Benaim, cocina callejera judía en Palermo.

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Después de que su primo hermano Tetuán Brasero Marroquí nos cautivara con su propuesta y decoración, nuestra visita a Benaim no se hizo esperar.

Nos recibieron tres camellos sobre la calle Gorriti y otros diseños en stencil y graffitis con diseños arábigos y la impronta del conocido artista Cabaio Spirito, que atestiguan el ADN compartido entre ambos gastro-pubs. Una relación que termina de explicarse en el nombre del lugar, que remite al apellido sefardí de la abuela materna de los primos y dueños, Nicolás Wolowelski y Juan Martín Migueres, nacida en Marruecos y de ascendencia judía.

Apenas atravesado el umbral, se respira el aire de casona palermitana, acondicionada con mesas para compartir en un gran patio donde resalta la presencia de un Beer-Truck, un camión que provee cerveza tirada artesanal y tragos clásicos o novedosos como el Benaim Julep (Cynar, menta, azúcar, pomelo, tónica y una rodaja de pomelo). La propuesta cervecera es amplia y está siempre a la búsqueda de excelencia y calidad. Así la carta actual incluye 7 colores, Degrott, Briv, Schäferhund y Aldea en ocho estilos: Stout, Ipa, Honey, Pale Ale, Apa, Trigo, Red Ipa y Scotish.

Una vez inmersos en este universo marroquí/judío, nos contagiamos de la onda descontracturada e innovadora del lugar y nos acercamos a la cocina donde, a la vista de todos, Ignacio García Lucero (chef ejecutivo) y su equipo preparan las recetas con la minuciosidad y el profesionalismo que destaca a la nueva generación de chef argentinos.

El resultado es sorprendente, porque los sabores de la cocina callejera judía encantan no sólo a paladares vírgenes, sino también a los más experimentados. Un sándwich de pastrón que roza el adjetivo de inigualable compite con un fantástico hummus y con el que, aseguran, es el mejor Falafel de Argentina (si no lo es, está muy cerca).

La carta puede resultar pequeña en los hechos, pero es gigante en calidad y hasta en tamaño de las porciones, por demás generosas. La misma generosidad que trasciende los platos para llegar al espíritu de Benaim, a ese permitir vivencias nuevas aún en el enmarañado Palermo. Esa es la gran virtud del lugar: la capacidad de trasladarnos culturalmente y acercarnos a costumbres distintas que, paradójicamente, nos llevan a experimentar una de las que más nos gusta a los argentinos: compartir buenos momentos alrededor de una mesa.

@benaimba

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