Arte: Mora Verón

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¿Qué fue lo que te llevó a dedicarte al arte?

Exactamente no sé qué fue, pero desde que terminé el colegio quise dedicarme al arte. Fui actriz y bailarina. Estudié y trabajé, no ganaba un mango. En un momento determinado tomé un trabajo de secretaria. Me quedé 4 años y un día no aguanté más y decidí dejarlo. Después de renunciar me quedé sin laburo, me pasaron muchas cosas, todo junto, y entré en crisis. Tenía 30 años. Un momento clave en la vida. También, en un acto de sinceridad conmigo misma, me di cuenta de que la actuación no era todo lo que quería. Y en esa crisis me encontré haciendo cosas en casa, trabajando en mis ideas, con mis manos. Fue una época de encierro (en mi casa) y libertad (porque me permitía hacer lo que se me ocurría). Probaba de todo ¡hasta llegué a poner lápices en una minipimer para lograr una textura que tenía en mente! El primer año no hice mucho, fue más bien transitar ese vacío. Ya el segundo año me encontré con mis obras (las primeras) y decidí salir a la calle a mostrarlas. Me iba bien, gustaban, las vendía y eso me motivó a ir por más y me animé a alquilar mi espacio. Y desde entonces no paré. Siempre me propongo hacer algo nuevo, ir por más y acá estoy.

¿Qué artistas influenciaron tu obra?

Van Gogh. Cuando estaba perdida y no sabía que hacer leí el libro de Cartas a Theo y fue una gran influencia para mí. Federico Uribe. Artista colombiano que me voló la cabeza. En él encontré un maestro en cuestión de materialidad. Me acuerdo que la primera vez que lo vi fue ojeando una revista mientras esperaba que mi analista me atienda. El argentino Rogelio Polesello. Lo conocí cuando vino de visita por Morada, nos hicimos amigos, me aconsejó, hicimos obra juntos. Lamentablemente después se murió, pero fue una amistad hermosa, de mucho aprendizaje.

Tu obra se caracteriza por la utilización de todo tipo de materiales…

Exacto, todo puede ser material de trabajo para mí. Hasta ahora experimenté con botellas, corchos, clavos, lápices, flores, envoltorios (papeles) de golosinas, chocolate, galletitas, pan, tenedores y cuchillos descartables, monedas, billetes y en la última exposición hice una obra viva: “La Abatatada” que era una escultura de batatas germinando.

¿Hay una forma de clasificar tu obra?

Yo las clasificaría cómo experimentales, conceptuales, a veces lúdicas, personales y caprichosas.

¿Qué se siente al hacer arte de una manera tan original, totalmente distinta a la común?

Cada vez lo siento más en congruencia conmigo y lo agradezco. Lo siento muy mío. Siento que no podría haber hecho otra cosa. A veces me siento un poco “outsider”, pero abrazo la diferencia y trato por sobre todas las cosas de mantenerme fiel a mí misma.

¿Buscás transmitir algo a través de tus obras?

Intento transmitir una idea o sensación. En general es la traducción de una sensación, corporal, muy física. ¡Por eso tengo entre mis obras tantos bustos, cuerpos o partes de cuerpos!

¿Qué proyectos tenés a futuro?

¡Conquistar el mundo! Jajaja. Me gustaría ir a otro país a trabajar. Ya lo estoy pensando. Quisiera tener otras Moradas en distintas partes del mundo. Eso es un proyecto futuro a largo plazo.

En lo inmediato, tengo un año movido, con exposiciones, participo del ciclo “Gallery nights” en Palermo, y eso también me convoca como galerista en cuatro exposiciones durante el año, hago mis workshops una vez por mes y estoy lanzando un nuevo producto: las “MoraLamps” que son unas lámparas todas hechas con lápices que podés sacar y usar.

Con respecto a mi obra, siempre me propongo algo nuevo. Ahora voy a hacer una obra de tamaño grandísimo, un nuevo formato en video y unas traducciones de cuadros clásicos a mi lenguaje con los lápices.

www.moraveron.com

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