Aruba Dushi por donde se la mire.

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Sol garantizado, arenas blancas, aguas turquesas que ofrecen variadas actividades y el encanto de su gente, convierten a Aruba en un destino ineludible dentro de la oferta caribeña. 

Por Esteban Goldammer / @gauchods

Nada mejor que una de las primeras palabras que escuchamos en papiamento, el particular idioma local formado a partir de cuatro lenguas (holandés, portugués, español e inglés) para describir esta isla. Dushi significa rico, bonito, amoroso y vale casi para todo. Sin dudas, aplica a la perfección también para esta pequeña isla (30 km de largo x 9 km de ancho), ubicada a 25 km de la costa norte venezolana, donde las estrellas son el sol y la playa.

Sol garantizado y la tercera mejor playa del mundo
Para empezar, debemos decir que podría tratarse de una de las tantas promesas del marketing, pero es absolutamente real: Aruba ha sido bendecida con una geografía y un clima privilegiados. Con 360 días de sol, una temperatura promedio de 28 grados y vientos alisios que ayudan a matizar el calor, se puede asegurar que esta isla brinda respuesta a la expectativa del turista que desea relajarse y disfrutar a pleno de sus vacaciones.
A este clima inmejorable se suman dos detalles no menores: el primero es el agua potable en toda Aruba, provista por el segundo sistema de purificación de agua salada del mundo, se puede tomar sin riesgo en toda la isla; y el segundo detalle es la particularidad de que la isla está fuera del cinturón de huracanes que suele afectar al Caribe, por lo que todo es placer y felicidad como bien apunta el slogan de este país “One happy island”. Y eso no es todo, porque también cuenta con aguas transparentes y a temperatura ideal, que cautivan con impactantes tonalidades verdes y turquesas y que bañan playas verdaderamente únicas, como Eagle Beach, rankeada como la tercera mejor playa del mundo por Trip Advisor.

El placer de ser turista en Aruba
Apenas arribamos al Aeropuerto internacional Reina Beatrix, luego de una escala en Bogotá (ver apartado al final de la nota), pudimos comprobar que la isla mantiene estrechos lazos con Holanda a pesar de haberse independizado en 1986 (así lo indican, entre otros, el nombre del aeropuerto, el de la capital: Oranjestad –ciudad naranja-, el uso del holandés como idioma oficial y el aliento para la selección europea en los mundiales).
La otra cuestión que uno percibe no bien arribado es que la isla vive por y para el turismo: llegar al aeropuerto y acceder sin pasar por migraciones (sólo para los pasaportes nuevos con chip) es tan sólo la primera de las muchas pruebas de ello.
Gracias a este detalle y a la pequeñez del país, en algo más de media hora ya estábamos instalados en el hotel y disfrutando de nuestro baño de bautismo en esas aguas cálidas que invitan a quedarse hasta que el sol se esconde en el horizonte. Claro que es posible que a esa altura del día uno se encuentre más bien solo dentro del mar, ya que la fuerte presencia de turismo norteamericano, sumada a los orígenes europeos de la población, hace que la mayoría abandone la playa antes de las 18 hs. y se encuentre cenando a eso de las 19:30.
Un detalle importante y que demuestra hasta qué punto el arubiano vive del turismo es el idioma: prácticamente todos los habitantes hablan al menos cuatro idiomas (papiamento, holandés, inglés y español). No menor es el respeto que se percibe en cualquier lugar y más aún en la calle, donde la prioridad la tiene el peatón y los autos frenan, siempre. Y por supuesto la seguridad es un aspecto más que importante, dado que durante toda nuestra estadía pudimos manejarnos libremente y sin ningún tipo de preocupación.

El encanto entre dos mares
Si uno intenta describir la isla, necesariamente debe diferenciar sus dos costas: una con aguas calmas, donde se asientan los hoteles y otra un poco más escarpada, rocosa y agreste, con un mar abierto donde se recomienda no bañarse por las fuertes corrientes. Entre medio, un paisaje desértico con variedad de cactus que junto a las palmeras y al Divi Divi (famoso por su fisonomía moldeada por los constantes vientos), integran la escasa vegetación del lugar.
Para la mayoría de los visitantes, la vida transcurre en la parte más occidental de la isla. En Palm Beach, los hoteles descansan sobre la costa y si bien las playas son públicas, cada uno tiene su espacio, con sus respectivas palapas y reposeras de uso exclusivo de los huéspedes y servicio de bar. Un día normal puede incluir además de los clásicos baños de sol y mar, divertimentos tales como motos de agua, banana boat, kayak, fly board y mucho más. Desde allí también es posible acceder a veleros y otras embarcaciones para realizar excursiones de snorkeling y buceo que sorprenden con formaciones coralinas, anémonas y peces de todo tipo y color, además de barcos naufragados que sirven hoy de asentamiento de variadas especies. Por supuesto, quienes se inclinan por la pesca deportiva pueden organizar su salida y atesorar la anécdota de atrapar algún ejemplar de atún, jurel y hasta de pez vela o marlín azul.
A lo largo de la línea de hoteles y hasta Palm Beach hay un sendero que bordea la playa y donde los amantes de las caminatas y el running pueden disfrutar de la actividad con el inigualable paisaje que le ofrecen la arena blanca y el contrastante mar turquesa. Más allá de Palm Beach los runners no detienen su marcha, ya que pueden continuar por la ruta sin inconvenientes. Atención: el clima es intenso, por lo cual es conveniente hidratarse bien (aplica para todos, no sólo para los deportistas).


En las playas del norte también es posible realizar windsurf y kitesurf aprovechando las excelentes condiciones del agua y el viento constante de 15 nudos. Sin dudas, Aruba es “el lugar” para la práctica de estos dos deportes.
Como dijimos, no hay que esperar un día de lluvia para realizar algún otro tipo de actividad en la isla, básicamente porque no lo habrá. Entonces basta salir un rato del agua y entregarse a la aventura. Una posibilidad es la excursión en 4×4 o SUV para adentrarse en caminos de tierra y arena, parajes casi desérticos y, en medio del polvo generado por los vehículos, descubrir sitios de interés de la isla. Nosotros optamos por el SUV y la experiencia resultó sumamente divertida. Así accedimos a la primera iglesia de Aruba: la histórica Capilla de Alto Vista (1750), remodelada varias veces y que aún hoy ofrece misa los días martes y en Semana Santa. El Natural Bridge, un puente natural tallado por el viento y el mar sobre la roca; la antigua Mina de oro Bushiribana (1872) y, por supuesto, el Faro California, uno de los íconos de Aruba, fueron otros de los lugares visitados. Pero sin dudas el atractivo principal de este paseo, además de la adrenalina, es el paisaje contrastante de la parte oriental de la isla, donde las formaciones rocosas y el mar embravecido son protagonistas absolutos.

Paddle Board y yoga
Si bien frente a los hoteles también es posible practicar paddle board, la zona de Mangel Alto es súper recomendable para esta actividad. Quienes nunca la han practicado ¡a no asustarse!, no es complejo; sólo hace falta un poco de equilibrio y técnica (la cual nos será impartida antes de llevar las tablas al agua) para poder palear sin agotarse.
La actividad arranca en las aguas cristalinas del mar, donde se disfrutan las formaciones coralinas del fondo y los peces que acompañan la navegación, para luego de unos diez minutos adentrarse en la Spanish Lagoon y en Port De Palm para descubrir, previo paso por debajo de la carretera, la zona de manglares. Allí el contraste es enorme, empezando por el agua que adquiere tonalidades verdes y se oscurece, y siguiendo por la vegetación que se va haciendo copiosa a medida que uno avanza. ¡Vale la pena!
La otra de la actividades que está causando furor por estos días en Aruba es el yoga board, que consiste en la práctica de posturas clásicas de esta disciplina pero arriba de la tabla. Claro que si a algunos nos cuesta mantenernos erguidos sobre la misma, no imaginamos lo que sería agregándole esta dificultad.

Monforte III y un programa especial
Una opción para disfrutar de un día distinto en Aruba es programar una excursión de navegación en alguna de las embarcaciones dispuestas a tal fin. El Monforte III es un velero de lujo de 115 pies que lo hace sentir a uno en el paraíso, ya sea disfrutando del programa de día o el de noche. El primero incluye la navegación por las aguas cristalinas de la Spanish Lagoon y la costa sur de la isla. Durante el recorrido, uno puede broncearse al sol mientras disfruta de una Balashi (cerveza local) o algunas de las bebidas premium y del exclusivo servicio de catering del barco. Después queda tiempo para lanzarse al agua, hacer un poco de snorkel o entregarse al placer absoluto que brinda el paisaje y la música que no sólo acompaña, sino que transforma en fiesta y diversión toda la jornada.
La salida nocturna tiene el romanticismo de la puesta del sol y el cielo estrellado, que sumados al permanente sonido del mar y la música ambiental, acompañan la cena de cuatro pasos que asegura una velada de esas difíciles de olvidar.


Compras, gastronomía de alto nivel y la noche
Otro distintivo de Aruba son las compras libres de impuestos. El pequeño centro comercial concentra tiendas de marcas exclusivas de la talla de Ermenegildo Zegna, Louis Vuitton, Gucci, Bulgari y otros. Allí también es posible adquirir souvenirs, artesanías y los productos de la marca estrella del lugar: Aruba Aloe.
La elaboración de cremas, desodorantes y más a partir de la planta de Aloe Vera es hoy la industria más importante de Aruba y ha alcanzado gran renombre.
Recorrer el centro y disfrutar de la tranquilidad de la calle o tomar el pintoresco tranvía que convive con autos y transeúntes, puede ser la opción ideal para matizar un poco los días de playa.
La gastronomía ocupa un lugar de importancia dentro de la oferta turística arubiana. Son muchos los restaurantes y se pueden encontrar tanto sabores locales como los que resultan de la fusión con la alta cocina internacional. Dentro de las opciones gastronómicas se destacan la pesca y los frutos de mar por razones obvias. Y son varios los restós que se pueden recomendar para deleitarse con un buen plato. Screaming Eagle sorprende por su cocina francesa y por la particularidad de que uno puede cenar en la cama (nosotros estamos un tanto grandes y endurecidos, por lo que terminamos comiendo el postre en las mesas tradicionales). La Hostaria da Vittorio es un auténtico restaurante italiano que cautiva con sus pastas y un tiramisú para el cual bien vale la pena dejar un lugarcito. Faro Blanco es imperdible por su cocina también italiana, pero más aún por su ubicación que permite deleitarse con atardeceres únicos sobre el mar (ideal tanto para parejas como familias). Por último el ineludible (a nuestro juicio) Papiamento, montado en una antigua casona arubiana, con un jardín con árboles añosos y plantas exóticas, donde se pueden saborear platos verdaderamente únicos acompañados por alguno de los vinos de etiquetas internacionales de su exclusivísima cava.
Después de la cena, las opciones en Aruba son visitar alguno de los clubes nocturnos o tentar la suerte en uno de los tantos casinos ubicados en los hoteles (algunos funcionan durante las 24 horas). En general, la noche no se extiende demasiado, fundamentalmente porque el ambiente es más bien familiar o de parejas y porque con cien por ciento de seguridad, el día siguiente será soleado y estará ideal para disfrutar del mar y la playa casi como en ningún otro rincón del planeta.

aruba.com

Una boda soñada
Pensar en celebrar un casamiento en este lugar de ensueño es algo que va sumando adeptos y para lo que Aruba, las cadenas hoteleras y muchos otros pequeños emprendedores están más que preparados. Y decimos esto porque para nuestra sorpresa, conocimos hasta a una Proposal Planner. Sí, una persona que organiza todo para que ya la inicial propuesta de casamiento sea inolvidable y alcance hasta donde la imaginación lo permita (con caballos, bandas de música, con el novio llegando en una embarcación, con un picnic romántico en la playa o una más discreta, pero singular cena).
Lo mismo sucede con las bodas, para lo cual las cadenas hoteleras tienen paquetes especiales y hasta beneficios de acuerdo a la cantidad de invitados.
Casarse en Aruba es un verdadero sueño, ya que permite la celebración junto a los seres queridos, en el marco inigualable que otorgan la playa, el mar y un clima sin igual.
Tuvimos la oportunidad de presenciar una boda durante nuestra visita. Ya desde lejos se escuchaban los violines y alcanzábamos a divisar una estructura decorada con telas blancas y flores de colores. Junto a la misma, las sillas alineadas y decoradas con moños, iban siendo ocupadas por invitados cuyos vestidos y trajes se recortaban en el fondo conformado por la arena blanca y el azul verdoso del mar. Todo era magia y amor. La felicidad se transmitía en las caras no sólo de los novios, sino de todos. Sin dudas, la experiencia y el recuerdo de un acontecimiento de esta naturaleza deben ser imborrables.

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