Claves para conocer la ruta 40 mendocina

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La travesía rutera por La 40 en territorio mendocino ofrece cinco experiencias claves donde la aventura, la historia del planeta y la cultura viva en las costumbres de los puesteros de campo, se conjugan con el desierto de Huayquerías y la Laguna del Diamante. Viaje de culto en el Valle de Uco.

Por Sonia Renison / Fotos por Daniel Bragini / Turismo San Carlos / Mendoza

 

El paisaje es una continuación de la Patagonia argentina cuando uno se sumerge en Cuyo desde el sur mendocino y, de pronto, una cremallera gigante se abre e inunda la escena. Es el valle del río Grande que talló en el escorial y formó a fuerza de tiempo y erosión las “pasarelas del río Grande”. Este rincón del sur mendocino es famoso por su imagen volcánica, tanto que muchos aventuran que en la reserva, hoy sitio Ramsar de “La Payunia”, hay una concentración de unos 800 conos volcánicos.

Una travesía rutera por la Ruta Nacional 40, revelará un sinfín de historias y paisajes increíbles desde su kilómetro Cero en Cabo Vírgenes, en la provincia de Santa Cruz, Patagonia argentina, hasta sus más de 5.200 kilómetros, en La Quiaca, Jujuy, límite con Bolivia.

Y es en la Octava Capital Internacional del Vino, título que ostenta esta provincia famosa por sus vinos y bodegas, donde en su oasis sur, el Valle de Uco, la mixtura del paisaje e historias proponen claves para conocer el corazón de una travesía rutera.

Así, desde La Cuesta del Chihuido hasta el Desierto de las Huayquerías, pasando por la Ruta Escénica, Vieja Ruta 40  hasta la Laguna del Diamante, la primavera y el verano son las temporadas ideales para disfrutar de estas alternativas.

Multiaventura

Hay un alto en el camino para toda la familia y es el punto elegido para descansar cuando uno emprende este tramo rutero, porque aquí donde hace apenas diez años no se veía más que ripio y montañas en una traza que serpenteaba entre el cielo y la Ruta 40, hoy asfaltado y muy cerquita de Bardas Blancas, está el Complejo de Turismo Aventura Turcara.

Tan sólo acercarse y tomar un refresco en el deck de recepción, nos mostrará todo el paisaje de la región. Pero además, una tirolesa y un rappel lo convierten en una atractivo en esta parte del mapa rutero. Además, las instalaciones están preparadas para el turismo responsable y cuentan con camping, parrilla y el pequeño centro de servicios con luz eléctrica y baños.

La perla está en hacer el sendero con guía por la Huella de los fósiles, porque uno camina sobre unos 160 millones de años, relatados en las improntas de los fósiles que se ven a flor de suelo y que permiten advertir cómo era este sitio en los tiempos remotos del planeta.

Para muchos, el sur mendocino podría resumirse entre El Sosneado y Malargüe, famosos por su enclave en el centro de esquí Las Leñas, pero es en una travesía rutera donde las perlas del camino invitan a conocer los secretos de un territorio.

El enigma del desierto

Es en el Valle de Uco, riquísimo con sus fincas y viñedos, con sus plantaciones de frutales, pasturas y aromáticas, donde uno se sorprende hacia el Este con un desierto que, en un instante, transporta hacia paisajes diferentes, ocultos, secretos. 

Uno de los mentores en revelar los secretos de la Ruta 40 es Ricardo Funes, quien insiste en este viaje. Es sancarlino. Hace mil años que busca las perlas de su territorio, para revelárselas a los visitantes. Tiene más de quince expediciones al “Techo de América”, el Aconcagüa, pero cada vez vuelve a elegir este rincón del desierto para sentir la paz de la naturaleza.

A esta altura, el desierto de Huayquerías alberga más de cien cañadones donde se cobijan ojos de agua. En uno de ellos, el Cañadón de La Salada, se puede hacer un trekking que conduce hacia la entraña de la montaña y donde una laguna que, según el sol o la luna se tiñe de dorado o de color azul, es el imán para los apasionados de estos recorridos que se impregnan de mística con las leyendas ancestrales del lugar.

La experiencia empieza cuando cae la tarde porque es el momento en el que el gran desierto se tiñe de naranjas y morados intensos y el cielo se vuelve más azul. Tan sólo pensar que son más de 75 millones de años a nuestros pies, se estremece el alma. Y es en la primavera o el verano cuando el clima se vuelve más amable en la montaña. Algunos creen que es una mini Talampaya (como la formación Ischigualasto que comparten La Rioja y San Juan, con el Valle de La Luna). Este desierto poblado de cañadones se formó cuando emergió la cordillera frontal que secundó a Los Andes, originados 450 millones de años antes.

Los muros de areniscas, los silencios y la luna llena que ilumina el camino dentro de estas formaciones, son parte de su riqueza que, con la melodía de un violín que ejecuta un músico a la vuelta de un cañadón y la receta ancestral que imprimen Vanesa y Carlos Farías de Ucocina, el recorrido cobra mística y llega al alma. Son siete kilómetros de cauce seco por donde se adivinan vertientes naturales que luego se unirán al río Tunuyán. El sendero hasta el corazón del desierto, entre cañadones, con luces y sombras, con silencios y sonidos del atardecer, es parte de su encanto.

Tan sólo el nombre de “Huayquerías” generó muchas explicaciones porque todos creían que se trataba de un vocablo quechua, pero al final los descendientes de los pehuenches reconocieron la palabra y la relacionaron con el lugar donde se preparaban los guerreros.

Dicen que fue un viajero español quien hace un par de años llegó a Huayquerías luego de recorrer parte de la Argentina y el mundo en viajes gourmet. Pero fue aquí, entre el silencio, las leyendas, la simpleza de la naturaleza y la noche, que el viaje se convirtió en experiencia y lo definió como su rincón en el mundo. Porque -dijo- de todos los lugares en los que estuvo, jamás imaginó compartir su soledad en 360 grados de cañadones y cielo.

El serpenteo de tierra y murallas se esconde en la noche y son apenas minutos, en auto, los que llevan de regreso a los visitantes hasta el pueblo de San Carlos, famoso por ser la capital del Árbol y la Tradición.

Y es justo en este pueblo donde se hizo famosa una cabalgata que este año se realizará el domingo 11 de noviembre. Son unos 1.500 jinetes quienes participan de esta movida que consiste en buscar en esta zona un clavel que ofrece una flor de color blancuzco amarillento y que despide un perfume suave, entre dulzón y alimonado, que inunda al paisaje. Los jinetes se acomodan la flor en el sombrero para luego ofrecérsela a su amor. ¡Es una declaración!

Cultura viva

En esta región del sur mendocino hay otra experiencia rutera y consiste en recorrer la Vieja Ruta 40, una propuesta que se convirtió en Ruta Escénica, que tiene unas veinte familias de puesteros de campo que aún permanecen en sus lugares.

Así es el caso de “La Gringa” Gloria Nidia Salinas, quien recibe al visitante con tortas fritas recién hechas, en su puesto “El Tropezón”. La historia de este puesto dice que antiguamente era un despacho de bebidas, un almacén de campo a donde recalaba toda la gente de los alrededores para refrescarse después de hacerse unos pesos con la venta de algún cabrito. Pero al salir, quizás después de algún baile y mucha agua ardiente, alguno se tropezaba y así quedó el nombre, nomás. El hijo de Gloria es profesor de folklore, pero llega y ayuda con todas las tareas del manejo del ganado. Vacas, cabras y de a caballo. Con Gloria uno aprende la vida de campo. A menos de quince minutos, en el puesto La Argentina, Jorge Sosa y Paola Pacheco ofrecen cabalgatas.

El viaje entre los puestos, es la cultura viva de campo adentro. Es la tradición de la región, de la gente que se ha criado en estos lares, son la quinta generación de puesteros. Y toda la sabiduría que brinda esta noble tarea, convierte a la excursión en toda una experiencia.

Es imperdible llegar hasta la escuelita rural en el Paraje La Jaula, que tiene una historia de más de medio siglo. Allí es donde estudian los hijos de los puesteros y han construido en la casa donde funcionó originalmente esta escuela un sitio de interpretación de la cultura del puestero. Una visita de culto.

Un paisaje de Diamante

Para conocer el área Natural Provincial, Laguna del Diamante, hay que reservarse todo un día. Estar descansado, aprovechar desde la madrugada para recorrer el camino que alcanzará la altura máxima donde se divisa el Volcán Maipo que, en determinado horario, ofrece un reflejo tan perfecto sobre la laguna que forma un diamante. De allí su nombre. Hay manadas de guanacos durante el camino que permitirá conocer diversos y sorprendentes ambientes naturales. Pero además, hay una historia que atrapa al visitante.

Ocurrió un 13 de junio de 1930, cuando el aviador Henri Guillaumet surcaba los cielos de Sudamérica para la Aero Postale, junto con el autor de “El Principito”, Antoine de Saint Exupery y Jean Mermoz. La cuestión es que Guillaumet regresaba de Chile cuando una tormenta lo sorprendió y debió aterrizar de emergencia. Superó la primera noche en su nave, pero luego emprendió de a pie su regreso. Un chico que entonces tenía 14 años, lo vio en medio de la nevisca y fue a su puesto de campo para avisarle a su madre, quien al final, le salvó la vida al aviador. Este chico era Juan Gualberto García, quien en 2001 con 84 años fue condecorado en Francia por su acción. Cuando uno logra llegar a la Laguna del Diamante y ve el paisaje bucólico a más de tres mil metros de altura, no puede ni imaginar como aquel aviador logró salvarse en medio de la nieve.

Lo cierto es que la naturaleza virgen de esta región al sur de Mendoza, que abraza el gran corredor que despliega la Ruta Nacional 40, se convierte en una experiencia particularmente atractiva. Y recorrer esta ruta es un poco como la vida misma: se renueva tramo a tramo.

Tips para disfruta la 40 mendocina

1 Las pasarelas que encajonan al Río Grande en un campo de lava son uno de los atractivos del ingreso a la provincia de Mendoza por la Ruta 40. La Payuña es el área protegida más grande de la provincia. Su rasgo distintivo es la vulcanización: hay ochocientos pequeños conos volcánicos, a razón de treinta por cada km cuadrado.

2 La reserva de la Payuña posee la mayor concentración de guanacos y choiques (ñandú petiso) a nivel nacional. Su superficie es equivalente a la de la provincia de Tucumán y limita al norte con el Río Atuel, al oeste con la Cordillera de Los Andes, al sur con el Río Barrancas y al este con la provincia de La Pampa.

3 La primera localidad mendocina por la Ruta 40 es Ranquil Norte. El kiosco de la familia Avila se anuncia con un cartel detrás de una curva; provee de víveres y tiene un lugar para acampar por si se hace de noche. Muy cerca, en la Cuesta del Chihuido, hay un centro de escalada.

4 En la localidad de Bardas Blancas, Lorenzo Martínez se estableció con el hospedaje y comedor La Amistad. Su colección de restos fósiles petrificados y puntas de flechas originales se exhibe en una vitrina. En el paraje hay una “escuela albergue” en la que viven treinta familias.

5 Para los amantes de la espeleología, la Caverna de las Brujas es otro de los atractivos de la zona. Se encuentra en el cerro Moncol y tiene formaciones de estalactitas y estalagmitas. Está muy cerca de la ciudad de Malargue, en el sur mendocino.

6 En la primera quincena de enero se llevan adelante en Malargüe la Fiesta Nacional del Chivo y la Fiesta Provincial del Cordero. En el mes de julio, se celebra la Fiesta Provincial de la Nieve.

7 La laguna de Llancanelo es una reserva natural declarada sitio “Ramsar” por la comunidad ambientalista internacional. Se trata de un humedal en el que anidan flamencos, cisnes de cuello negro, teros y otras ciento treinta especies de aves originales de América del Sur. Es un lugar de gran atractivo para ornitólogos y biólogos.

8 El observatorio Pierre Auger está en Malargue. Durante el recorrido por la Ruta 40 se puede ver la red de mil seiscientos detectores de rayos cósmicos que cubren una superficie total de 3.000 km2. Este dispositivo forma parte de un proyecto internacional en el que han participado más de doscientos científicos de quince países.

9 En el Sosneado, Edmundo Dante Aznares, descendiente de árabes, heredó el almacén de ramos generales. Recomendaba ir hasta las termas y ofrecía su teléfono público con cabina de madera. Contaba que en su bar la gente se juntaba a jugar al billar, a tocar la guitarra y a bailar. En lengua mapuche, Sosneado significa “sol naciente”.

10 En algo más de quinientos kilómetros de ríos aluvionales, en Mendoza se pueden pescar truchas arco iris, fontinales y marrones. En la vieja Ruta 40 se puede conocer el día a día de los “puesteros”, familias que viven de la cría de ganado desde hace más de un siglo. Es el caso de “La Gringa” Gloria Salinas, que hace los mejores mates con tomillo.

11 Fue justamente un chileno quien abrió el primer bar en la zona de Chilecito, en donde hoy existe un circuito turístico de bares. Hasta hace treinta años, el bar Don Julio fue un cine que hoy se quiere reabrir. La costumbre al beber es decir “te obligo” y contestar “te pago”, una picardía para que la ronda de tragos nunca termine (y nadie la pague).

12 En Pareditas, la fiesta popular es la del Orégano, en el mes de enero. El bar del Turco Frey, de 1889, estuvo cerrado durante cincuenta años y se reabrió en 2003. San Carlos, la capital del Árbol y la Tradición, aún conserva parrales de más de trescientos años. También están las defensas del fuerte, del año 1770, donde el General San Martín recibió el apoyo del cacique Ñacuñán a su gesta patriota.

13 En las localidades de La Consulta y Eugenio Bustos, la producción de vinos es parte del encanto natural de la zona. Appon y Relincho, entre otros, son perlas de los caminos de Altamira en una ruta que deja ver el Volcán Maipú y su laguna del Diamante.

14 En Mendoza, la ruta también se divide entre la RN 40 y la RN 40 “V”. Hoy, la vieja traza es la ruta provincial 101, y en los años 40 era el camino para unir El Sosneado y Malargüe con La Jaula. Esa ruta era parte del Camino Real que conducía al Alto Perú. Lleva cuatrocientos años sin modificar su recorrido.

15 Muy cerca del paraje La Jaula, la Ruta 40 alcanza una cuesta. En los años 40, el dueño de un almacén de ramos generales, hoy abandonado, resolvió poner el primer asfalto porque en invierno el camino era intransitable: con el alquitrán que brota naturalmente en las montañas, construyó el tramo.

16 Dicen en Mendoza que desde Pareditas hacia el sur, las calandrias son parte del sonido del viento. Por eso la música típica del lugar, como la cueca, es alegre. Hacia el norte, con un clima más introvertido, ya se deja escuchar la “tonada”, un ritmo que se sostiene hasta San Juan.

17 Los campos a la vera de la Ruta 40 están cultivados con pasturas y hierbas aromáticas. Cerca de la capital provincial, la “Ruta del vino” une a las bodegas centenarias con los nuevos establecimientos. Hay épocas en que la Bodega Norton, por tradición, comparte con la gente el vino a precio promocional.

18 Hasta fines de 2005, el km 0 de la Ruta 40 estaba en la ciudad de Mendoza, en donde se superponía con la Avenida San Martín, en pleno centro comercial. Hoy es una autopista y conduce hacia San Juan pasando por los departamentos de Las Heras y Lavalle.

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