el reconocido arquitecto Alejandro Bustillo. Este último es recordado por otras grandes obras como el Llao Llao, el Hotel Provincial y el Casino de Mar del Plata, el Banco Nación y viviendas como las de Victoria Ocampo.

Allí estábamos, entonces, contemplando también hasta donde la vista lo permitía (después lo haríamos en sendas y placenteras caminatas) las 70 hectáreas de parque magistralmente diseñadas por el paisajista Benito Carrasco, discípulo de Carlos Thays. Ejemplares de eucaliptus, nogales, cipreses y otros árboles añosos que empequeñecen al transeúnte son parte de la riqueza de este lugar que posee hasta un lago propio. Y el adjetivo “riqueza” aquí utilizado no responde a casualidades, sino al hecho de que la Estancia Villa María y su mansión fueron las locaciones elegidas para la grabación de la novela “Los ricos no piden permiso” así como también para bodas de ficción, como la del film “Mi primera boda” (2011, con Daniel Hendler y Natalia Oreiro) y bodas reales, como la de Lopilato y Bublé o Araceli González y Fabián Mazzei.
El casco histórico aún conserva su estilo château característico de la arquitectura renacentista francesa de la casas de campo y hoy es un hotel boutique que cautiva con sus escaleras de mármol, muebles antiguos, grandes ventanales, vitraux, galerías con piso damero y una decoración de estilo que permiten vivir una experiencia de lujo y sofisticación. Las opciones para vivenciarla son varias porque no hace falta alojarse, también se puede disfrutar de ese sueño durante un inolvidable día de campo con pileta o programas que incluyen exhibiciones de destreza gaucha, almuerzo y degustación de vinos, show de tango y hasta clases de polo.

El destino quiso que conozcamos esta residencia de la familia Pereda y en esta oportunidad no estaba jugando con nosotros, sino más bien reconfortándonos vaya uno a saber por qué.

 

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Polo 

La experiencia del polo merece un apartado porque ese es el lugar que ocupará en nuestra memoria. Montarse sobre un caballo cruza de Carrera y Criollo, los mejores para este deporte, y taquear un rato, resulta una experiencia verdaderamente única.

Cañuelas es, junto a Pilar, cuna del polo mundial. Allí resuenan nombres como el de Adolfito Cambiasso y otros afamados polistas que despliegan su juego y virtudes por el mundo. Allí se respira aire de polo. Por eso, poder interiorizarse en este deporte, entender el juego, las funciones de cada jugador y clavar un gol propio entre los mimbres es, sin dudas, inolvidable.

EVM Polo Fun es la firma de Pablo Avellaneda, encargada de los programas de polo en la estancia Villa María. Los mismos son de día entero (incluyen traslado y almuerzo) o medio día.

www.facebook.com/polofunargentina

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