Colonia Carlos Pellegrini, donde la naturaleza vive.

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Aprovechamos un fin de semana largo para escaparnos a esta localidad que permite ingresar al maravilloso mundo de los Esteros del Iberá.

Todo lo que vale la pena, suele hacerse esperar un poco. Y ese fue el caso de la Colonia Carlos Pellegrini, la localidad correntina a la que accedimos después de un corto vuelo en avión y el traslado por vía terrestre de algo más de tres horas (ripio incluido). Quizás justamente por la sabiduría de la naturaleza, el trayecto tiene la longitud necesaria como para bajar un cambio y prepararse para lo que vendrá.

Luego de atravesar un puente militar que acompaña el paso con una sinfonía de ruidos, se accede a este poblado donde el tiempo parece detenerse y adquirir otra dimensión. La paz del lugar, las calles de arena y la hospitalidad de su gente rápidamente se adueñan del visitante, que dispone de más de 20 posadas, hosterías, cabañas y un camping municipal.

No importa cual sea la opción elegida para el hospedaje, el contacto con la naturaleza es pleno. La flora y fauna del lugar se disfrutan desde el primer momento, porque es realmente abundante, tanto que uno puede apreciar carpinchos, yacarés, ipacaás e infinidad de aves desde las mismísimas galerías de las posadas. Por supuesto, las excursiones permitirán un mayor acercamiento y contacto con la vegetación y los animales e incluso sumar información de cada especie a través de los guías. Así en el Sendero Carayá, uno puede entregarse al fascinante juego de encontrar entre los árboles a los monos que dan nombre al sendero y que se caracterizan por su aullido grave. La visita al Centro de Interpretación y su pintoresca pasarela junto a la laguna, ofrece la posibilidad de avistar más animales y respirar el aire puro que parece acentuarse cerca del agua. Allí es posible avistar algún yacaré, aunque embarcado la experiencia se magnifica. Una excursión embarcado por el río Miriñay garantiza el contacto con aves de todo tipo y color, carpinchos (son la figurita repetida), yacarés y hasta ciervos. Los amantes de la fotografía podrán despuntar el vicio en estos parajes y llevarse a casa innumerables recuerdos y por supuesto, infinidad de buenas tomas.

Además de las actividades mencionadas, en la Colonia Carlos Pellegrini se pueden realizar cabalgatas por el pueblo y las márgenes de lago, paseos diurnos o nocturnos en carro, a pie o en camioneta y pescar con mosca (con devolución).

Por supuesto, hay que dejar espacio para disfrutar de la gente (el otro gran atractivo del lugar), de la música (el chamamé gobierna en el zona) y, por supuesto, de la gastronomía, donde cobran relevancia los sabores regionales a través de platos típicos como el Borí Borí, postres y dulces.
Después de todo esto, la vuelta a casa resulta sólo un trámite en el que se debe manejar la ansiedad para llegar y narrar todo lo vivido e inolvidable de Colonia Carlos Pellegrini.

La Cámara de Turismo de Iberá (CTI) recomienda no llegar sin reserva previa, fundamentalmente los fines de semana largos. Tener en cuenta que la localidad no dispone de cajeros automáticos, por lo que es indispensable el efectivo.

Camaradeturismoibera.com.ar

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