Tasmania, la isla olvidada

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Por Tamara Panet @viajaresvivir_ 

Es mucha la gente que busca los destinos tradicionales para sus vacaciones, incluso nosotros a veces lo hacemos. Pero debo reconocer que nuestra afición a los viajes pasa por otro lado. Si hay algo que nos caracteriza, es la búsqueda de destinos nuevos, distintos o menos transitados. Nos gustan esos lugares donde no se sabe bien qué es lo que uno encontrará y que ante el comentario, la mayoría pregunta ¿y eso dónde queda?

Bueno, así llegamos a Tasmania. ¡Claro, el famoso animalito tomó el nombre de la isla que habita!

Tasmania se había convertido en el último tiempo en ese pedacito del fin del mundo que nos quitaba el sueño. Teníamos muchas ganas de ir a ese pequeño desprendimiento australiano que muchos dejan olvidado, tal vez por falta de tiempo o quizás porque desconocen su existencia. Lo cierto es que este estado australiano es un pequeño paraíso sin explorar, allí se pueden encontrar desiertos, montañas, playas y bosques tropicales.

Volamos a Tasmania desde Sidney. El aeropuerto de Hobart no es muy grande e incluso cierra durante la noche, dado que no hay vuelos. Habíamos reservado una van por internet y esperábamos encontrar algún stand dentro del edificio donde pudiéramos retirarla. Costó un poco, pero finalmente dimos con él dentro del mismo predio del aeropuerto, pero atravesando todo el estacionamiento.

Hoy ya con el viaje realizado podemos asegurar que fue la mejor forma de recorrer la isla. Pero es fundamental tener en cuenta que las campervan deben cargarse de combustible todos los días, el riesgo a quedarse en el medio de la nada es muy grande y puedo asegurar que no será nada agradable. Ah, claro, se conduce del lado derecho por lo que habrá que habituarse e ir con cuidado extremo.

Una vez que nos entregaron el vehículo, fuimos directo a llenarlo de provisiones para emprender la travesía en este inhóspito territorio. En el centro de Hobart, la capital del estado, es fácil encontrar comercios que alquilen o vendan material de camping y por supuesto, comida y bebida suficientes para sobrellevar cualquier aventura en la isla.

Como nos gusta hacer los viajes tranquilos, decidimos dedicar nuestros días a explorar únicamente la costa este de Tasmania, disfrutando de los paisajes, la naturaleza, el aire puro (aseguran que es el más puro de Australia, dado que tiene la brisa del océano Índico) y las increíbles noches de cielos estrellados.

Emprendimos el viaje hacia Port Arthur. El camino nos fue entregando la variedad geográfica que distingue a la isla y un despliegue enorme de fauna local, desde aves hasta canguros y demonios de Tasmania que abundan tanto que, al igual que perdices y comadrejas en territorio argentino, suelen ser víctimas de los vehículos en la ruta.

Nos esperaba el camping Holiday Park. En realidad no nos esperaba demasiado, ya que teníamos que llegar antes de las 18:00, hora de cierre de la recepción. No hay muchos campings en la zona, por lo que es importante asegurarse uno y llegar a tiempo. La gran particularidad de este lugar era la llamativa presencia de wallabies por todos lados, saltando y huyendo nerviosos de la gente. Otro detalle que llamó nuestra atención fueron las duchas cronometradas para controlar el uso del agua, apenas diez minutos desde que se accionaba el botón.

Era la primera noche en este fantástico lugar y el cansancio del viaje sumado a la ansiedad por seguir descubriendo la isla, fue ganando terreno. Después de la cena y ya listos para dormir, apenas tuvimos fuerzas para escuchar los gritos de los demonios de Tasmania que se abrían paso en la profundidad de la noche, ¡todo un clásico!

foto: shutterstock.com

Port Arthur es famosa por su histórica prisión construida en 1830 y convertida en museo en la actualidad. Hasta aproximadamente 1850 llegó a albergar 1.100 convictos y la prisión era famosa por dos causas: su extrema crueldad y porque era imposible escaparse de ella, dado que está enclavada en una isla rodeada de aguas infestadas de tiburones. Claro que hubo alguien que rompió con esa imposibilidad y fue el ladrón Martin Cash, quien junto a dos amigos logró la hazaña y la contó en su autbiografía “Las aventuras de Martin Cash” (1870). La zona de la prisión también es famosa por la masacre de 35 turistas en 1996, hecho que propició nuevas leyes para imposibilitar la tenencia de armas.

Al día siguiente partimos hacia el norte, lo que más ansias nos producía era conocer Freycinet National Park y Wineglass Bay. Hicimos en campervan unos 160 km hasta llegar a Coles Bay, donde nos detuvimos en un atractivo camping frente a Muirs Beach, una hermosa playa que nos entregó atardeceres de esos que difícilmente se olvidan y un cielo poblado con infinidad de estrellas.

El trekking es la opción para descubrir esta región, por lo que al día siguiente preparamos la mochila y nos dispusimos a llegar al mirador de Wineglass Bay que forma parte del famoso Parque Nacional Freycinet. Aquí no se llega en auto y el circuito demanda dos horas de caminata con un cierto nivel de exigencia, pero que tienen su premio: una playa paradisíaca donde no dudamos en tomar un baño y descansar al sol. Antes del regreso subimos al famoso mirador que ofrece una postal increíble de la bahía. En realidad todo el circuito va ofreciendo paisajes que ayudan a matizar lo duro de la caminata. Es importante asegurarse buen calzado, comida y bebida suficiente antes de encarar cualquiera de las opciones de trekking, además de recordar que todo la distancia que se camina hay que volverla a cubrir a la vuelta, por lo que hay que ir regulando las energías.

Al regreso decidimos hacer un stop en otra playa llamada Great Oyster Bay. Allí contemplamos el atardecer junto a decenas de gaviotas que volaban alrededor nuestro. El lugar pertenece al Freycinet Lodge que tiene un restaurante muy bonito, por lo que decidimos quedarnos a cenar ahí. El surtido de pescados y frutos de mar que incluía langosta, una de las especialidades de Tasmania, fue un verdadero premio a la travesía que aún no concluía. Al finalizar la cena, la noche se había cerrado y el camino estaba realmente oscuro. Estabamos en grupo, así que los hombres fueron en busca de la van y nos quedamos aguardando. Lo único que recuerdo de ese momento en donde el miedo empezó a invadir nuestros cuerpos, fue la poca contaminación lumínica que hace que el cielo sea una obra de teatro y que parezca irreal estar allí.

Como dijimos, Coles Bay ofrece la posibilidad de realizar excursiones de trekking, no sólo Wineglass Bay. Son varias las playas a lo largo de la bahía y una es más fascinante que la otra. A todas ellas se accede caminando varias horas. Honeymoon Bay, Hazards Beach, Cooks Beach, son algunas de las que vale la pena visitar. ¿El agua? Fría, pero la temperatura ambiente invita al chapuzón.

Al día siguiente seguimos recorriendo y era el turno de conocer Friendly Beach, una playa que se encuentra fuera de la península pero que sigue siendo parte del Parque Nacional de Freycinet. Sin dudas, es una de las joyas ocultas de Tasmania. Mientras estuvimos ahí descansando y disfrutando viendo a los surfers hacer lo suyo, unos amiguitos nos vinieron a saludar… Eran wallabies o más bien, canguros pequeños; es común encontrárselos por la isla. Puede que les suene redundante, pero podemos asegurarles que no lo es: nos volvimos a entregar al atardecer, que deslumbra con los colores del cielo y el azul profundo del agua de Coles Bay.

Los 168 kilómetros que separan Coles Bay de Hobart se caractrizan por su vegetación, su fauna y los paisajes dignos de ser adminados. En el camino las playas se van sucediendo y casi que obligan a una pausa para llevarse aunque sea el recuerdo de una foto. Antes de llegar a Hobart decidimos hacer un alto en el Bonorong Wildlife Sanctuary. Muchos se preguntaran ¿qué es este lugar? Bonorong es un santuario para la vida silvestre. Una visita a este lugar es una oportunidad para acercarse más que nunca a algo tan salvaje y frágil como la fauna local. Es la posibilidad de encontrarse cara a cara con animales que se extinguieron hace mucho tiempo en otras partes de Australia y que ahora es preciso proteger.¿Por qué elegimos este lugar para visitar? Quisimos unirnos a la causa, ellos ayudan a los animales y los tienen en rehabilitación un tiempo para luego regresarlos a la vida silvestre. Con la entrada, compramos comida para alimentar a los canguros que se acercaban super amistosos. Sus uñas pinchaban un poco, ¡pero era tan divertido verlos!

Tasmania es el hogar de una increíble variedad de animales, incluidas cuatro especies de marsupiales que ahora no se encuentran en ningún otro lugar del mundo. Estos son el demonio de Tasmania, a quien conocimos tan de cerca como para descubrir su ferocidad (apenas escucha un ruido, muestra los dientes), el Quoll oriental, el Pademelon de Tasmania y el tímido Bettong de Tasmania. También hay doce especies de aves endémicas en el estado, algunas de las cuales se encuentran entre las más amenazadas del mundo. Todos los que pisemos esta isla, como cualquier otro lugar del mundo, somos responsables de nuestros actos para poder cuidar de ellos.

foto: shutterstock.com

Luego de Bonorong, volvimos a Hobart. Es increíble ver una ciudad tan armada después de varios días de fauna y naturaleza plenas. Es como si se cruzara un puente o se estuviera soñando para despertar en otro lado distinto, totalmente alejado del anterior. Sumergirse en la brisa marina, la cultura creativa y la historia colonial de Hobart, asentada a orillas del ancho río Derwent y a la sombra del monte Wellington, parece surrealista aunque se trate tan sólo de una ciudad como las que estamos acostumbrados. Nuestras primeras impresiones fueron: qué limpio, ordenado y correcto que es todo esto que vemos. Combina el encanto del patrimonio con un estilo de vida moderno, en un entorno de excepcional belleza. No es de extrañar que medios internacionales califiquen a Hobart como uno de los diez mejores lugares del mundo para visitar en este momento. No solo es la capital de Tasmania, sino que es la segunda capital más antigua de Australia, después de Sydney. Con su cautivadora historia, pintorescas vías fluviales, montañas escarpadas y experiencias gourmet, la ciudad tiene algo para todos.

Durante los fines de semana se puede disfrutar allí del Salamanca Market, un mercado callejero en Salamanca Place que se lleva a cabo los sábados entre las 8:30 y las 15:00. Allí se ofrecen una variedad de productos de toda Tasmania, que incluye frutas y verduras frescas, productos gourmet, alimentos, plantas, ropa, joyas, libros, música, juguetes, regalos, recuerdos, arte, artesanía y artículos únicos hechos a mano. Vale la pena recorrerla y entremezclarse con los locales.

En muy poco espacio esta ciudad ofrece una historia apasionante, animales únicos y una dinámica imposible de olvidar. Por supuesto, la gastronomía ocupa un lugar importante y hay una gran variedad de restaurantes y cervecerías al estilo dublinense. Obviamente, nos dejamos tentar y para celebrar la última noche de nuestra corta estadía de cinco días, luego de enfrentar la dificultad de estacionar la van, nos entregamos a la cerveza y la picada en el centro de la ciudad.

Al otro día, condujimos hasta el aeropuerto y emprendimos el regreso a casa. Sabíamos que el contraste con el resto del mundo sería enorme pero el gustito de entregarse a lo inexplorado, con la recompensa de todo lo vivido, no nos lo quitará nadie.

Foto principal: shutterstock.com

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