Puerta del Inca

0

Perú es la capital gastronómica de América. Durante siglos ha sido el punto de encuentro de diversas culturas y, gracias al mestizaje que lo ha caracterizado, posee una variedad colorida y desarrollada en la preparación de los alimentos. Es uno de los principales productores y exportadores de harina de pescado; su famosa riqueza en peces, fauna y flora marinas, así como su catálogo de especies de agua dulce, principalmente vertidas por el río Amazonas o lagos como el Titicaca, es inconmensurable. La incorporación cultural europea durante el virreinato y, desde el siglo XIX, de los chinos y los cantoneses, ha dado por efecto un variadísimo y complejo menú que a día de hoy es celebrado por el mundo entero.

En nuestro país, precisamente el 2 de enero de 2017, el chef y gerente gastronómico Alfredo Sansone inauguró un restorán peruano llamado “Puerta del Inca”, ubicado en San Telmo, dentro del Pasaje Belgrano, formando parte de un gran proyecto edilicio llamado “Cassa Lepage Art Hotel” que consta de un museo colonial, un hotel boutique, una sala de conferencias y este restorán de manjares del Perú.

Alfredo, cálido y trabajador, me recibió. Echando un vistazo al lugar, observamos que el gran salón, ancho, antiguo y elegante, conserva las estructuras originales del mítico inmueble, reformado por Virasoro en 1932. Las puertas altas y los grandes ventanales dan amplitud y arte; las mesas de madera y de mármol en sus variados tamaños, con o sin mantelería, otorgan prestancia con matices descontracturados.

El maestro peruano Luis Martínez Hizo preparó una entrada de ceviches cremosos. Probé el clásico de lenguado, marinado con jugo de lima, cebolla morada, bocoto, batata glaseada y maíz cancha; el verde con tacos de pulpo, cilantro y chips de batata; el colorado con crema de rocoto, calamar y langostino. Las tinturas de ajíes brillaban en los platos y sabían a frescura de mar, riquísimas.

Como plato principal propuso un lomo salteado al pisco, con papas, arroz y choclo, acompañado de un pinot noir de Catena Zapata. Los tropezones de lomo, muy tiernos y salados, en su punto exacto. Para terminar trajo un postre que fue, sin exagerar, uno de los más deliciosos que he probado en mi vida: se llama “El Suspiro de una Limeña”. A quien tenga debilidad por lo dulce (yo pocas veces lo tengo), le diré que podría perder la cabeza con ese bocado. En la carta había un Alfajor Puerta del Inca y una mousse crocante de chocolate praliné, que no probé pero a esas alturas un equívoco hubiera sido un imposible.

Además del gran salón, de 76 cubiertos, Puerta del Inca tiene un sitio especial para fumadores (donde venden habanos), una terraza para doscientas personas en plan after office y una exclusiva “cava” en el subsuelo, para cenas especiales, con una gran mesa de madera rectangular y acceso a una bodega donde almacenan vinos de primera línea. La barra la dirige el bartender Facundo Chamorro y prepara, como especialidad, los Tragos del Inca, todos producidos con piscos peruanos.

Lo que solemos valorar cuando salimos a cenar es, además de la comida y la atención, cómo vivimos el momento. ¿Estuvimos cómodos? ¿El ambiente nos abrigó? ¿Pasamos bien la noche? Por mi parte, he pasado una velada especial, es muy hermoso notar cuando la gente tiene un respeto por el oficio, por la cocina, por uno y por ellos mismos. Después de un buen paseo por el mítico sur de nuestra ciudad, el lugar ideal para detenerse es Puerta del Inca.

Please follow and like us:
Share.

About Author

Leave A Reply

Suscribite!