Café Tortoni

0

El Café Tortoni es de esos bares que, además de notables, deberían ser eternos.

Por Stefanía Goldammer

Inhibida, abrumada, descalificada. Todos esos sentimientos se me vinieron a la cabeza en el momento que pisé el Tortoni. Es que con mis casi treinta años encima, tiendo a creer que nada puede sorprenderme. Qué ilusa.

Lleva un segundo de silencio y contemplación darse cuenta de todas esas cosas que en la vorágine de la rutina nos perdemos. Así es que: Café Tortoni, tengo que empezar este artículo pidiéndole disculpas por andar tan cerca suyo tanto tiempo y no haberme tomado el tiempo de prestarle la atención que realmente merece.

En el año 1858, Jean Touan funda el Café Tortoni de Buenos Aires en Esmeralda y Rivadavia. En el año 1879 lo hereda Don Celestino Curutchet, quien persigue con anhelo romántico imitar un estandarte europeo de la época, en donde el Tortoni original parisino era un punto de encuentro y recibía las visitas habituales de artistas como Manet, Baudelaire y Victor Hugo. Cuando su café comienza de a poco a hacerse popular, se muda el local a un espacio más amplio, ubicado en Rivadavia 174, siendo el primero en abrir sus puertas sobre la Avenida de Mayo. Allí pasa a ser testigo absoluto de los acontecimientos más grandes que sucedían consecuentes al crecimiento y acomodamiento de la ciudad, que crecía arquitectónicamente cada vez más parisina y más poblada de distinguida hispanidad.

Curutchet era un apasionado de la observación en primera fila de cómo se desenvolvía la cultura porteña. Tanto disfrutaba de aquello que en 1926 cede su sótano entero a la famosa Peña de Quinquela Martín, que durante 17 años fue testigo y creadora de una explosión de cultura constante de la mano de nombres como Alfonsina Storni, José Ortega y Gasset, Jorge Luis Borges; figuras de la política como Lisandro de la Torre y Marcelo Torcuato de Alvear; Carlos Gardel y Juan Manuel Fangio; hasta prestigiosas figuras internacionales como Federico García Lorca y (dicen los rumores) Albert Einstein.

La Peña generó e inspiró la necesidad constante, a través del paso de los años, de que el Café Tortoni se mantenga encerrando en sus paredes momentos y situaciones, exhalando expansión cultural y social. Cada salón siguió siendo testigo de creaciones como El grillo de papel, El escarabajo de oro y El ornitorrinco, que fueron peldaños elementales en la dinámica literaria e intelectual de la Argentina de la época de los sesenta; el palco donde el tango fue el héroe cultural de los 70; “La venganza será terrible” de Dolina, de la época 1993-2002, con aquel público que se atiborraba para escucharlo hablar.

La retirada de Dolina generó un desafío para las autoridades del bar, que mantienen la llama para que siga siendo eterno testigo de momentos dichosos de cultura, donde el público pueda ir, formar parte y encontrar cobijo artístico. Actividades, anécdotas y experiencias de la mano de los artistas del hoy se siguen creando espacio en el bar cada vez que hay posibilidad.

Un gran hábito que este café supo mantener desde sus históricos inicios es el amor fiel que se va pasando a través de las generaciones. No solamente de artistas, turistas y público local, sino de la misma gente que trabaja en y con él, desde el rango más ejecutivo al inicial de salón. Los trabajadores se cargan a la espalda de manera diaria un pedazo de historia para mantenerlo andando y brillando en la compleja y desinteresada sociedad de hoy día.

Entre las lámparas Tiffany originales, las mesas de mármol que acompañan desde su primer apertura, los vitreaux que adornan el techo, los churros con chocolate y la sidra tirada, es en estos tiempos que corren de desmoronamiento intelectual y moral que el Tortoni acepta el desafío de seguir con este anhelo desesperado y necesario de cultura. Y para pelear contra la mediocridad del día que la modernidad intente meterse con él, va a tener siempre un ejército de amantes dispuestos a luchar por este imponente edificio creador de maravillas.

Please follow and like us:
Share.

About Author

Leave A Reply

Suscribite!