Buenos Aires secreta: La casa del edificio.

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En lo alto de un edificio porteño, en pleno corazón de Buenos Aires, una casita de estilo normando sorprende con una historia singular.

Allá por los años 20 era común ver en Mar del Plata construcciones de estilo normando. Eran caserones pertenecientes a las grandes familias aristocráticas argentinas, destinados a ser residencias de veraneo, de descanso.

Con una idea similar (la del descanso) e igual fascinación por ese característico estilo arquitectónico, Don Rafael Díaz construyó un chalet con techo de tejas a dos aguas y una pronunciada inclinación. Lo curioso es que decidió enclavarla en la cima de una torre de nueve pisos, en el corazón de Buenos Aires, coronando el edificio que albergara su tienda de muebles.

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En aquella época nacía “Muebles Díaz, la casa del chalecito”, como rezaba su slogan. La tienda de muebles tenía nueve pisos y llegó a ser una de las más importantes de América Latina, fundamentalmente porque fue una precursora en la venta a crédito a todo el país. En la terraza se encontraba nada más y nada menos que la casita que Don Rafael, como lo conocían sus amigos y empleados, mandó construir para ser su lugar de almuerzo y siesta diaria ante la imposibilidad de cortar el día y llegar a Banfield, donde se encontraba su hogar, al que sí volvía cada noche.

En 1928, antenas mediante y como una forma de autopublicitarse, comenzó a funcionar en el edificio LOK Radio Muebles Díaz, una emisora que transmitía  música y promocionaba las ofertas de la mueblería. En 1930 y con la regulación del servicio de radio, dicha frecuencia (AM630) se convirtió en LS5 Estación Rivadavia (hoy Radio Rivadavia). Por entonces, el famoso chalecito fue toda una referencia en la ciudad en épocas en que no estaban siquiera la Av. 9 de Julio (1936) ni el Obelisco (1937).

En 1968 Don Rafael falleció, dejando el negocio en manos de sus hijos. Años más tarde ellos alquilarían el edificio para oficinas y el chalecito se convirtió en agencia de modelos y estudio de fotografía. Así el brillo de la famosa casita se fue diluyendo y hoy pasa casi desapercibida entre carteles publicitarios, pero sigue ahí como vestigio indiscutible de la historia de la ciudad y dispuesta para todo aquel transeúnte curioso que circule por las cercanías de Sarmiento 1113 o quien con conocimiento, lo busque en alguna panorámica actual o de la época.

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