Copenhague, la ciudad más feliz del mundo

Fuera del circuito clásico europeo, la capital de Dinamarca sorprende con una dinámica atípica y una propuesta signada por el disfrute.

Por Marina Tortorella / Foto principal: shutterstock.com

Me habían dicho que Copenhage era la mejor ciudad del mundo. No recorrí todo el mundo (todavía), pero estoy convencida de que es la mejor ciudad en la que estuve hasta ahora. Y lo es fundamentalmente porque sentirse (y ser) feliz aquí es muy fácil. Solo hay que ser receptivo y estar abierto para poder aprovechar todo aquello que Copenhage provee: no solo empleo, buen salario y excelentes condiciones de vida (que era lo que yo buscaba), sino también oportunidades, energía y muchas amistades.

Esta capital es diferente a todas. Al transitar sus calles es difícil pensar que estamos caminando por el centro neurálgico de un país del primer mundo. Lejos están las corridas, los bocinazos, los gritos desmedidos, los cuerpos cansados. La ciudad está preparada para ser disfrutada, para hacer del paso por ella una experiencia única, inigualable.

El estilo de vida en Dinamarca se enmarca dentro del Hygge, que no tiene traducción al español ya que es un concepto 100% danés, pero que se puede percibir y comprender sin problema estando acá y que es una actitud que se toma y expresa frente a la vida. Según el Hygge, lo importante radica en disfrutar de las pequeñas cosas y momentos. Se trata de estar en conexión saludable con uno mismo y con el entorno, de disfrutar de las reuniones familiares, de las salidas con amigos. El Hygge tiene su correlato en el diseño y la ambientación: la mayorías de las casas en Copenhague tiene una decoración minimalista, con velas que hacen más agradable la estadía y mantas que acompañarán cada evento en época invernal. Durante el verano, las reuniones se trasladan a los parques y playas, donde además siempre abundará la comida y bebida para hacer de cada encuentro algo especial.

Si caminamos por Nyhavn o la Strøget comenzaremos a hacer propio este estilo de vida. Ya será imposible dar vuelta atrás y no relajarnos permitiendo que el Hygge nos haga parte de esta comunidad tan agradable.

Lejos están los daneses de ser aquellas personas frías, toscas y reservadas que quizás tenemos en mente. Con los años, y gracias a las diferentes culturas que han empezado a migrar a Copenhague, este pueblo pudo comenzar a relacionarse de otra forma.

Al comenzar a transitar por la ciudad se evidencia enseguida la tranquilidad con la que se puede estar en la calle. Tanto de día como de noche, Copenhague es seguro. Si hay algún problema, es probable que sea fruto del alcohol. En el tren o las estaciones, o en las calles más pobladas de bares, es posible presenciar algún disturbio en este sentido, pero el mismo finaliza casi en forma desapercibida cuando un guardia, policía o incluso algún transeúnte se acerca a frenar la situación pasivamente.

Otro rasgo característico de esta sociedad es la tolerancia y el respeto. Recuerdo mis primeros días de playa cuando casi de repente, comencé a ver cuerpos desnudos. Hombres, niños, ancianos, mujeres, se desnudan frente a otros antes o después de meterse al agua, para cambiarse cuando se van de la playa o para quedarse descansando y disfrutando del sol hasta tarde. Esta escena resulta un tanto impactante al principio, cuando uno no está acostumbrado a llevar adelante la relación con el cuerpo y la desnudez de forma tan natural.

Un paseo por el centro

La ciudad está preparada para recorrerla y disfrutarla en bicicleta, el transporte estrella para locales y turistas. Los barrios de Copenhague se unen a través de ciclo vías, permitiendo que podamos recorrer en algunas horas los puntos más importantes.

Al llegar a esta ciudad, lo primero que noté (y me impactó) fue la cantidad de parques que hay en ella. Y no me extraña ahora entender porqué es conocida como la ciudad verde.  Es real:  a cada paso que uno da, hay un parque que invita a pasear, a descansar, a compartir un momento en familia o con amigos, haciendo un picnic en verano, disfrutando del atardecer o, simplemente, caminando. La visita a los parques ayuda a conocer y entender más a esta sociedad que tanto deslumbra. Durante el verano la vida al aire libre es fundamental, ya que son pocos los meses (y muy extraños y valorados) en que el sol acompaña a este país y su gente.

Podemos comenzar a recorrer la ciudad desde la Central Station (Kobenhavn H), que es el punto de referencia de los trenes daneses, ya que desde aquí parten o llegan los ferrocarriles a nivel nacional o internacional. Su apertura se produjo en 1911, de la mano del arquitecto danés Heinrich, quien diseñó los Ferrocarriles Estatales entre 1854 y 1921. El edificio es realmente bonito, limpio y ordenado, algo que impacta al visitante y que es una constante en el resto de la ciudad.

Frente a la Central Station se encuentra el parque de diversiones Tivoli, uno de los atractivos más importantes de Copenhage. Abrió sus puertas en 1843 y desde entonces recibe la visita locales y más de 4 millones de turistas extranjeros por año. Entre sus visitantes ilustres se cuenta al gran Walt Disney.

Además de proporcionar diversión para todas las edades y gustos, el Tivoli cuenta con auditorios, teatros y una gran y variada oferta gastronómica. Pero sin dudas son sus jardines los que se llevan los mayores reconocimientos. Caminar por ellos, es toda una experiencia en sí misma. Si bien Copenhague tiene una oferta de parques alucinante, este en especial tiene su propia magia: es como volver a ser un niño otra vez. A cada paso se puede admirar y experimentar una escenografía diferente, llena de colores, flores, aromas y sabores.

El ingreso al Tívoli es pago, pero una vez dentro se puede optar por disfrutar y pasar el día caminando por los jardines o sentarse a comer o beber en alguno de los muchos bares y restaurantes. La oferta de actividades es aún mayor para quien quiere divertirse a lo grande, ya que hay juegos para todos los gustos: desde montaña rusa hasta oportunidades de apuestas con las típicas carreras de caballos. Es importante destacar que las atracciones están abiertas entre abril y septiembre por cuestiones climáticas.

Al salir del Tivoli, caminando unas pocas cuadras, se encuentra Rådhuspladsen (la Plaza del Ayuntamiento) que, se podría decir, es el centro de la ciudad. Desde aquí podemos comenzar a caminar por la Stroget, la calle peatonal y comercial más importante de la ciudad. No solo se puede disfrutar de la variedad de locales y ofertas gastronómicas, sino también de diferentes espectáculos de arte y opciones de parques y plazas para descansar.

La Plaza del Ayuntamiento es también el punto de partida de la mayoría de los tours. Siempre recomiendo hacer un free walking tour el primer día en que se visita una nueva ciudad, ya que ofrece un pantallazo y la información necesaria para comenzar a vivir plenamente cada lugar. Además, estas empresas que brindan el servicio del free walking tour, suelen tener muchas promociones a la hora de comprar otros tours.

Caminando por Stroget, llegamos al punto más famoso y fotografiado, quizás, de Copenhague: Nyhavn (Puerto Nuevo). Hay algo muy característico de la cultura danesa y es poner nombres sencillos y obvios a los lugares. Fue construido entre 1670 y 1673, dando un acceso al centro de la ciudad desde el mar. Si bien en sus inicios funcionó como puerto y era un sitio poco agradable (frecuentado por marineros y prostitutas), desde 1977 Nyhavn es un Puerto Museo, razón por la cual sus callecitas, bares y negocios son conservados e invitan a disfrutar plenamente del lugar.

Este en particular es de los lugares turísticos que más he disfrutado. Si bien durante el fin de semana o la temporada alta es casi imposible de transitar, al caer la nochecita se vuelve un espacio mágico. No solo se puede caminar más tranquilo y pausado, disfrutando del aire fresco y los músicos que se reúnen allí a tocar, sino que también Nyhavn invita a comer o tomar algo en alguno de sus cientos de bares y restaurantes y a deleitarse con la escena que proponen los barcos atracados y las coloridas fachadas de las casas a los lados del canal, al caer la tarde.

Comer en Copenhague

La oferta gastronómica en esta ciudad es insuperable. Preparada para afrontar el frío extremo durante el invierno y mucha lluvia durante el resto del año, los bares, restaurantes y cafés están dispuestos para el reparo y para renovar energías en todo momento.

En barrios como Osterbro, Norrebro y en el centro de Copenhague se pueden encontrar los restaurantes típicos de comida. Si bien los daneses suelen cenar alrededor de las 18 hs., las cocinas tienen sus puertas abiertas hasta las 21 hs., sobre todo en los alrededores de Nyhavn y Stroget. En cualquiera de estos restaurantes se puede probar el típico plato danés: el smørrebrød (pan de centeno con mantequilla, fiambre o arenque ahumado) acompañado de una Carlsberg o Tuborg, típicas cervezas locales.

La mejor opción para comer algo rápido mientras se disfruta de un paseo por el centro va a estar siempre a nuestro alrededor: hay una gran variedad de puestos callejeros que ofrecen el típico pancho danés y locales de comida china o árabe para probar cada día un plato diferente. Algo que nunca va a faltar en Copenhague es la opción dulce: en cada esquina, se pueden encontrar puestos de panqueques y helados.

El Torvehallerne (el Mercado de Copenhague) se encuentra en el centro, a pocos metros de la estación Norreport, y está abierto todos los días hasta las 19 hs. Su visita es casi obligada, ya que allí la variedad gastronómica es sorprendente y muy variada: platos daneses, vegetales y pescado fresco son las estrellas de este mercado.

Otro lugar ideal para visitar por la tarde es la Reffen Street Food. Allí además de exquisitos platos, uno puede deleitarse con increíbles vistas de la ciudad y con shows musicales y espectáculos de arte que harán del momento algo único.

Christianshavn y Christiania

Atravesando el canal principal de la ciudad, nos encontramos con Christianshavn. Se trata del barrio donde está enclavada la Ciudad Libre de Christiania, una de las joyas de Copenhague.

Durante la década del 60, Christiania se transformó en el hogar de muchos daneses que querían cambiar el rumbo de ciertas cuestiones. En lo que previamente era un terreno del ejército, los hippies tomaron las riendas para transformarlo en una ciudad libre que vive bajo sus propias reglas y leyes.

Al caminar por sus calles, se experimentan varias sensaciones: uno empieza a sentirse más relajado (por el ambiente) y a la vez excitado. Los ojos no paran de buscar entre los murales y representaciones de arte un poco más de la historia de esta ciudad. Allí no solo se puede pasear tranquilo, sino también disfrutar de un agradable momento frente al lago, tanto de día como de noche, o vivenciar los diferentes espectáculos, shows musicales, cafés y bares del lugar.

Como mencioné, es una ciudad libre. La única prohibición que hay en Christiania es la de sacar fotos en los sectores de venta de marihuana. Hay carteles que lo advierten y es una de las primeras cosas que me dijeron al llegar: No Fotos. Si alguno de los encargados de la vigilancia nos ve tomando imágenes, tiene el permiso de sacarnos el teléfono y borrar la información. De más está decir que la experiencia suele ser poco agradable.

Pero más allá de esto, en el resto de la ciudad uno puede caminar y grabar todo lo que ve y esté viviendo. Christiania, el segundo lugar más visitado de Dinamarca, es para mí uno de los espacios más bonitos y pacíficos que hay en Copenhague.

Y si todavía hay tiempo…

Si bien hay lugares típicos que no son mis favoritos, creo que la visita a Copenhague no puede finalizar sin dar un paseo por Amalienborg y la Sirenita.

Amalienborg es el palacio donde vive la familia real danesa. Es de muy fácil acceso, ya que está situado en una plaza con una estructura simétrica. Obviamente, está custodiada por los típicos guardias imperiales guardianes. Un dato curioso es que uno no puede acercarse a ellos o tomarles una foto. Incluso tienen permitido golpear a quien lo intente.

Si desde allí se camina alrededor de 1 km llegamos  a la Sirenita. Bajo mi punto de vista, es un atractivo poco interesante para ver, creo que es mejor aprovechar el tiempo para caminar y recorrer el parque y sus alrededores que llevarse la foto de recuerdo con esta estatua.

Estos son los puntos más turísticos para llevarse un pantallazo de lo que nos espera en Copenhague. En estos primeros 3 meses viviendo acá, aprendí que la belleza que la caracteriza radica en otros aspectos, como poseer parques alucinantes, playas cerca de cada barrio y diferentes opciones y actividades al aire libre que permiten que cada persona que la visite pueda llevarse aunque sea un poquito de la felicidad que caracteriza a los daneses y su estilo de vida. Sin dudas, la visita a Copenhague cambiará la perspectiva que podamos tener de Dinamarca, un país que nos invita a disfrutar y aprender en cada paso sobre nosotros y nuestro entorno.

Siendo niños otra vez: Legoland

A 260 km de Copenhague se puede disfrutar de una de las atracciones más divertidas y especiales que vi en los últimos años: Legoland Billund. 

Hasta allí se puede llegar en avión, tren y bus o en auto. Desde Copenhague, para ir y volver en el día, alquilar un auto suele ser la forma más rápida y económica. Pero para quienes puedan destinar 2 días a esta aventura, existe Lalandia Resort. Allí  además de pasar la noche, se puede disfrutar de un parque acuático, restaurantes y juegos en su interior. También se puede dormir dentro del parque, que cuenta con un hotel 4 estrellas con 199 habitaciones, de las cuales 36 son temáticas: Aventura, Caballeros, Princesas, Piratas. El lugar es un sueño no solo para los niños, sino también para jóvenes y adultos.

El parque fue creado en 1968 en Billund, ciudad del creador de Lego Ole Kirk Christiansen. Está dividido en diferentes zonas: Miniland, Duplo Land, Imagination Zone, Adventure Land, Pirate Land, Polar Land, Legoredo Town, Lego Ninja World y Knights’ Kingdom, cada una de ellas con juegos diferentes y opciones para descansar y comer algo. El parque se puede recorrer perfectamente en un día, siempre y cuando podamos visitarlo fuera de temporada alta o vacaciones.

Al ingresar a Legoland, lo primero que encontramos es Miniland. Construida con más de 20 millones de piezas, esta zona da la bienvenida a un mundo en miniatura maravilloso. Es imposible no quedarse un largo rato caminando despacio y apreciando cada ciudad construida con ladrillos Lego como si fuera real. Todos expresamos el mismo deseo: ¡quiero entrar, caminar y jugar aquí!. Podemos encontrarnos con varios puntos referentes de Dinamarca: Nyhavn, el Palacio de Amalienborg, el aeropuerto. También con la representación a escala de ciudades de Noruega y Holanda y hasta con ambientaciones de la NASA.

Pirate Land es otra de las zonas que más me impactó. Con sus recreaciones de barcos piratas, invita a participar de todo lo que se ve. Uno puede quedarse un rato largo admirando la banda (construida de Lego) o jugando una batalla de agua con los barcos que se asoman por el centro.

Montañas rusas, barcos piratas, juegos de agua. Shows en vivo y películas 3D y 4D. Un mundo Ninja desconocido y un acuario inmenso esperando a finalizar la estadía en el parque. Legoland es sencillamente atrapante. Nada de lo que sucede allí pasa desapercibido, porque los sentidos están alertas y siendo convocados de varias formas: un pirata que invita a pelear, el aroma a chocolate caliente o algodón de azúcar de Legoredo Town, o hasta un indio horneando pan o un camión de bomberos que los llama a jugar y a reírnos como niños.

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