Myanmar, la nueva perla de Asia.

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Deslumbrante por su belleza y su historia, Myanmar emerge como un destino ineludible en la ruta del sudeste asiático luego de su reciente vuelta a la democracia. Templos milenarios, playas paradisíacas, espiritualidad y paisajes únicos.

Texto y fotos por Daniela Dini

Un viaje a otro universo que, hasta hace muy poco tiempo, estaba cerrado al mundo. Así podría definirse a este país que ha renacido, literalmente, como la nueva perla de Asia, a pesar de los miles de años de esplendor e historia.
Es el país más grande del sudeste asiático -sus vecinos son China, Laos, Tailandia, India y Bangladesh-, y es, sin duda alguna, la revelación de esta parte del mapa por muchos motivos. Quizá el principal trascienda su belleza evidente, los miles de templos, las playas, su historia milenaria. Es que la ex Birmania -o Burma, como se llamó históricamente- es libre al fin. Y esa libertad reciente, esas ansias de ser redescubierta por el mundo, y de vivir a fondo la democracia soñada por décadas, es algo que se siente en el aire, como un soplo fresco que podría fijar fecha a fines de marzo de 2016, cuando la Liga Nacional por la Democracia asumió el mando tan añorado.
Esa sensación inexplicable se vislumbra en la mirada y en las sonrisas de su pueblo hoy, que jamás olvidará el asedio de un régimen militar aterrador, las violaciones a los derechos humanos y más de medio siglo de injusticias. Se percibe en el orgullo con el que hablan de su líder, Aung San Suu Kyi, la hija de un héroe nacional asesinado, que tuvo el coraje de regresar a su país para cambiar la historia, la de Myanmar y la del mundo. Para conocerla, algo de contexto: estuvo presa en su propia casa por más de 20 años; en el medio fue Premio Nobel de la Paz 1991, ganó elecciones y no pudo asumir; no pudo ver a sus hijos crecer ni despedirse de su marido que murió lejos de ella. Durante años, aún con sanciones internacionales e intentos hasta del Dalai Lama, siguió presa y su pueblo sufriendo los castigos más terribles. En 2015 finalmente su partido ganó elecciones y fue el 30 de marzo de 2016 que asumió el mando -no como presidente, por un tema constitucional, pero es la líder indiscutida-. Esta historia es el símbolo de los birmanos: sabios, simples, felices de ser libres otra vez. Hoy reciben al mundo con los brazos abiertos y esa bienvenida que da Myanmar, es única y emocionante.

Los destinos más buscados de Myanmar
Con casi 650.000 km2 de superficie -y 54 millones de habitantes-, Myanmar tiene mucho para ofrecer y recorrer. Pero si de armar un mapa con los imperdibles de esta nación emergente se trata, hay cinco destinos que debieran ser parte ineludible de la lista.

Yangon: Es la antigua capital y a donde llegan todas las conexiones internacionales. Pablo Neruda la describió como “la ciudad de sangre, sueños y oro”, y no podría haber mejor definición. El poeta chileno vivió allí cuando la ciudad todavía era conocida como Rangoon -o Rangún, en español-. Aunque su capital oficial desde 2005 es Naipyidó, Yangón sigue siendo la ciudad más poblada y la más importante comercialmente para el país. Resulta ideal para recorrer sus mercados y templos y revivir la herencia colonial británica, que se entremezcla entre templos y pagodas con edificios clásicos, como la antigua Oficina de Correos. Algunos puntos imperdibles son el House of Memories Restaurant -donde el General Aung Sang, padre de Aung San Suu Kyi, tuvo su oficina secreta durante la resistencia al régimen británico-, el Strand Hotel -punto perfecto para tomar un aperitivo clásico, en especial los viernes- y un paseo por el Tren Circular, un recorrido de 50 kilómetros que bordea el perímetro de la ciudad y regala una verdadera experiencia local. El viaje completo lleva alrededor de tres horas, y los trenes salen de la Central Railway Station.

Hpa An: A cinco horas de Yangon por tierra -y a 150 kilómetros de la frontera con Tailandia-, es un paraíso de templos al pie de un monte sagrado, el Zwegabin, que mide 720 metros y tiene un monasterio en su cima. Hay templos tallados dentro de cuevas como el Yathaypyan o el Kawkun, y monos curiosos por todos lados, lo que hace muy divertido cualquier itinerario. Un dato extra es que se puede recorrer fácilmente en moto o en bicicleta.
Bagan: Casi en el centro de Myanmar, a 150 kilómetros al sudoeste de Mandalay, Bagan es destino obligado: concentra más de 3.000 templos -se construyeron entre los siglos IX y XIII-, y el hit es sobrevolarlos en globo. Bagan fue, históricamente, capital del antiguo imperio de Pagan y centro de cultura y comercio. Está a orillas del río Ayeryarwady y su mayor esplendor fue entre los siglos XI y XIV, época en la que se construyeron los templos, stupas y pagodas que hoy salpican el imponente paisaje. Fue el rey Anawrahta el pionero y precursor de esas construcciones, y también quien introdujo el budismo a Birmania -hoy la religión que profesa casi el 90% del país-.


Ngapali Beach: Son las playas paradisíacas birmanas por excelencia: arena blanca, palmeras y un apacible pueblo de pescadores sobre el golfo de Bengala en el estado de Rakhine. Su nombre es curioso, porque el lugar fue bautizado así imitando la pronunciación de la ciudad italiana de Nápoles. Repleto de resorts y pueblitos de pescadores, se pueden hacer tours de todo tipo. Desde navegar, hacer raf­ting y snorkel, un trekking simple hasta el Buddha al sur de la bahía -con vistas panóramicas desde la cima de la colina en la que está emplazado-. También es buena opción moverse en moto o bicicleta y para una vista más impresionante, se puede sobrevolar la zona en globo -siempre dentro de la temporada que va desde noviembre hasta mediados de marzo.
Inle Lake: Es un lago de agua dulce en las montañas del Estado Shan, al este, con casas y mercados flotantes y una particular técnica de pesca que es la de los Intha, sus locales, que viven en comunidades basadas íntegramente alrededor del agua. El lago, que mide 22 kilómetros de largo por 10 de ancho, está en un valle entre dos montañas, y es casi un mundo aparte dentro de este universo especial que es Myanmar. Hay pueblitos y villas de pescadores alrededor del lago y pintorescas casas de madera que son parte del paisaje particular de Inle Lake.

La gastronomía birmana, sabores inolvidables
Como en todos los países del sudeste asiático, la base de la cocina birmana es el arroz, que abunda y es el equivalente a nuestro pan. Entre los ingredientes básicos: cebolla, ajo, tomates, chili y aceite de maní. Le sigue la salsa de pescado que aporta lo proteico y sabroso, el curry -cero picante, aquí no es característico- y se acompaña con pollo frito, carne o pesca y verduras frescas, más alguna sopa de lentejas. Padonmar es uno de los restaurantes más famosos de Yangon, donde una mesa completa para dos puede resultar muy económica.
Si hay algo que es tradición, son los “tea shops”. Los birmanos son muy madrugadores: a las 7 de la mañana desayunan mohinga, una sopa típica de noodles, pescado y banana, que se acompaña con el clásico té, que aquí sale con leche y es muy intenso. A la mesa se le suman platitos a elección con arroz blanco en hoja de palma, buns, pollo frito, mooncakes, galletas, pescado y más. Se puede probar en Lucky Seven, uno de los tea shops más famosos de la ciudad.
Un mercado imperdible para comer, pasear y comprar es el Bogyoke Aung San Market: en la entrada se venden pomelos gigantes, cocos y también grillos fritos como snack -para el que se anima, el sustituto del maní para acompañar un chopp de Myanmar Beer bien helada-. Adentro se puede hacer sho­pping: joyas, piedras preciosas, telas, souvenirs, ropa y más comida al paso. Original de 1926, fue el Scott Market hasta 1948, año que Myanmar se independiza de Inglaterra, y se cambia el nombre por el de su líder, el General Aung San, padre de Aung San Suu Kyi.
Otro súper paseo es visitar el Kandawgyi National Park para ver la puesta del sol sobre el lago y reservar en el Karaweik Palace Restaurant, para una cena con show de bailes tradicionales. En un paseo por el centro histórico de la ciudad -una fascinante mezcla de pagodas, stupas y edificios estilo europeo, de cuando eran colonia británica-, vale detenerse en Monsoon Restaurant para un buen curry.

La Shwedagon Pagoda, tesoro nacional
Desde Buenos Aires a Yangon, con previa escala en Dubai, el viaje puede demorar unas treinta horas, que equivalen a los diecisiete mil kilómetros que nos separan de la ex capital birmana y la ciudad más poblada del país. Podría decirse que tanto viaje vale la pena sólo para ver la meca budista más importante del país, una verdadera joya religiosa y arquitectónica que todo ciudadano birmano debe visitar al menos una vez en su vida: la Shwedagon Pagoda. Es el monumento budista y complejo religioso más importante de Myanmar, y lugar de peregrinación sagrada. Esta stupa mide 105 metros, está recubierta en oro y en la cúspide, tiene incrustadas más de 8.000 piedras preciosas, además de miles de donaciones en joyas de los devotos. Es sagrada porque se dice que allí llegaron algunas reliquias de Buda. Se cree que tiene cerca de 2.600 años y con el paso del tiempo alcanzó la altura actual y el recubrimiento total en oro. Fue aquí donde, Aung San, líder político nacional, pidió la independencia de los británicos en 1946. Y donde cuarenta y dos años después, su hija, Aung San Suu Kyi pediría el regreso de la democracia.

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