Un viaje al Impenetrable Chaqueño.

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La cita imperdible para los amantes de las travesías y la naturaleza es recorrer el Impenetrable chaqueño. El flamante Parque Nacional protege el último reducto de monte virgen, el tercero en importancia en Sudamérica y guarda la esperanza de subsistencia para el felino más grande del continente: el yaguareté. En Europa, no se consigue.

Textos: Sonia Renison / Fotos: Ariel Mendieta

 

De la maravilla que significa la naturaleza en estado puro hay un rincón en el Impenetrable chaqueño, cuando la noche se puebla de estrellas, que aumenta su belleza cuando se funde en la tierra y los ojos de los yacarés despiden destellos al reflejar su luz. Cuentan que, en los campos de la antigua estancia La Fidelidad, hoy Parque Nacional El Impenetrable, los yacarés asoman al por mayor en un antiguo pozón de agua donde el cielo nocturno aumenta el infinito.

El crepúsculo estira las sombras del monte chaqueño y es la hora en que los animales comienzan su recorrida y el Impenetrable late con la mayor fuerza de una región única en el planeta, es la tercera masa boscosa del continente y se encuentra en etapa de planificación tras ser declarada Parque Nacional El Impenetrable, en el noroeste del Chaco.

Lo que fue la estancia La Fidelidad, que de tan grande abarcaba en sus 250 mil hectáreas parte de la provincia del Chaco y Formosa, unidas por el río Bermejo y Bermejito, es ahora la porción chaqueña un área protegida que se distingue por el buen estado de conservación del ambiente conocido como Chaco seco y Chaco húmedo y el sin fin de especies, algunas endémicas, típicas de la región.

Para los amantes del avistaje de aves, deben saber que unas 165 especies pueblan la región. Aunque son los mamíferos los que convocan desde siempre a los que visitan la zona atraídos en especial por el yaguareté (monumento natural), los tapires, el chancho quimilero, el tatú carreta y el oso hormiguero (símbolo del parque), también son parte de la convocante fauna. Hay estudios de relevamiento que realizaron diferentes organizaciones ambientalistas años anteriores, con cámaras trampa y poder ver esas tomas nocturnas de las distintas especies curioseando o simplemente el registro de sus conductas habituales son una experiencia aparte.

En una oportunidad, durante un recorrido de relevamiento por este campo, fue posible ver, cosa rara en pleno mediodía, un tapir con su cría trotando por un camino interno que, al notar la presencia de un vehículo, se sumergía en la espesura del monte. Lo colosal era el momento. Los expertos dicen que es el final de la tarde, y durante la noche hasta la madrugada los horarios en que la fauna, tranquila, sale de parranda. La conclusión más rápida fue que, si de día se veían, de noche sería una fiesta para el avistaje.

Una de las mayores experiencias fue compartir junto con el equipo de naturalistas y guardafaunas el campamento a la vera del río, que mantuvieron hasta la conformación técnica del parque, que hoy en día ya cuenta en la localidad de Miraflores, vecina al área protegida, con la flamante sede del Intendente del Parque Nacional.

La vida en el campamento que durante un año funcionó junto a la entrada original de la estancia, en el Paraje La Armonía y que hoy está instalado en Nueva Población, todo en los alrededores del parque, fue un ejemplo de trabajo ecológico que puso a prueba hasta el más naturalista de los seres humanos.

Pero recorrer suelo chaqueño es revelar sus mejores secretos. Desde la capital de la provincia, Resistencia, hasta Juan José Castelli, considerada la ciudad portal del Impenetrable, la ruta es de asfalto y continúa hasta Miraflores. Después se suceden pueblos y parajes en que el monte devuelve la imagen que le da el nombre: Impenetrable. Hay campos de cactáceas, enormes, tipo candelabro gigante que alcanzan hasta los tres metros. Y tramos ruteros famosos por especies gigantes como un Palo Borracho al que para abrazarlo, con cuidado para no pincharse, se necesitan más de tres personas con los brazos bien extendidos. Son años, siglos de existencia de estas especies que a cada tramo dibujan un paisaje diferente.

En medio del camino hay caseríos y uno puede asomarse en alguna entrada particular de mil metros de tierra, donde se divisa la casa, por ejemplo, de Francisco García, quien radicado en Miraflores pasa la mayor parte del tiempo aquí, con la producción ganadera. Desde la casa, sencilla, hay que caminar otros mil metros donde uno se sumerge a un bosque espeso, con el suelo que se parece a una pradera verde y de pronto, el río. Se han visto cruzar a nado familias de tapires por aquí y los pobladores tienen miles de historias de avistaje de osos hormigueros y hasta de tatú carreta. Por este campo, si uno cruzara a nado el Bermejito, pisaría el suelo de la ex estancia La Fidelidad.

Junto con el nuevo Parque, Francisco además espera “que llegue la luz”; desde siempre se las arregla con una batería de auto que le brinda la energía necesaria y un horno de barro para cocinar cuando él está por aquí. Las lluvias, cuando son intensas, hacen intransitables los caminos y obligan a los locales y a los visitantes a quedarse en el sitio o en el pueblo más cercano hasta que amaine, salga el sol y seque un poco los caminos. Pero, por aquí, la lluvia los pone contentos, porque le hace bien al campo, explican.

En el paraje La Armonía donde viven unas 150 familias y en la pequeña escuela número 362, donde asisten unos 20 alumnos, hasta tienen wifi (junto a la puerta). Y, luego, hay otras poblaciones en los alrededores como Nueva Población; Fuerte Esperanza; Nueva Pompeya; Wichí y Sauzalito que pertenecen al departamento de Güemes y donde conviven familias de “criollos” y comunidades Qom, Wichis y Mocoví. La verdadera travesía es visitar cada paraje en el recorrido y conocer las vivencias y anécdotas de los pobladores, además de ver las artesanías y comidas típicas.

Muchos de los pobladores trabajaron en la estancia cuando estaba en su mejor momento. Tenía un aserradero y se dedicaba a la cría del ganado. Pero ahora, desde que se instaló la idea de preservación y del nuevo Parque, las visitas se repiten entre biólogos, naturalistas, ecologistas y periodistas. Así, los pobladores comenzaron a ver otra forma de subsistencia que significará buscar y planificar ideas diferentes de servicios, desde el pan casero, tortas fritas o empanadas hasta guiadas que permitan interpretar el valor del Impenetrable, su fauna y su flora.

Desde hace más de un año, la provincia del Chaco diseñó el Master Plan El Impenetrable, que es un proyecto integral de desarrollo turístico cultural y gestión sostenible que prevé cuatro ejes: desde el desarrollo del ecoturismo, la inversión pública y la privada y la participación del BID para la construcción de un Centro de Interpetación y cuatro refugios de monte, bajo el concepto mundial del ecoturismo, en los parajes de Bajada El Chañar; La Armonía, Nueva Población y Fuerte Esperanza.

En octubre, ya estarán preparados los primeros circuitos para conocer parte de este incipiente parque. Mientras tanto, el trabajo busca apuntalar las fortalezas que permitan incluir a las poblaciones en lo que será el Parque Nacional más grande del norte argentino.

A fines de junio, se brindó una capacitación para combatientes contra incendios forestales y entre las personas que estuvieron, Parques Nacionales designó a cinco pobladores que hoy se suman como brigadistas al equipo de guardafaunas y de personal de Parques.

Para quienes veinte años atrás recorrieron esta región, saben que es única y será una novedad, y para los amantes de la naturaleza que aún no han recalado en el Impenetrable chaqueño, podrán ver la naturaleza agreste, sentirla, vivirla. Salvo la naturaleza, los servicios dependen de las poblaciones, no se trata de un parque como los más antiguos y organizados, en este caso todo es virgen. Y allí está su tesoro.

Hubo una etapa, cuando se generó con fuerza la idea de Parque Nacional, allá por 2012, en que el equipo de guardafaunas hizo patria. Tan sólo con carpas y hasta baños “secos” (en un pozo se secaban los residuos con cenizas del fogón) y con tachos de diez litros improvisaban duchas en un metro cuadrado resguardado por arpilleras. Toda una tecnología sustentable. Incluso, los agentes de conservación provinciales, como los Guardafaunas, Carlos Aguer y Miguel Gheringhelli, desde un pequeño carromato, dirigían los operativos de control para evitar la caza furtiva y el robo de rollizos (troncos de árboles).

También participaron guardaparques de gran experiencia en el monte, en la conservación y en el calor, que llegaban desde Formosa hasta Santiago del Estero, que sumaban su conocimiento, lo mismo que voluntarios naturalistas que se sumaron en esos años a las movidas de estudio y conservación.

A veces, la riqueza del lugar asusta a los que se creen amantes de la naturaleza porque cuando hablamos de “estado puro” es ver escorpiones en la corteza de un tronco de árbol, una víbora que escapa hacia un lado o simplemente, una chancha medio salvaje con su cría que ocupa el territorio y se convierte en un habitante más.

Si uno cree que en una travesía por el Chaco sentirá calor, agobiante, es cierto, sobre todo en el verano. Pero también, depende la época, el frío es fuerte e impone abrigo en capas, tipo cebolla, desde la noche hasta la madrugada durante el invierno.

Quizás un lector desprevenido se imagine una gran desierto de cactus gigantes. Sin embargo, en esta región y durante una travesía, se ve claramente la unión del Chaco Seco y el Húmedo convirtiendo en una aventura colosal el cruce de cañones, cauces antiguos de ríos que tallan con sus meandros las zonas de llanuras y convierten al paisaje en un juego de bañados y lagunas que albergan distintas especies de flora y fauna.

Desde el paraje La Armonía, la barrera de ingreso a la estancia marca un recorrido por lo que fue el principal camino de tierra que conduce directamente al viejo casco de La Fidelidad, que se anuncia con una galería de ocho palos borrachos que dan la bienvenida.

Recorrer los 30 kilómetros desde la entrada hasta el antiguo edificio, parece la secuencia de una película histórica. Todavía está en pie el aljibe del patio central, cercano a la cocina original y en el interior, algún que otro mueble del estilo de las cómodas de madera de los años 70, momento de plenitud del lugar. Hay algunas maquinarias desperdigadas y un olor penetrante que advierte la presencia de murciélagos. Horrible. Junto a la casona principal, toda de ladrillos impecable, hay otra en ruinas que en la fachada exhibe, bien arriba, las iniciales JB, de Jorge Born; dicen los pobladores que recuerdan la historia que fue en 1920, cuando los hermanos Born compran la estancia.

Desde el casco, se abren otros caminos, más cerrados y donde el monte abraza como queriendo proteger los secretos de la naturaleza. Hay uno de los senderos originales que conduce directamente al río Bermejo. Y ahí, sí, el monte se transforma en un bosque en galería y balconea hacia las playas, que forman una capa profundísima de barro en los codos que dibuja el río. En frente, nomás, se ve Formosa. Es tan virgen esta porción de mundo que uno se emociona al saberse parado en un punto tan inmenso, tan puro, tan lleno de naturaleza plena. Huellas de todo tipo se distinguen en forma clara sobre la orilla. Uno no es nada aquí, en solitario. Esta ecoregión es la tercera masa boscosa en importancia del continente: el monte del Gran Chaco Americano. Un mapa le mostrará claramente la franja que conforma el interfluvio, un corredor delimitado por el río Bermejo y el Bermejito, o Teuco y Teuquito, que se convierte en fundamental para conectar las Yungas de Salta y Jujuy con el Bosque Atlántico Interior, el de la selva misionera. La esperanza del mundo está en cuidar la naturaleza. Por eso, una travesía por el Impenetrable, es contribuir a su preservación. Es importante cuidarlo porque además de proporcionar una experiencia magnífica, está hecho en Argentina.

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