El Cairo, caóticamente irresistible.

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Vivido, visto y respirado con mucha calma, visitar El Cairo puede transformarse en una de las mejores experiencia de la vida. 

Por Tamara Panet

Llegamos a Egipto sin demasiados planes, apenas la reserva de un hotel 5 estrellas en la zona de Guiza. Allí estábamos cuando me asomé a la ventana y para mi sorpresa, veo la ciudad cubierta por una espesa niebla. ¿Niebla? No, es la contaminación que allí lo cubre todo y se convierte en una de las postales de El Cairo. Y decimos “una” porque al bajar al lobby nos encontramos con la otra: un tumulto de gente y taxistas buscando turistas y pasajeros para acercarles sus servicios. Obviamente, como dije, no teníamos ninguna reserva, así que sucumbimos ante uno de estos insistentes lugareños, a fin de conocer un poco la ciudad.

Al entrar en la autopista, nos percatamos con asombro que se conduce sin sentido y los coches (bastante antiguos, por cierto) van pitando cada dos por tres y haciendo zig-zags para avanzar aunque más no sea unos centímetros. Y esto no es todo, porque si la autopista tiene tres carriles por allí intentan circular cinco líneas de coches. Además, claro, de que los autos no se detienen en los semáforos y los peatones (en un juego medio suicida) cruzan por el medio calles de hasta cuatro carriles. No podíamos salir de nuestro asombro ante tamaña vivencia a minutos de haber arribado a este país. Debemos reconocer que El Cairo, con sus 20 millones de ciudadanos (y quizás también 20 millones de vehículos) nos produjo un gran shock. 

Las Pirámides de Guiza, una experiencia única

La Gran Pirámide de Guiza es la más antigua de las “Siete maravillas del mundo” y la única que perdura al día de hoy, además de ser la de mayor tamaño de las pirámides de Egipto. La misma fue construida en el año 2750 aC con el fin de albergar el cuerpo de Jufu (también conocido como Keops), entonces faraón de la cuarta dinastía del Antiguo Egipto.

Las pirámides son de una envergadura difícil de asimilar. La Gran Pirámide tiene una altura de 145 metros, una base de 52 m2 y fue construida con 2,3 millones de bloques de piedra, cada uno con un peso de 60 toneladas. Por este motivo no es de extrañar que su construcción aún sea un misterio y que todos los viajeros (incluidos nosotros) se queden mirándolas perplejos. Llevábamos meses imaginando ese momento y al fin había llegado. 

Tras la primera impresión y viendo que todavía había poca gente, decidimos entrar a su interior. El ingreso se realiza por un pequeño hueco que hay a unos 10 metros de la pirámide. Nos dirigimos a él, pero antes tuvimos que dejar las cámaras en una consigna rústica que hay allí mismo: ¡una piedra! Si bien nos dio un poco de miedo dejar el equipo, todos lo hacen y resulta seguro. A la pirámide se puede ingresar con el móvil y será decisión de cada uno el hacer fotos o no con él. 

Apenas entramos accedimos a un pasadizo de unos 5 metros que conduce a una larga escalera de subida. Se trata de la Gran Galería. Es intensa, de unos 25 metros con bastante pendiente en su primer tramo. Esa primera ascensión fue toda una sorpresa, pero lo mejor aún estaba por llegar. Otro nuevo tramo de 20 metros, más empinado incluso que el anterior, que desemboca en un pasadizo que obligaba a agacharse para pasar. Desde ya, no es apto para cardíacos ni claustrofóbicos. Un pequeño descanso y uno nuevo pasadizo para desembocar en una cámara: la del Rey. La habitación, de forma rectangular, está iluminada por una luz tenue y las paredes de granito rojo son prácticamente lisas, sin ninguna decoración. Es un espacio despojado con un único punto de atención: el sarcófago vacío de granito del faraón, sin inscripciones. 

El asombro era grande para nosotros. Habíamos alcanzado ese lugar lleno de misterio y todavía nos quedaba desandar el camino para volver a la realidad exterior. Entonces la cantidad de gente ya era mayor, así que los trayectos obligaban a una mayor calma, ya que las escaleras para subir o bajar son las mismas.

Como en todo lugar de alta concentración turística, abundan los vendedores. Sólo resta poner buena cara y esperar a que se cansen. No faltará el que les ofrezca un paseo en camello (fundamental el regateo) o incluso les puede pasar como a mi pareja que le ofrecieron camellos por mí (sí, me querían comprar). Ahí sí el “no” debe ser categórico y son sonrisas porque no entienden el “chiste” y el ofrecimiento es serio.

Una alternativa a la visita a las Pirámides de Giza es el show nocturno. Nuestro guía nos pasó a buscar por la puerta del hotel y nos llevó hasta el lugar. El espectáculo resultó cautivador e impactante, ya que narra la historia de Egipto a través de los ojos de la esfinge. El evento dura aproximadamente una hora y es súper recomendable. Nosotros lo tomamos con guías en español, los hay en todos los idiomas.

Cuando regresamos del show, tuvimos la suerte de presenciar un “gran casamiento egipcio”. Vale destacar que entre las costumbres egipcias, una de las más destacables son las bodas. Son muy divertidas, las mujeres visten muchos brillantes y encajes por todos lados. Al entrar en el recinto donde se celebra la boda, se recibe a los novios con flautas, tambores, panderetas y otros instrumentos que ejecutan músicas típicas. La verdad que fue una experiencia colorida, vistosa y única. 

El Cairo más allá de las pirámides 

Entender la religión de la ciudad y visitar alguna mezquita es clave para entender un poco más sobre este hermoso país. En Egipto el 90% de la población es musulmana y hace de la religión no solo una práctica, sino que basan su vida en las normas que dicta el islam. Por eso visitar una mezquita puede ser toda una experiencia y ayuda a entender la idiosincrasia local. Nosotros acudimos a la mezquita de Amr Ibn Al As que forma parte de lo que en la actualidad se conoce comúnmente como el “Complejo multirreligioso”. La entrada es gratuita, pero es obligación cubrirse los brazos y las piernas. Si uno no posee algo para hacerlo, le facilitan una túnica. 

Otra de las visitas obligadas en Egipto es el Museo de El Cairo. En su interior, uno se puede perder días enteros visitando auténticas maravillas del antiguo Egipto. Allí se exhiben más de 120 mil objetos. Entre ellos, se destaca el famoso tesoro encontrado en la tumba de Tutankamón, compuesto por 3.500 piezas. Es sin dudas una colección única.

En materia de museos también es muy interesante y recomendable la visita al Museo del Papiro. Obviamente, este se encuentra dentro del circuito de compras, o sea que todo guía querrá llevarnos a la espera de que compremos algo y él obtenga un rédito. Pero independientemente de eso, el lugar y el hecho de que uno pueda aprender el proceso de fabricación, cortado y utilización del papiro bien vale la pena. La experiencia es interesantísima, sobre todo pensando que la técnica tiene más de 4.000 años.

El Bazar Khan el Khalili es un imperdible de El Cairo. Se trata de uno de los mercados más grandes del mundo y un lugar perfecto para comprar alfombras, perfumes, cosméticos y artículos de oro o artesanías en diferentes metales. Allí también se consiguen buenas reproducciones de objetos del Antiguo Egipto. Sin dudas, visitarlo es toda una experiencia. Algo muy interesante que nos pasó, es que alrededor de las 17 hs nuestro guía nos dejó en un local y no regresó por algo más de media hora. Estábamos solos, literalmente, en el mercado, sin entender bien qué estaba pasando. Resultó ser que ¡todos se habían ido a rezar!

A la hora de las compras, no hay que olvidar que Egipto tiene las mejores esencias del mundo. En Sheik Abdull Perfumes Palace & Handicraft Glass las hay de distintos tipos y fragancias, como flor de loto, secreto del desierto, jazmín, Cleopatra. Hay esencias para perfumar la casa y otras curativas para aliviar diferentes enfermedades, como el reumatismo, artritis, resfriados, gripes, dolores de cabeza… Y por supuesto, también de las clásicas que uno usa habitualmente para perfumarse. El lugar es una exposición-tienda-fábrica de esencias en las que uno puede adentrarse un poquito en la historia y poner a prueba su olfato, además de entregarse al placer.

Ahora bien, pasemos a lo que más nos importa a la mayoría. ¿Qué pasa con la comida? Nosotros probamos dos típicas y que nos gustaron mucho. Por un lado, un plato llamado Koshri, que consta de una base de arroz, lentejas negras, garbanzos, macarrones, todo cubierto de ajo y vinagre y mezclado con una salsa de tomate con especias. Por otro lado, probamos agua de flor de Jamaica. Se trata de una tisana que se toma tanto fría como caliente en todo el mundo. Ambas cosas súper recomendables. Ah, un detalle importante: ¡siempre beber agua en botellas cerradas!

El Cairo, puede resultar a los ojos del turista que va en forma independiente, como un territorio hostil, caótico, sin orden alguno y con unos grados insultantes de polución y suciedad, pero justamente allí también radica su atractivo. Uno puede hurgar en las calles del barrio islámico, encontrar en una esquina inesperada, en una calle perdida, una mezquita digna de ser visitada y quedarse en silencio, relajado, en su fresco interior, donde todo parece en armonía y donde se puede tomar conciencia de lo magnífico de este lugar de visita imperdible.

Tamara Panet lleva adelante junto a Lucas Paulos viajaresvivir.net, donde intentan mostrar sus vivencias a lo largo del mundo, haciendo lo que más les gusta: viajar. Desde el site y a través de las redes sociales, se pueden seguir sus viajes y recibir información de interés para recorrer todo tipo de destinos.

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