Estocolmo, la Venecia del norte

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Estocolmo, la capital y ciudad más grande de Suecia, nos recibió con 10 grados bajo cero y un fuerte viento que hacía que caminar desde el metro al hotel fuera una verdadera odisea.

Fotos y textos: Luz Zarantonello

El blanco a esta altura del año es el protagonista absoluto del paisaje de una ciudad que no se detiene en su constante crecimiento a pesar de la inclemencia del tiempo. Amanece tarde y luego de un rápido desayuno, el día invernal debe ser aprovechado al máximo para recorrer los rincones de esta ciudad.

El sistema de transporte, perfectamente comunicado, hace que llegar a cada punto turístico sea fácil y rápido. Y no solo esto, un simple ticket de metro permite al visitante vivir el arte de una forma especial, porque desde hace apenas unos años cada estación exhibe una temática particular que hace que el viaje se disfrute de comienzo a fin. La fabulosa red de metro de Estocolmo ostenta el título de ser la galería de arte más larga del mundo, gracias a que 90 de sus 100 estaciones se han convertido en soporte de obras de arte de reconocidos artistas del panorama artístico internacional.

Fuera del subte, sobre la superficie, la capital de Suecia encandila con sus innumerables atracciones que contribuyen a que sea una de las 20 ciudades con mejor calidad de vida, hecho que se percibe también en su gente y en la sensación de bienestar y despreocupación general.

Sin duda, es fundamental descubrir esta ciudad, recorrer y perderse en las calles y pasadizos de la ciudad vieja: Gamla Stan. Se trata de la más grande y mejor preservada ciudad medieval de Europa (cabe destacar que Estocolmo fue fundada en el año 1252). Allí el casco antiguo resguarda las principales atracciones: el Palacio Real, el Museo Nobel y la Catedral, donde en junio de 2010 se celebró la boda de la Princesa Victoria.

A través de un magnífico laberinto de calles adoquinadas entre tiendas, hoteles y restaurantes (los hay hasta montados en antiguas cárceles, como el café Sten Sture), es difícil imaginarse que esa fuera en otros tiempos la zona más pobre y marginal de Estocolmo.

Como apuntamos al comienzo de la nota, la luz del día se retira muy temprano, pero la ciudad parece no percatarse de esta situación y continúa a su ritmo. La oscuridad y el frío intenso nos ofrecen la excusa perfecta para hacer turismo interior. Así que nos dirigimos al famoso museo Fotografiska, ubicado en la isla de Soder, junto al muelle de grandes barcos que surcan el Báltico. Este centro de exposiciones internacionales con más de 2.500 m2 es un perfecto lugar de encuentro entre la fotografía y el arte moderno. Se distingue no sólo por la calidad de sus exhibiciones, sino también por su academia y el bar/restaurante en el piso superior que ofrece vistas privilegiadas. A nosotros nos recibió en su primer piso con Ellen von Unwerth y su “Devotion! 30 Years of Photographing Women”, una muestra que fue sólo el comienzo de un gran recorrido por otros artistas y obras. Sin duda, vale la pena visitarlo.

Fotografiska se ubica junto a un hermoso muelle, desde el cual también se pueden disfrutar bellas postales de la ciudad. Desde allí un espectáculo único es ver las luces encendidas del Gröna Lund, un histórico parque de atracciones situado en la isla de Kungliga Djurgården, al lado de Skansen.

Luego de tanto turismo y recorrido, sumados al frío que obliga al organismo a sumar calorías, el apetito se abre y uno descubre otro de los grandes atractivos de esta ciudad tan cosmopolita: su gastronomía. Comer en Estocolmo ofrece un sinfín de variedades, pero sin duda, y aunque no se trate de un plato en particular, una de las comidas saladas más populares de esta ciudad es el smörgåsbord. Se trata de un bufé variadísimo con más de 40 platos diferentes: pan casero, mantequilla, platos fríos y calientes preparados con arenque, queso, salmón, albóndigas suecas, salchichas, paté y una gran cantidad de guarniciones sabrosísimas.

El smörgåsbord (tablas de bufet) se encuentra en una gran cantidad de restaurantes de Estocolmo, sobre todo al mediodía, a la hora del almuerzo. Se paga un precio único y uno puede comer tanto como quiera. Si el paladar es diferente y uno es vegetariano, celíaco o  vegano (como en mi caso), no hay ningún inconveniente a encontrar una alternativa en cada plato, haciendo aún más fácil saborear sus comidas. Sin dudas, estamos en una ciudad para todos los gustos.

Estocolmo es una urbe por la que resulta fácil desplazarse a pie, ya que el centro es en su mayor parte llano e ideal para pasear. Para las visitas a lugares más alejados, la mejor manera de moverse es por medio de la excelente red de transporte público. El tranvía es la alternativa ideal para acercarse a otros de los destinos imperdibles de la ciudad: Vasamuseet (Museo Vasa) es el museo más visitado de Suecia. Contiene el buque de guerra Vasa que se hundió en el puerto de Estocolmo durante su viaje inaugural, en 1628. El buque fue construido por orden del rey Gustavo Adolfo y estaba considerado el galeón más poderoso de su época. Fue rescatado y sacado a flote en 1961, más de 330 años después.

Hoy, tan solo traspasar la puerta del museo y encontrarse con el imponente navío en toda su expresión, impacta. Y saber que el 95% de su estructura es original, pone la piel de gallina. Cada detalle, cada rincón, traslada a la antigüedad y el museo lo potencia permitiendo interactuar, conocer y aventurase en la época a lo largo de su extenso recorrido. En las afueras, el muelle con sus grandes barcos y la vista es también otro motivo para visitarlo.

Volviendo a la ciudad y su centro neurálgico, el Ayuntamiento de Estocolmo es un gran edificio, donde está representada la parte administrativa de la capital sueca y que es conocido mundialmente porque en sus salones azul y dorado, se celebran la ceremonia y el baile de la entrega de los premios Nobel cada mes de diciembre.

Skansen fue fundado en 1891 y es el museo al aire libre más viejo del mundo. Este acoge casas antiguas de distintas épocas, un zoo con animales nórdicos, tanto salvajes como domésticos, y un centro de celebraciones y festividades tradicionales. Situado en la isla de Djurgården, Skansen es un museo particular, ya que además de apreciar los típicos animales de Escandinavia, como alces y osos, permite conocer la historia de Suecia: cómo se vivía en comunión con la naturaleza, las costumbres y tradiciones de la época, cómo se trabajaba, qué fiestas se celebraban y cómo era el día a día.

El arte moderno también tiene su lugar en la ciudad y es en el Moderna Museet. Este museo es obra del arquitecto español Rafael Moneo, quien reconstruyó el mismo partiendo del edificio original (inaugurado en 1958). Considerada una de las obras más importantes del arquitecto navarro, exhibe piezas de importantes artistas universales del siglo XX como Picasso, Dalí, Duchamp o Matisse, hasta obras de artistas contemporáneos. El museo es famoso también por haber sido objeto de robos legendarios.

Y para los fanáticos del grupo musical sueco más exitoso de todos los tiempos: el Museo ABBA exhibe todo lo relacionado con esta banda que se convirtió en uno de los responsables de la expansión internacional de la música pop, vendiendo nada menos que 378 millones de discos. El Museo ABBA recorre la historia de la banda desde sus fundación en 1970 y el impacto de Waterloo en 1974 a las grandes giras internacionales y la separación en 1983.

Los días pasan y parece que son pocos al descubrir esta ciudad, repartida en 14 islas y donde más del 30% del área que ocupa la ciudad es agua y otro 30% está formado por parques y espacios verdes. Cada detalle, cada construcción, cada calle y cada minuto hace que sea un destino más que recomendable a la hora de programar el próximo viaje al viejo continente.

www.visitstockholm.com

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