Merlo, una escapada renovadora.

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El paisaje serrano, los arroyos, la buena gastronomía y la cordialidad puntana, hacen de este Merlo un lugar especial para hacer un alto y disfrutar, aunque más no sea, de una corta estadía.

Por Hernán Lenneck

Invitado por la Secretaría de Turismo de Merlo, tuve la posibilidad de vivir una experiencia absolutamente revitalizadora, conociendo un lugar bellísimo, con una organización impecable.

Para empezar debemos apuntar que la localidad cuenta con accesos ideales para el viajante por tierra. El paisaje serrano hace que aún en camino uno vaya palpitando lo que significará la visita a esta ciudad que se vanagloria (y con razón) de tener un microclima.

Me alojé en el Epic Hotel, el único 5 estrellas de la ciudad, que satisface sin dudas al público más exigente. Su moderna pero acogedora infraestructura es acompañada de una excelente cocina que hace la estadía sumamente agradable.

Pero lo mejor de Merlo está afuera, al aire libre. Es un lugar mágico y digno de ser recorrido: el paisaje de las sierras y sus arroyos, de la piedra y el silencio. Las oportunidades de vivirlo son muy diversas, ya que hay actividades para todos los gustos y edades, incluso para los que buscan vivencias extremas. El “Mirador Los Cóndores” es el lugar obligado para el turista aventurero. Allí al clásico trekking y las tirolesas (custodiadas por profesionales en todo momento) que son las delicias de toda la familia, se suman los puentes colgantes, no aptos para quienes sufren de vértigo. Cruzar el estrecho puente, aún teniendo el arnés y la cuerda de seguridad, es toda una mezcla de emociones.

Otro punto alto en materia de aventura es el rappel en Arroyo del Rincón, Salto del tabaquillo. Allí se despliega la mística de un lugar único, acompañada de puras aguas serranas y cascadas dignas de disfrutar. No se aconseja realizarlo en familia o con personas con sobrepeso, ya que la caminata hasta dichos puntos son extensas y cansadoras, producto del suelo rocoso y totalmente irregular.

Para los amantes de las caminatas sin tanta exigencia, el lugar es Mogote Bayo. Allí los senderos son de nivel bajo/medio en cuanto a exigencia física, permitiendo apreciar las riquezas naturales del lugar y el aire puro, purísimo, que acompaña toda jornada.

Otro de los paseos que bien valen la pena es el parque temático Yucat, un recorrido de  contenido educativo y muy interesante para conocer a los antepasados de la región (Los Comechingones). El mismo cuenta con audioguías para no perderse detalle de ninguna de las 19 escenografías montadas a tamaño real. Ideal para chicos y curiosos, el parque está enmarcado en la vegetación autóctona y ofrece el divertimento de pintarse la cara tal como lo hacían los aborígenes y como se puede observar en las máscaras exhibidas. Además, en el lugar se puede practicar tiro al blanco con arco y flecha.

Como no podía ser de otra, Merlo también está preparado para satisfacer a aquellos visitantes que gustan del biking. Por supuesto, está la opción de ir libremente desafiando a las sierras y a la propia resistencia, pero también es posible hacerlo en una versión light que permite un recorrido por distintas partes de la Villa de Merlo. Organizado por la Secretaría de Turismo, es una actividad gratuita y grupal que comienza en el Balneario Municipal y llega hasta la Reserva Municipal El viejo molino, en Piedras Blancas.

En el plano cultural de la región hay que destacar al poeta Antonio Esteban Agüero, cuya vivienda es hoy museo de su obra. Allí se puede conocer vida y legado del autor, lleno de hazañas literarias, pues es considerado un gran referente de nuestra poesía. Agüero no sólo buscaba las vibras de la naturaleza, sino también comunicar una época difícil camuflando la denuncia social con las suaves líneas de su pluma.

Cerca de allí, se puede visitar el predio que pertenece a la familia del poeta y donde aún vive el ”Algarrobo abuelo”, un árbol de 1.200 años de edad (comprobado reciente y científicamente). Imponente ejemplar que sigue florando año tras año.

El arte culinario de Merlo merece un párrafo aparte. Hay delicias autóctonas por doquier, Dulces en fantásticas casas de té, rodeadas de estanques y rocas, o bellos jardines con vista a las sierras. Entre estas se destacan “Delicias del bosque”, “El ángel azul” y “Merlin”. Sentarse a disfrutar de un buen té con variedad de tortas es un plan que sí o sí hay que hacer en Merlo. Otro imperdible es Cabeza del Indio, un restaurante autóctono enclavado a mitad de la sierra, donde además de una fantástica vista se degustan placeres cocidos al disco que justifican su fama. Giorgos, en la zona céntrica, también se destaca por sus platos abundantes y variados.

Así es Merlo, una ciudad que atrapa por la cordialidad de su gente, por inolvidables paisajes serranos, por actividades que hacen de la estadía algo divertido y memorable y por una gastronomía que cautiva con sabores que van desde lo regional a lo internacional. Y claro, un clima que la hace ideal para cualquier época del año.

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