Ruta 40 Río Negro y Neuquén: Entre los bosques, lagos y la cordillera.

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Desde Río Negro hasta el final de Neuquén la Patagonia abraza al viajero y ofrece desde la Capital del Turismo Aventura (Bariloche) hasta el Camino de los Siete Lagos y un escenario de naturaleza protegida único en el mundo. Diez perlas con historias para conocer y los senderos para vivir, sentir y soñar en el bosque nativo.

Por Sonia Renison

El otoño patagónico brinda los colores rojos en todos sus tonos, hasta el fuego. Los ocres, marrones y también los verdes. El sol se apaga pronto pero su luz dorada enciende los recorridos. Es romántico el tramo rutero de la mítica Ruta Nacional 40 que une Río Negro con Neuquén y le imprime la fragilidad y el encanto de los caminos por entre las áreas protegidas, antes de la llegada de la nieve que atrapa a los apasionados de los deportes invernales y quienes buscan un refugio para el alma.

Pero se trata de travesías ruteras en las que es posible incluso sumergirse hasta sentir los latidos de la naturaleza.

En una mirada ágil al mapa rutero, se podrán encontrar rincones imperdibles a un lado y a otro de este gran corredor escénico que plantea “La 40” desde El Bolsón (Capital Nacional del Lúpulo), El Foyel, Dina Huapi y la estrella, San Carlos de Bariloche, donde la experiencia del destino promete un abanico de posibilidades para todo el año.

Es desde aquí donde la novedad rutera se une a una propuesta escénica por el que siempre se conoció como El Caminos de Los Siete Lagos, que une a la vecina localidad neuquina de Villa La Angostura con San Martín de Los Andes y Junín de Los Andes, en Neuquén.

Y lo que para muchos es un alivio, dado que los 110 kilómetros hoy son de asfalto, para otros es la posibilidad de llegar tranquilo a cada pueblo y contar con más tiempo en cada stop para hacer pie en la naturaleza que ofrecen. Porque aquí, además, se unen los Parques Nacionales: Nahuel Huapi (el primero que tuvo la Argentina) con el Parque Nacional Los Arrayanes y el Parque Nacional Lanín, ya en San Martín de Los Andes, en suelo neuquino.

Para caminantes

Los expertos en turismo activo sostienen que la mejor forma de descansar en un viaje es realizar una actividad diferente a la rutina diaria que se acostumbra. Y esta es la razón para que las propuestas para los viajeros más exigentes combinen una experiencia diseñada en contacto con la naturaleza.

Muchos conocen el Volcán Lanín y ha sido el leitmotiv de los escaladores deportivos. Sin embargo, en las 412 mil hectáreas que abarca el Parque Nacional que lo contiene, hay más de ochenta opciones de senderismo de distinta dificultad para que todo aquel que busque naturaleza, la sienta en cuerpo y alma.

Lo increíble de esta área protegida es que alberga unas once comunidades mapuches y desde el mismo pueblo de San Martín de Los Andes se accede al Parque caminando o en vehículo.

También en el centro está la intendencia del Parque, en una casona histórica ubicada  en la plaza. Allí conviene siempre avisar antes de aventurarse, abonar el “pase” correspondiente y buscar toda la información y recomendaciones acerca de los circuitos y excursiones que se pueden realizar en el mismo.

“Si uno sumara todos los kilómetros de senderos que ofrece este parque, llegaría a contar unos 380 kilómetros para recorrer de a pie”, le contó a Travel Magazine Horacio Pelozo, el intendente del Lanín, a quien todo el mundo conoce en la región porque es un poblador más y suma 32 años de guía de montaña.

Como experto, sabe que el ascenso al volcán Lanín (que se realiza desde octubre hasta Semana Santa de cada año) es uno de los desafíos más difíciles para los amantes del andinismo y requiere preparación física y técnica y guías especializados, mientras que el senderismo es familiar y en los últimos años se han diseñado opciones especiales para todas las edades.

Tampoco es dejar la vida si uno es apenas un mortal que quiere asomarse a este mundo del outdoor. Por eso, todo está pensado a escala humana y para el disfrute.

“El senderismo es la mejor propuesta que puede desarrollar un parque, un área protegida, porque se convierte en una EXPERIENCIA. El visitante, el viajero, el turista que puede hacer una caminata queda marcado por esta vivencia. Se nota un cambio de actitud en relación a vivir y sentir la naturaleza en estado puro del lugar y transmite la idea a sus conocidos”.

Claro que una forma es ver desde la ventanilla del vehículo el bosque y los lagos y muy distinto en sumergirse en la inmensidad y el silencio de la espesura natural.

Historia forestal

Hay un recorrido imperdible que comienza con historia. Se trata de una época anterior a que fuera parque nacional y es adonde se afincó en 1904 el matrimonio Van Dorsser, inmigrantes holandeses y, créase o no, esta región era especial para la explotación de maderas. Así es como se instalan en el paraje Hua Hum, cerquita del Lago NonThué. Hoy casi no se ve a nadie más que a los guardaparques y caminantes. Pero cuenta la historia que treinta años después vivían en la zona un millar de personas. Hoy hay una seccional aquí y está el “castillito”, una construcción de madera histórica que fue reconstruida hace unos años y está impecable. Se puede visitar y funciona como museo de sitio.

A partir de aquí el sendero autoguiado conduce al visitante a través del bosque, cruzando puentes sobre ríos y arroyos, hasta el primer stop, donde funciona un camping libre y si las fuerzas le alcanzan, donde el cartel anuncia el desvío para conocer la cascada Chachin.

Todo es tranquilo. El comienzo en un camino vecinal allana la marcha hasta que se ve, luego del cruce por un puente de madera, un riacho de aguas transparentes y cada diez minutos, la cartelería anunciando la proximidad de una seccional de guardaparques o recomendaciones para el caminante. ¿El detalle? Acostumbrar la vista a la señalética del sendero autoguiado: una madera del tamaño de una mano y a la altura de dos metros que asomará de tanto en tanto desde los troncos de los árboles. La misma lleva pintados los colores de la bandera argentina, así que es sencillo, no hay que desesperar, generalmente cuando surge la duda siempre aparece la señal salvadora que aclara el panorama.

Una vez dentro del bosque, es fundamental sentir y descubrir los aromas de las plantas, la humedad que resguarda el ambiente y el sonido de las aves y de las propias pisadas sobre la hojarasca. Hay hongos de todos los tamaños y colores. Pequeños helechos, musgos y líquenes que si son acariciados por un rayo del sol, destacan el verde y ofrecen una “pintura” a la vista.

Los senderos en su mayoría permanecen abiertos todo el año, lo que ocurre es que, como el sentido común indica, es más amable hacerlos con clima templado y lo mejor es comenzar temprano por la mañana para que pasado el mediodía y tras un picnic en el lugar, se pueda retornar tranquilo.

Estreno por agua

De los varios circuitos a recorrer, por supuesto que el más sencillo es la costa y las playas del Lago Lácar, junto al cual se erige San Martín de los Andes, con su costanera, sus restaurantes y cervecerías balconeando hacia ese gran espejo de agua.

Los lagos Lácar, Escondido, Meliquina, Machónico, Lago hermoso, además del Lolog y Hua Hum, son los más cercanos a San Martín de los Andes mientras que hacia Junín de Los Andes son los lagos Curruhué Grande  y Chico, Huechulafquen y Paimún los que componen el paisaje.

El parque une a los dos pueblos cordilleranos y desde Junín de los Andes, se accede a una de las excursiones más emocionantes para toda la familia. Desde la Ruta Nacional 40 hacia la RP 61, donde se encuentra la boca del río Chimehuín, el sitio se convierte en un mirador natural que se abre desde el lago Huechulafquen y es la cita ideal para los pescadores deportivos de todo el mundo.

El camino es de ripio prolijo y se llega hasta el portal de acceso donde está la seccional de guardaparques, con baños y señal de internet, así que a agendar el dato y tomarse su tiempo. La cima del Lanín se advierte nomás desde el portal y exige la foto clásica.

El acceso lo conduce a uno hasta Puerto Canoa, desde donde parte la embarcación que a través de los lagos Huechulafquen y Paimún permitirá llegar al punto donde se ve  “la mejor cara” del Volcán Lanín.

Uno de los paseos en lancha que se estrenó por primera vez este verano lo diseñaron Ángel Ramos (el capitán) junto a su guía y compañera, Macarena Inalef, y lo realizan en una embarcación Traker para diez pasajeros, equipada con todos los elementos de seguridad e instrucciones para la navegada. La excursión se llama “Paimún Al Límite” y es con guiada especial porque cuentan historias locales, de las comunidades y de la avifauna que puebla la zona y los detalles del paisaje, como las construcciones que se ven durante la travesía, entre las que se destacan la famosa hostería Paimún, el camping y la capillita histórica.

El juego en espejo de las rocas sobre el lago sorprende por su belleza y magnetismo. A medida que se avanza x las aguas del Paimún, el volcán Lanín se muestra y revela cada vez más impecable. Hay un cerro llamado “Piedra Mala” porque se interpone y lo tapa por unos momentos pero al final, cuando ya está fuera de línea, la imagen del cono blanco es majestuosa.

Lo de “Límite” es porque donde termina el lago hay una playa pequeña y amorosa rodeada de bosque y que invita a reposar mirando sin tiempo el inmenso volcán. Leyendas y creencias acompañan en el mediodía soleado e invitan a pensar en los pobladores que nacieron aquí, como Martín Lemunier, de 104 años, y que se adivinan en sus moradas tras los bosques que trepan hacia las cimas de los cordones que cobijan la escena.

El cielo turquesa, el agua transparente, impecable y quieta y la espesura verde acompañan la jornada de relax en la que se contempla el diamante perfecto que reflejan los 3.747 metros de volcán hacia el lago. Un tentempié gourmet, aguas, fruta, infusiones, permiten estirar las horas que al correr junto con el sol, mostrarán otro camino sobre el lago en su regreso.

La novedad de ser la primera excursión para todo público que navega hasta el “Límite” se convirtió en la revelación de la temporada de verano 2017 y aguarda ser la mejor excusa para sentir la naturaleza plena en el Parque Nacional Lanín en el futuro.

El final de la temporada de pesca deportiva fue a toda fiesta. Se desplegó una flotada con antorchas el último fin de semana de mayo, con la primera edición del Festival Gastronómico Casteando Sabores. Ciervo, truchas, quesos y delikatessen rodearon la cita para paladares exquisitos que, entre otros, sumó a un chef pionero en la movida gourmet de estos lares,  como Pablo Buzzo. Lo cierto es que quienes llegan hasta aquí en travesía, saben que estirar las piernas forma parte de los viajes y en pleno Junín de Los Andes, el Vía Christi erigido sobre la montaña por el arquitecto Alejandro Santana también estrena recorrido y se presenta como excusa. Está en la cima y es el Cristo Luz. Realizado en vidrio con luces alimentadas con paneles solares, se enciende cuando se apaga la tarde y uno siente que se ilumina el alma.

Más datos:

En San Martín de los Andes, recorrer en otoño la calle Los Cipreses (junto al antiguo camping del ACA) permite apreciar toda la flora con los colores del otoño y la arquitectura cuidada.

El Museo “La Pastera”, donde durmió el Che Guevara en su recorrido en moto, los bares de picadas artesanales, las chocolaterías y la costanera junto al lago, son imperdibles.

En Junín de Los Andes, el recorrido del Via Christi son 23 estaciones que relatan la evolución de la humanidad y en la cima de la montaña el “Cristo Luz”, realizado en vidrio y alimentado con paneles solares, reúne la cosmovisión andina.

Restaurante La Costa, frente al embarcadero del Lago Lácar (San Martín de los Andes), ofrece manjares con ingredientes locales y en platos suculentos.

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