Anchorage: Dos días en la ciudad más importante de Alaska.

Anchorage: Dos días en la ciudad más importante de Alaska.

Una pequeña escala en Anchorage, suficiente para descubrir la magnificencia de uno de los rincones del mundo: Alaska.

Por Marcelo Barrios El vuelo de Alaskan Airlines llegó en forma puntual apenas pasada la medianoche al aeropuerto Ted Stevens de Anchorage. Solo algunas pocas luces reglamentarias alumbraban el arribo de nuestro avión. Era de madrugada, pero parecía de día. Daba la sensación de un típico atardecer. Estábamos en Alaska, la llamada última frontera, cerca del solsticio de verano cuando el sol casi nunca desaparece. Y aunque sea poco creíble, el aeropuerto Ted Stevens mantenía a esa hora un alto movimiento de turistas (cerca de 5 millones de pasajeros anuales y más de 30 líneas aéreas lo convierten en uno de los más importantes aeropuertos de carga del mundo). En varias zonas del mismo pudimos encontrar no solo folletos, sino también verdaderos catálogos con información de todas las regiones de Alaska. Imposible perderse o casi. Alquilamos un auto en el lugar, pusimos el GPS y nada. Sí, no aparecieron nunca los mapas de la ciudad. Así que a no olvidarse de llevar sus propios mapas para el recorrido. Teníamos dos días por delante para descubrir este remoto destino del continente americano. alaska2 Anchorage y alrededores Si hablamos de Alaska, es imposible dejar de pensar en Anchorage. Es la ciudad más famosa, a pesar de que Juneau es la capital del estado número 49 de los Estados Unidos. Se encuentra localizada en la parte centro sur del mismo, dentro de la Ensenada de Cook, protegida de los fuertes vientos por los brazos de Kit Arm y Turnagain Arm. Considerando su área metropolitana, tiene una población de casi 400 mil habitantes, siendo la ciudad más poblada de Alaska, y contiene alrededor del 40% de toda la población del estado. A pesar de eso, aún en pleno verano parece vacía. El centro de la ciudad es un conjunto de aproximadamente 10 manzanas donde están los principales edificios públicos de la ciudad y siempre es fácil encontrar estacionamiento. Si bien la mayoría de las personas piensa en Alaska, y por lo tanto en Anchorage, como un destino muy frío, en verano es todo lo contrario. En invierno, las temperaturas durante el mes de enero pueden llegar a los -15°C y en algunos casos hasta casi 2 metros de nieve, pero durante el verano las temperaturas son más que agradables, con un rango de entre 13° y 26°C. Así que anduvimos todo el tiempo en bermudas y de manga corta, casi como en el Caribe pero a más de 7 mil kilómetros de distancia. Y no menos importante: siempre con gorra y el protector solar a mano (el sol es muy fuerte en esta remota zona del mundo). Apenas descansamos un par de horas en nuestro hotel y salimos a recorrer el centro de la ciudad. La calle principal es la Avenida 5, donde se encuentra el 5th Avenue Mall con más de 110 locales comerciales. Pero antes, sí o sí, una breve visita por la oficina de turismo local en la Avenida 4 y Calle F, donde nos atendieron bárbaro. Al lado de dicha oficina se encuentra la plaza principal, punto de encuentro de los habitantes, casi siempre para el almuerzo de los oficinistas. Era mediodía y apenas vimos 10 personas en el parque. Sorpresa: por primera y única vez vimos un esquimal. Enfrente y en diagonal a la oficina de turismo, encontramos las tiendas clásicas de souvenirs, donde hay de todo: desde llaveros alusivos con alces, osos, etc., salmón ahumado sin necesidad de refrigeración y hasta los cuchillos esquimales llamados Ulu. Por supuesto, también verdaderos osos y alces disecados para la venta, listos para ser llevados a casa. Una tentación, aunque un poco grande para acomodar en nuestro equipaje. Aunque la ciudad está preparada para la visita de osos, por ejemplo con tachos de basura especiales -solo posibles de abrir con la mano del hombre-, es muy difícil cruzarse con alguno de ellos. Solo en las afueras de la ciudad, en alguno de los cientos de senderos, aumentan las probabilidades de encontrarse con un oso negro o marrón. Luego del recorrido por el centro, fuimos hasta Salmon Ship Creek, donde al comienzo de la época de verano se desarrolla el famoso Derby (campeonato de pesca de salmón con mosca) a sólo unos minutos de allí. Para almorzar decidimos entrar en Brigde Seafood. El menú increíble. Se puede probar alguno de los cincos tipos de salmón que se encuentran en Alaska; además de rockfish (pez raro, feo, pero delicioso) y por supuesto el halibut, un pez parecido en cuanto a su forma a nuestro tradicional lenguado. Todo regado con una buena cerveza artesanal. Cabe destacar que Alaska cuenta con más de 50 cervecerías artesanales. Por la tarde, y para poder hacer la digestión, elegimos una opción tranquila: enfilamos hacia la zona del aeropuerto Ted Steven para poder apreciar los jardines, plazas y parques llenos de la flor del estado de Alaska: No me olvides. Allí nos entretuvimos viendo el despegue y aterrizaje de hidroaviones que se repetían a cada minuto. Sí, en Anchorage, a solo 6 kilómetros del centro, está la mayor base de hidroaviones del mundo: la Lake Hood Sea­plane Base, con cerca de 800 aeronaves y casi 200 vuelos diarios. Por supuesto, desde allí se puede realizar un tour para experimentar el despegue y aterrizaje en el agua, junto a un recorrido de 30 minutos para tener una impresionante visión panorámica de la ciudad, sus montañas y lugares turísticos de la costa, como la Ensenada Cook y el Brazo Turnagain. A solo unos minutos del centro de la autopista a Seward, se encuentra uno de las áreas más accesibles para la observación de vida silvestre: Potter Mash y hacia allí nos dirigimos. Pudimos identificar una gran cantidad de aves migratorias, como así también castores, alces y ejemplares de águila calva, el ave nacional de los Estados Unidos. El lugar cuenta con una serie de pasarelas elevadas, de casi 500 metros de longitud, con señales de interpretación en todo el recorrido. De regreso a la ciudad y para la cena, nos decidimos por Glacier Brewhouse, sobre la Avenida 5 y la calle H. Es uno de los lugares más frecuentados por los turistas y ya temprano hay que esperar casi siempre entre 30 y 60 minutos. Como estaba completo, allí mismo nos recomendaron Orso, a solo unos metros por 5th Street, donde nos fue más fácil encontrar una mesa. Un detalle: son los mismos dueños, por lo tanto las mismas cervezas y casi el mismo menú. Probamos el King Crab y el salmón rojo o sockeye, uno de los más sabrosos de la región, también el black cod y el halibut. Este restaurante tiene 5 cervezas artesanales de la casa, además de 150 vinos en su cava y más de 20 variedades de vino por copa. Además, cuenta con menú infantil, lo que lo hace ideal para las familias. alaska3 Camino a Seward y Whittier En nuestro segundo día nos dirigimos a Seward. El camino desde Anchorage es uno de los paseos obligados de todo turista que llegue a Alaska. Son casi 200 kilómetros llenos de paradas para caminar, sacar fotos, o solo admirar el paisaje. Iniciamos el recorrido casi en el centro de la ciudad a través de la Ruta 1, autopista que lleva a una ruta de mano simple al borde del agua. Si bien el tráfico no era tan intenso, había muchos buses de turistas que hicieron más lento el recorrido. Además, era fin de semana, pleno verano y lleno de lugareños. En algunos tramos de la autopista, tuvimos filas de autos por varios cientos de metros. Sí, en Alaska también existe la congestión de tránsito. Nuestra primera parada fue Alaska Wildlife Conservation Center. En esta reserva de fauna tuvimos la oportunidad de observar a pocos metros las principales especies de animales clásicos de Alaska. Si bien se encuentra en una zona ventosa, en verano es agradable. Pudimos ver osos marrones y negros, en su mayoría rescatados y curados en la reserva, como así también alces, ciervos, águilas calvas y hasta puercoespines. Luego, kilómetros más adelante, nos detuvimos en varios creek o cursos de agua, donde con suerte se pueden observar salmones y truchas. No fue nuestro caso, pero sí pudimos disfrutar de unas vistas únicas. Casi siempre estos cursos de agua son el origen de senderos de diferentes grados de dificultad. A 160 kilómetros de Anchorage nos encontramos con Moose Pass, una de las zonas más importantes de la región para realizar tours de pesca y caza, como así también montañismo y senderismo. Seward se encuentra en el borde interior de la Península de Kenai. Es un puerto tanto de carga como de pasajeros. Casi en la entrada de la ciudad ya pudimos observar con claridad el enorme crucero de más de 10 pisos y 300 metros de largo, que sobresalía de la mayoría de los apenas 2 pisos de las construcciones locales. En la época de cruceros, el ir y venir de buses llenos de turistas transforman la ciudad a diario. Y este era uno de esos días. Aproximadamente 2.500 pasajeros descienden del barco y transforman la fisonomía del lugar donde apenas viven 2 mil personas que se dedican a la pesca y el transporte de carga. Habíamos salido temprano de Anchorage, pero tantos paisajes y las paradas para sacar cientos de fotos, hicieron que lleguemos luego del mediodía, listos para almorzar. Nos recomendaron Chinook, en la entrada de la ciudad, cerca del aeropuerto y frente al puerto deportivo. Y no falló. Sin duda, más allá de la excelente comida, la vista de las embarcaciones y las montañas nevadas de fondo son inmejorables. Si hablamos del lugar, descontracturado y con excelente música, es ideal para probar las hamburguesas LTB (lechuga, panceta y tomate) de salmón rojo o las de halibut. Impresionantes! La curiosidad: si pide salmón, el precio está determinado por el valor del mercado del día. No figura en el menú. Sí, es así de fresco. alaska4 Luego del almuerzo recorrimos las apenas tres o cuatro cuadras del centro de la ciudad de Seward, pintorescas, de estilo, que hacen sentir al turista como si estuviera realmente en un pequeño pueblo en algún lugar remoto del mundo y, de hecho, lo está. El camino, hacia el sur continua solo un par de kilómetros más, pero suficientes para tener una panorámica increíble de la bahía de Seward. Sin duda, fotos y más fotos. Ya de regreso, visitamos de pasada el Exit Glacier. El mismo es accesible luego de un corto trekking de 800 metros, que permite apreciar de cerca el color azul del hielo y el ruido de las masas heladas desprendiéndose del glaciar. En el caso de elegir el sendero largo, de casi 2 kilómetros, se puede apreciar el glaciar desde arriba, como si se estuviera encima del campo de hielo. Para los que no tienen ganas de caminar, como fue nuestro caso, se puede también obtener una excelente panorámica en la entrada del parque, en la zona del estacionamiento o bien deteniéndose en el camino que viene de Seward. Si bien el regreso puede ser directo a Anchorage, decidimos dedicarle un tiempo a visitar Whittier. Esta pequeña población se encuentra más o menos a mitad de camino entre la ciudad y Seward. El atractivo principal es el túnel Anton Anderson Memorial, de casi 4 kilómetros de longitud, construido debajo de las montañas de Maynard, que se caracteriza por tener un solo carril por el que pasan tanto autos como el tren, en una dirección u otra y por soportar temperaturas de casi -40°C y vientos superiores a las 200 kilómetros por hora. Fue construido a principios del siglo pasado con objetivos estrictamente militares para el envío de petróleo. Recién hace pocos años fue abierto al público en general. Al tener un solo carril, tiene un cronograma de horarios particular: solo se puede pasar el túnel cada treinta minutos en una dirección y cada ciertos minutos pasa el tren y luego los autos. De los más de 20°C que había en el exterior, en apenas mil metros de recorrido de túnel pasamos a un par de grados centígrados. Un dato interesante es que debido al escaso diámetro del túnel, luego de cada “pasada” de autos, se suele realizar una ventilación extra dentro del túnel. La ciudad de Whittier, donde sólo habitan doscientas personas, es principalmente un puerto deportivo para las actividades náuticas durante los fines de semana. Hay que tener cuidado con las últimas horas de la tarde, cuando regresan una importante cantidad de barcos de pesca deportiva, porque es posible encontrarse con cientos de autos en el playón de espera para ingresar al túnel y, por lo tanto, un par de horas para regresar a Anchorage. alaska5 La vuelta a esa ciudad durante el atardecer en el verano, fue sin duda “la” postal de este viaje. El color anaranjado en que se va tornando el cielo, el mar en su estado más calmo a nuestra izquierda y los picos nevados por la derecha hicieron más que llevaderos los últimos kilómetros para llegar a Anchorage, la ciudad más importante de la última frontera: Alaska. Fotos y más fotos. Importante no olvidarse de una memoria y una batería extra para la cámara… aunque incluso las extras apenas alcancen para tanto disfrute
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