Pre embarque con Patricia Sosa

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Patricia Sosa es una de las cantantes, de las artistas, más destacadas y con mayor renombre de nuestro país. Comenzó a relacionarse con la música desde pequeña y cuenta en su haber con cientos de shows alrededor del mundo y un sinfín de acciones a beneficio de los más necesitados, como es el caso de los Tobas o los QUOM del Impenetrable Chaqueño, a quienes ayuda a través de su fundación “Pequeños Gestos”. Con shows por delante y un nuevo disco por nacer, abrió su corazón, detuvo la marcha y conversó con Travel Magazine.

Por Andrea Bisso / @andybisso

Patricia, ¿hace cuantos años empezaste a dedicarte a la música? ¿Desde el jardín de infantes?

-¡Ja! Mirá, creo que desde ¡antes de Jardín de Infantes! Porque yo tenía 4 años y ya cantaba, ya me habían regalado mi primera guitarra. Me ponía en el zaguán de casa y mi tío Ricardo me enseñaba los tonos; con esa guitarrita chiquitita aprendí a tocar la zamba Lloraré y también Sapo Cancionero hace muuuchos años, ¡muchísimos años!

Más allá de esa experiencia que te marcó el camino, ¿cómo seguiste a lo largo de la escuela primaria y la secundaria?

-A mi me servía de escudo la voz. Porque claro, los profesores de música veían que yo cantaba bien y me ponían en los coros, en los actos y yo zafaba de un montón de horas porque me sacaban del aula para ir a ensayar, sobre todo en el secundario. En esa época formamos el Grupo Vocal Azurduy y participamos de competencias intercolegiales… ¡ganábamos siempre! ¡Estaba buenísimo! Era tipo Las Voces Blancas o Zupay… Desde chica quería cantar… lo que nunca imaginé es que viviría de esto, que iba a ser profesional… El canto es mi esencia.

¿Qué te decían en tu casa? ¿Te apoyaban o querían que siguieras otra profesión?

-La cosa es que yo cantaba y la familia me apoyaba muchísimo: que cante, que actúe, que toque, ¡qué linda la nena!, pero nadie imaginaba tampoco que pasaría todo eso. Y a los 16 me enamoré de Oscar (Mediavilla) y empezamos a tocar juntos. Terminé el colegio, me recibí de maestra de inglés, empecé a estudiar arquitectura, hice muchos años -no me faltaban tantas materias para recibirme- y un día me di cuenta que en una cosa era muy mediocre y en la otra me despegaba del piso. Y ahí dije “no quiero estudiar más” y me dediqué a la música. Tuve unas 48 horas de impacto familiar tras mi decisión, pero después se les pasó. Igual la inseguridad de trabajar con la música estuvo, está y estará toda la vida, también depende de la suerte. De no haber resultado así, también cantaría, pero tendría que tener otro trabajo. 

¿Cuándo y cómo llega Oscar Mediavilla a tu vida? Tu gran potenciador…

-A Oscar lo conozco cuando estaba en el coro Azurduy y mi amiga Alicia me dice “Tengo un primo que tiene una banda de rock y va a hacer un demo -hacer un demo en esa época era prácticamente imposible, necesitabas a alguien que pusiera la plata para grabar en un estudio- y necesita unos coros”. Entonces le dije “Bueno, ¡vamos!” y ahí lo conocí. Comenzamos una vida maravillosa juntos. Yo empecé a hacer los coros creo que para estar con él… porque hacer “aaaa…oooo…uuuu…” me gustaba, pero bueno. ¡Después le quité el puesto al cantante! (ríe ) Lo que los dos teníamos y tenemos es una mutua admiración, que con el tiempo se hizo cada vez más fuerte, más allá del amor, que de hecho, nos enamoramos muchísimo. Empezamos a tener planes juntos y ¡no había nadie que nos parara!

¿Cuándo sintieron ganas de plasmar ese amor en un hijo? ¿Qué significó la llegada de Martita?

-Hacía muchos años que estábamos con Oscar, que teníamos una pareja sólida, siempre pensando en el laburo, en pasarla bien, en ir para adelante… y tuve que poner el pie en el freno porque ya tenía más de 30 y me corría el reloj biológico, no es lo mismo para un hombre que para una mujer. Y fue así, le dije “Oscar tengo ganas de ser mamá.” Y él me dijo “yo también tengo ganas de ser papá”. Inmediatamente quedé embarazada. Fue la decisión más hermosa que hemos tomado en la vida. Y si hay algo de lo que nos arrepentimos es de no haber tenido más hijos. Porque ya después de nacer Marta, volvimos con los planes de trabajo. Pensá que la bebé cumplió los 5 meses en un tren de Moscú a Leningrado.Tendría que haber puesto más veces el pie en el freno… Ahora ya estamos más para ser abuelos y se lo digo a mi hija, pero no está en sus planes todavía.

¿Cómo fue esa vida de viajes? ¿Qué significa en tu vida viajar?

-El primer viaje importante que hicimos fue a Bolivia, con la banda Nómade Soul. Estuvimos instalados 5 meses más o menos en Santa Cruz de la Sierra, un lugar maravilloso. Tocábamos todos los días. Éramos el número musical de un pub enorme, gigantesco, adonde cantaban famosos como Julio Iglesias. Yo tengo una vida de viajes entera… y no puedo parar. La gira para mí es mi vida, mi motor, me encanta ir de un lado para el otro, de un pueblo a otro, de una ciudad a otra, de un país a otro y tener todos los días públicos diferentes. Son flashes que me vienen a la cabeza de viajes a Rusia, a España, a Estados Unidos, toda Latinoamérica, a la India, al Vaticano…de tomar mates con la gente, ir a sus casas, comer con ellos, visitar el museo de su pueblo, conocer… recorrer… Hay que tomarse la vida de una manera más profunda.

En algunos de esos viajes estuviste ligada a eventos relacionados con la paz, como en la India o el Vaticano. ¿Qué significa para vos la espiritualidad?

-Me di cuenta de que somos portadores del único instrumento que no creó el hombre: las cuerdas vocales. La voz es un don que nos han otorgado y el cuerpo es el templo donde habita ese sonido y hay que cuidarlo. Hace años que medito y los ejercicios son muy parecidos a los ejercicios de canto. Nunca me propuse acercarme a esos eventos, tal vez lo hice de una manera inconsciente. En la India canté ante 4 millones de personas, frente a los más importantes líderes espirituales del mundo. A veces me preguntaba “¿Por qué salgo tan feliz de una clase de canto?” Es porque la respiración alinea los chacras y nivela hemisferios. Eso te ayuda a estar en eje con vos mismo y con el Universo y hace todo mas fácil.

¿Oscar te acompaña en esas prácticas?

-Nooo… ¡Oscar no medita para nada! Me encantaría que lo haga porque bajaría un poco sus revoluciones, es una forma de calmar el stress. Al menos me escucha cuando le hablo…

¿Cómo seguirá el año?

-Seguiré de gira presentando “Señales” hasta febrero de 2018, en marzo me tomaré las vacaciones y sale ahora el disco que grabé con Chucho Valdez que se llama “Once Concierto para Dos”. Él ahora está en Miami y gracias a Dios no lo afectó el paso del huracán Irma. Yo viajo para allí para arreglar juntos como será el lanzamiento,  tal vez hagamos un Facebook Live. En septiembre del año que viene Chucho vendrá a la Argentina porque ya tenemos fechas reservadas para el Gran Rex y otros lugares del país. ¡¡¡Es un discazo!!! Lo grabamos en Málaga y lo produjo Oscar. Hay temas de Pablo Milanés, del Paz Martínez, míos. Son boleros de las décadas del ´30 y el ´40. ¡El arte es espectacular! Y mientras tanto, estoy preparando otro espectáculo por la paz, llamado “Entrelazadas”, en el templo Amijai, junto a una cantante judía llamada Karen Nisnik, que presentaremos en noviembre. ¡Es un año de muchas cosas diferentes y me encanta, porque mientras tanto…yo sigo girando!

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