Ateneo Grand Splendid

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El Ateneo Grand Splendid está catalogada como una de las librerías más lindas del mundo, pero detrás de ese título hay una imperdible historia que transitó el arte en distintas disciplinas.

Por Javier Maldonado

En diciembre de 2000 (hace 17 años) abrió sus puertas la nueva sucursal del Ateneo, una de las librerías más bellas del mundo entero. Ideada y proyectada sobre un antiguo y famoso cine teatro porteño, en el barrio de la Recoleta, las luminosas bibliotecas desbordadas se ordenan y se iluminan sobre el edificio dorado. Me he informado: este viejo inmueble ha sido construido en 1900 sobre un lote donde antes funcionaba una herrería y una fábrica de carruajes, y debido a su ubicación geográfica, lo llamaban Teatro Nacional Norte. Según leo, desde sus comienzos ocupó exactamente el mismo espacio: capacidad para 900 espectadores, 500 butacas en la sala, palcos y techo corredizo.

Veinte años después, luego de la primera guerra, lo compró el austríaco Mordechai David Glücksman, comúnmente llamado “Max” por el ambiente porteño, quien le imprimiría el espíritu humanístico, rebautizándolo definitivamente como “Grand Splendid”. Acorde a la moda de la época, le encargó la remodelación Art Nouveau a los arquitectos Peró y Torres Armengol, y la edificación a Pizoney y a Falcope.

El frente exterior, conservado desde entonces, es moderadamente ecléctico. Hay una marquesina en estilo griego, con cariátides que sostienen las balconadas en granito gris del basamento, obra del escultor italiano Troiano Troiani, quien también realizó los dos torsos de mujer sobre los costados del escenario. La gran cúpula fue pintada por el italiano Nazareno Orlandi, en un fastuoso estilo manierista, y representa cierta alegoría de la paz celebrando el fin de la primera guerra mundial. Utilizó la técnica marouflage (tela pintada que luego se adhiere al yeso a través de pegamentos). En esta gigante obra hay figuras de diferentes culturas y tiempos históricos, poniendo por encima de los ardientes conflictos bélicos, pues el diálogo y la conciliación. En el centro, una mujer es posiblemente una musa o la misma Atenea, Diosa de la Guerra, de la Cultura y de las Artes. A los costados, vemos una máquina de proyección con una cinta cinematográfica extendida, palomas con ramas de olivo en sus picos, querubines y símbolos de la abundancia (el trigo, la vid y los frutos). De un sólo vistazo, notamos cómo Orlandi nos ilustra su ideal de progreso: la prosperidad necesaria para dar lugar a lo nuevo.

El Cine Teatro Grand Splendid fue un estandarte rioplatense a principios del siglo XX, cuna de la Radio Argentina donde grabaron leyendas del tango como Carlos Gardel, Roberto Firpo, Azucena Maizani e Ignacio Corsini. Glucksman era propietario del lugar así como de la emisora y del sello discográfico, llamado por entonces “El Nacional Odeón” (hoy EMI) importantísimo desde aquel tiempo a esta parte en la industria de la música. En lo relativo al cine subrayaré dos momentos históricos acontecidos en Grand Splendid: en 1926, que se estrenó “Juan Sin Ropa” (primera película muda Argentina); y en 1929 “La Divina Dama” (primera película sonora estrenada en Buenos Aires).

Ahora, en pleno invierno de 2017, llueve y afuera hace mucho frío. No sé si mis ojos recorren la librería o el antiguo teatro. Subo las escaleras alfombradas, escucho el susurrar de la gente en variados idiomas y me pierdo entre los 200.000 libros, 25,000 discos, 10,000 películas, que configuran el mayor catálogo cultural del país. Según me cuentan, es tanta la urgencia de la gente, que al llegar a Buenos Aires inmediatamente se dan cita obligada con la librería, sobrepasando el millón de visitas por año. Caminan, pasean, leen, beben café escuchando al pianista del bar o se sientan con un libro en las elegantes sillas de los palcos: es tan interesante el recorrido que hasta el periódico londinense “The Guardian” catalogó el lugar como la segunda librería más hermosa del mundo, y si bien no conozco personalmente la primera, no le debe faltar razón.

Lógicamente, los escritores más distinguidos eligen el foro para sus presentaciones formales. Por la sala de conferencias han pasado figuras nacionales e internacionales como Ernesto Sábado, Paul Auster, Arturo Pérez Reverte, Mario Vargas Llosa, Isabel Allende y el recién fallecido Abelardo Castillo.

www.yenny-elateneo.com

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