Cuidemos el agua, tomemos whisky

Cuidemos el agua, tomemos whisky
whisky2 Miguel Angel Reigosa es el presidente del Whisky Malt Argentina y tiene en el porteño barrio de Coglhan, un antiguo caserón convertido en el segundo museo del whisky más grande del mundo y líder en cantidad de botellas de colecciones personales. Parados en la calle Monroe al 3900 nos encontramos con un caserón que tiene brillo propio, una reluciente construcción con su insignia en el frente. Se trata del Whisky Malt Argentina, un reducto que, sea por curiosidad o conocimiento, invita a ingresar. Así fue como nos encontramos con Miguel Angel Reigosa, un ex importador de relojes y perfumes que, a base de constancia y pasión, creó el segundo museo del whisky más grande del mundo. ¿Cómo nació tu amor por el whisky? Comenzó cuando tenía 14 años: después de una borrachera importante con amigos, mi padre nos habló a todos y se encargó de llamar a los padres de cada uno de ellos. Les contó la verdad y los citó para la noche siguiente en mi casa. Nos dijo a todos (éramos de clase media y no nos faltaba el dinero para salir), “cuando salgan, tomen poco pero bueno”. Nos sirvió Old Parr a todos, una de las dos botellas que tenía atesoradas, de ahí en más nunca más abandoné el whisky. ¿Cómo fue que llegaste a tener esta colección? Empecé a importar relojes y perfumes. Después de 4 o 5 años en que compraba siempre una botella de whisky por viaje, comencé a acumular muchas botellas. Yo era cliente de un bar en Av. Los Incas y uno de los dueños me ofreció comprar parte del bar, lógicamente acepté. Quise hacer algunas reformas, me gustaba la idea de ir poniendo botellas que descubría en el mundo y que aquí no se conocían y aprovechar así que viajaba mucho. Ahora no son tan complicadas de conseguir. Pensando una madrugada con un whisky en la mano, me dije: “quiero armar una barra de la que hable todo Buenos Aires” y ahí empezó todo. Cuando tenía unas 300 botellas, la gente empezó a hablar, entraba y decía “woow qué es ésto?”. Me senté a contemplar la increíble colección que ya había formado. Cansado pero siempre activo mentalmente  pensé, “yo quiero tener en mi casa toda esta colección” y hasta que no tuve la misma cantidad de botellas no paré, claro que para ello tuve que pedirle a mi madre que me guardara esa cantidad de botellas. Así se fue conformando mi colección privada, que hoy es la más grande del mundo. Empecé a comprar botellas, pero no cualquiera, se trataba de las mejores botellas. Un día me cruzo con un brasileño que tenía 3 mil botellas y me desanimó porque yo apenas tenía unas 600. Vio en mí esa pasión por el whisky y me dijo “diez minutos antes de morirme te regalaré mi colección”, pero fueron más tentadores los 3,5 millones de euros que le pagaron y que conforman ahora el museo más grande del mundo, el Museo de Edinburgo. Nosotros en el Whisky Malt tenemos 2.850 botellas y con esa cifra somos el segundo museo a nivel mundial. ¿Cuándo comenzó tu sueño de comunicar y dar a conocer este apasionante mundo del whisky? Mis sueños siguieron con el club privado, la fiesta nacional del whisky, el agua especial para whisky, mis viajes a Escocia (que se sucedieron no menos de uno por año), hice el primer programa en Latinoamérica relacionado al mundo del whisky, tuvimos la revista también, cosas impensadas verdaderamente. ¿Y cuándo surgió la idea de armar un bar dedicado en su gran mayoría al whisky? Como me suele ocurrir, las ideas las tengo en momentos de tranquilidad. Recuerdo que estaba pensando a las tres de la madrugada, ahí fue cuando imaginé esta casona, hasta que la encontré y la compré. Como me había quedado ya sin dinero, el arquitecto que me la iba a hacer sólo me cobró los planos y el resto me puse al hombro yo con todas las reformas, si bien nunca ejercí soy Maestro Mayor de Obra. Eso sí de lo que me pasaba el arquitecto a lo que me terminó saliendo creo que se me incrementó el presupuesto en un 1000 por ciento –risas-. Los pisos son de roble de Eslavonia y fue lo único que pude rescatar, el resto lo reciclé completo, hasta un ascensor le puse. La única forma que tenía de seguir recaudando para terminarla fue fijarme una meta para inaugurarla y en lo económico, daba charlas, seminarios, realicé eventos privados, vendí botellas, puse hasta la plaqueta de socio fundador del club para recaudar fondos. ¿Si te digo Inglaterra, qué te pasa por la cabeza? Tengo el recuerdo de haber sido ex combatiente de Malvinas, pero también el de ser reconocido por la reina madre de Inglaterra, ya que fui invitado a su cumpleaños. Y con Colin Scott, Master Blend de Chivas Regal, hicimos el Chivas Regal 62 Grand Salute; ya me vino a visitar tres veces al país. ¿Quién es para vos William Wallace? -Risas- Para mí es el mejor agua para acompañar un whisky. Sergio Druetta, una vez me vino a ver para venderme licor y me contó que sus abuelos tenían una fábrica de soda. Le dije, tengo para vos algo mejor, le traje una botella de agua especial para whisky y le dije “quiero esto pero mejorado mil veces”. Al año y medio me llamó para que vaya a Carlos Paz, me puso cinco tipos de agua y elegí el número cuatro, que era la que tenía el agua que había hecho él. El agua ya tenía marca: William Wallace, yo ya la había registrado a nombre de los dos. ¿Cuál es la clave para ser un conocedor del whisky? Soñar despierto, luchar por ese sueño, ser pasional y mucha humildad. Nunca hice esto por dinero, siempre lo pensé así, desde que nos juntamos y alquilamos una casona por un día y empezamos con degustaciones para amigos con Fernando Freixas, de 3 Blasones, empecé a hacer sorteos y talonarios donde nos dejaban los datos y así comenzamos a saber qué tipo de single malt tomaban, conformando la primer base de datos de aquellos que tomaban whisky en Buenos Aires. ¿Cuál sería tu mayor orgullo vinculado a este mundo? El haber podido ayudar a muchas personas, sentir el afecto y reconocimiento por mi esfuerzo por cada uno de ellos. La Whisky Malt Argentina es una gran familia de 4.100 socios en todo el país y yo represento a cada uno de ellos. Eso no se paga con plata, es lindo el reconocimiento por el sacrificio enorme que le he brindado al whisky. Eso es lo más lindo, que reconozcan eso, que vean que yo amo mi trabajo y la pasión que le pongo día a día: soy el primero que llega y el último que se va, siempre. ¿En este lugar sólo se sirve whisky? No, para nada!!! Tenés de todo para tomar: cervezas, cognac, tragos, inclusive podés venir a cenar, hay platos que tienen maridaje con whisky inclusive. Tratamos de hacer felices a todos. Obviamente, también tenemos espacio para dictar los seminarios, catas o eventos privados. ¿El blend que más te gusta? El Famous Grous. ¿El single malt que más te gusta? McCallan, cuando eran Jerry O, todo aquel que tenga casco de jerez. ¿El whisky más caro que tomaste? Tributo de Honor en el cumpleaños de la Reina Madre de Inglaterra, sólo se hicieron 21 botellas y valen 350 mil libras. Dalmore Trinitras, hay sólo tres en el mundo y yo he tomado uno. Mientras tanto, el mundo del whisky pareciera no tener fin, el placer y el buen vivir se reinventa mientras Escocia junta más impuestos por parte del whisky que del petróleo. Pensar en el whisky como una inversión no es una mala idea y en eso sigue pensando Miguel Ángel Reigosa, presidente del Whisky Malt Argentina, un soñador, que con pasión logró todo lo que se propuso y que, como en otras ocasiones, estaba sentado mirando sus botellas, seguramente pensando cuál será su próximo paso. Más Info: www.whiskymaltargentina.com
SUSCRIBITE A NUESTRA NEWSLETTER!