Transilvania: un viaje a la tierra de Drácula.

0

Si nuestra idea de viajar a Rumania es recrear la novela de Drácula, debemos saber que su autor Bram Stoker jamás estuvo en Transilvania y se basó en leyendas que llegaban a sus oídos para dar origen a su novela homónima.

Por Luz Zarantonello

Esa historia está ambientada en los Cárpatos de Transilvania, territorio en el que durante la Edad Media se propagó la leyenda sobre seres capaces de sobrevivir a la muerte a base de succionar sangre de los vivos durante la noche. A partir de eso, el autor eligió un personaje real con un perfil psicópata, brutal y maligno para crear a su protagonista: el conde Drácula. Se trata del afamado Vlad Tempes, un príncipe al que le valió el título de “el empalador”, ya que se estima que mató a más de 100.000 personas, aproximadamente el 20% de la población, y que disfrutaba asistiendo a muertes lentas que incluían torturas, descuartizamientos y, fundamentalmente, empalamientos. Y eso no es todo, porque su crueldad y sadismo lo convirtieron en un precursor en eso de beber la sangre de sus víctimas, llegando a mojar el pan en ella cuando comía. Uno de los métodos preferidos para asesinar a sus víctimas era invitarlas a comer, ofreciéndoles un gran banquete que culminaba con un empalamiento en el lugar.

Sin dudas, cuando uno se zambulle en la historia comienza a perder la división entre lo real y la ficción, para entregarse a la aventura de los pueblos medievales que marcan el inicio de la historia. El recorrido comienza en Sighisoara, donde nació Vlad Tepes. Esta apacible ciudad sostiene el peso de su leyenda, que la ha convertido en un gran centro turístico debido a la novela. Su casco histórico, uno de los pocos que todavía están habitados, mantiene intacta casi toda su estructura. Está rodeada por una muralla que conserva nueve de las catorce torres de defensa originales que llevan el nombre del gremio artesano que se ocupaba de su mantenimiento y vale la pena recorrerlas para imaginar la vida en aquellos tiempos. Frente a la plaza de la ciudadela se encuentra el monumento más famoso, no el más interesante, la casa donde nació el verdadero Vlad Tepes, rodeada de tiendas de artesanos. La antigua casa de los Tepes es hoy una residencia humilde devenida en restaurante. Allí el plato principal es la “tapa del conde”, carne cocida rebosante de salsa roja, en honor al personaje que año tras año acerca a turistas en busca de la leyenda.

Esta ciudad donde no sólo se libraron batallas, sino que además fue víctima de un terremoto en 1646, fue declarada por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad y cuenta entre sus calles laberínticas con la Torre del Reloj, el mirador de la zona. Allí cada día siete figuras de madera se asoman puntuales a la medianoche para recordar que la hora de los vampiros ha llegado. Obviamente, se trata de un leyenda que es alimentada para atraer a más y más gente, aunque, para ser sinceros, no deja de producir cierto escozor. Al lado de dicha torre se encuentra el monasterio de Sighisoara, donde, según las costumbres de las iglesias evangélicas en Transilvania, cuelgan magníficas alfombras orientales, antiguas ofrendas de los mercaderes que regresaban de Anatolia y símbolo de victorias inflingidas a los otomanos.

Pero para cerrar este mágico recorrido, debemos trasladarnos 130 kilómetros para llegar a Bran y descubrir el castillo que goza de gran atractivo turístico por su relación con la novela. La realidad es que el personaje histórico (Vlad) en el que se inspiró Stoker jamás estuvo en el mismo y su verdadera fortaleza fue el Castillo de Poenari, hoy parcialmente en ruinas.

El Castillo de Bran o de Drácula es una fortaleza medieval muy bien conservada que impresiona por sus torres y torreones y su dominio sobre el pueblo de Bran. Está ubicado a 25 kilómetros al noreste de Brasov y construido sobre una colina de roca de 200 metros de altura. En su interior alberga unas 60 habitaciones (una de ellas dedicada a Bram Stoker, la leyenda de Vlad el Empalador y el mito de Drácula) unidas por sinuosas y estrechas escaleras y pasajes subterráneos en los que se pueden ver colecciones de muebles y armaduras de los siglos XIV a XIX. En el patio del castillo se encuentra el museo de la aldea, que nos adentra en la vida de los campesinos de la zona, el trabajo y las costumbres de la región. Y como no podía ser de otra manera, a los pies de la fortaleza, hallaremos un pintoresco mercado formado por pequeñas casetas de madera, en las que se pueden adquirir textiles, sweaters de lana transilvana, pulseras, objetos de cerámica, así como todo tipo de recuerdos y souvenirs relacionados con la leyenda del castillo y el conde Drácula. Incluso, si uno lo desea, puede fotografiarse con el mítico vampiro, ya que no es difícil encontrar personas disfrazadas y dispuestas a tal fin.

Entre los años 1920 y 1957, el castillo sirvió como residencia real, ya que el pueblo de Brasov se lo obsequió a la reina María de Rumanía. Actualmente, es un museo abierto a los turistas ávidos de seguir los pasos del conde Drácula y admirar los muebles y el arte que rodeaba a la reina, además de halo de misterio y leyenda que rodea a la fortaleza.

Como dijimos, el príncipe Vlad nunca habitó este castillo, pero el éxito de la novela ha servido para que sea de visita obligada para todo turista que llegue hasta tierras rumanas y desee convertirse en prueba viviente y sobreviviente de la leyenda del conde más famoso del mundo.

Please follow and like us:
Share.

About Author

Leave A Reply

Suscribite!