Recorriendo Vancouver 3 días.

Recorriendo Vancouver 3 días.
Por Marcelo Barrios Día 1 Nuestro crucero, el Radiance of the Seas de la empresa Royal Caribbean, arribó en forma puntual a primera hora de una calurosa mañana a la ciudad de Vancouver. El descenso del “botecito” de casi 300 metros junto a los 2.500 pasajeros que nos acompañaban y el trámite de migraciones fueron más que rápidos. Este último se realizó directamente en el barco, por eso nuestros pasaportes fueron retenidos durante todo el recorrido del crucero. La sorpresa fue cuando tuvimos que ponernos en la fila para conseguir un taxi. Más de 200 personas en la búsqueda y eso que fuimos de los últimos en bajar del barco. A pesar de que estábamos a sólo un par de cuadras de nuestro hotel, no teníamos opción: 40 minutos de espera, con algunos comentarios inapropiados y por supuesto, con gente que evitaba hacer la fila, como en todo el mundo. Sí, ¡estas cosas también pasan en Vancouver! Al fin, llegamos a nuestro hotel. Un detalle interesante: pudimos pagar el taxi con tarjeta de crédito. Elegimos un hotel en el centro de la ciudad, sobre Burrard Street, una de las más tradicionales, en la zona del Canada Place, donde están la mayoría de los hoteles de cadena internacional. Elegimos el Hyatt y fue una buena elección, tanto por su ubicación estratégica como por la calidad de los servicios. Desempacamos e inmediatamente salimos a recorrer la zona, para ver con que nos encontrábamos. Vancouver, una ciudad con poco más de 600 mil habitantes, se caracteriza por la gran diversidad étnica y el clima templado, de acuerdo a la norma de Canadá. La zona del Canada Place se distingue por enormes rascacielos, la mayoría de oficinas, totalmente espejados. La verdad, que tanto reflejo por momentos llegaba a molestar. Una ciudad moderna, con aire de inteligente, tal cuál nos la imaginábamos. vancouver2 A pocas cuadras del hotel, sobre la misma Burrard y la costa, frente al Canada Place, se encuentra la oficina de turismo local. Excelente atención, todo impecable. Con mapa en mano, nos dispusimos a seguir caminando. Nuestra primera elección fue dirigirnos hacia la zona de Gastown, al noreste del downtown. Nos encontramos con una pequeña ciudad dentro de otra. Es la zona histórica de Vancouver. Pareció que retrocedimos a los primeros años de la colonización a principios del siglo XIX, ya que en ese par de cuadras desaparecen rascacielos, espejos y acero, para dar lugar a edificaciones de una sola planta, con ladrillo a la vista y arquitectura de grandes bloques. Esta es la zona donde se pueden conseguir buenos negocios para la compra de souvenirs y también es posible encontrar excelentes locales gastronómicos. Un hito de la zona es el reloj que se encuentra en la esquina de Water y Cambie Street, que cada 30 minutos suena con un silbido a vapor. De allí nos fuimos al denominado barrio chino de Vancouver, la comunidad más grande en América del Norte, luego de San Francisco. La misma está ubicada en la zona este de la ciudad, a pocas cuadras de Gastown. Nuestra sorpresa más grande, y principal decepción, fue que en ese trayecto entre ambos barrios estaba lleno de gente que vivía en la calle. Algo que después se reiteró en otros lados. Una lástima para una ciudad que es considerada como de las mejores para vivir en el mundo. Por este motivo, la recorrida al barrio chino fue corta. Nos sentimos muy incómodos. De ahí volvimos hacia el centro, o mejor a la ciudad del futuro, caminando por la calle Hastings. Por la misma, llegamos al Vancouver Lookout, “el” mirador de la ciudad enclavado a 166 metros de altura. La vista, increíble: 360° de toda la ciudad, las montañas al norte, el estadio de los juegos olímpicos de invierno 2010, el centro financiero, el puerto y el Canada Place, además de North Vancouver que está del otro lado de la bahía. Apenas estuvimos unos minutos y decidimos que lo mejor era ir a descansar un rato, ya que el calor de julio llega frecuentemente a pasar los 30°C, y volver para el atardecer con las primeras luces de la ciudad. vancouver3 De paso, yendo hacia el hotel, nos encontramos con otra de las atracciones novedosas de la ciudad: los carros de comida o foodtrucks. Existen varias opciones, desde comida italiana y árabe hasta japonesa. Elegimos esta última. Nos detuvimos en uno de los carros sobre la avenida Burrard, de Japadog, a unos metros de nuestro hotel. Son los especialistas en “panchos“ especiales. Solo nos atrevimos a un clásico: el hot dog con salsa terimayo, es decir con salsa teriyaki y mayonesa con cebollas caramelizadas. Síntesis: muy bueno, vale la pena, como comida al paso. Algo diferente. Descanso en el hotel, algo de aire acondicionado, y de vuelta al ruedo otra vez al Vancouver Lookout. La vista del atardecer, con las primeras luces de la noche de verano, ofrece un espectáculo único: el centro financiero se paraliza, apenas algunos vehículos circulan por la zona. Lo mismo el puerto. Sólo se llega a apreciar el regreso de las embarcaciones deportivas junto a los últimos vuelos de los pequeños hidroaviones al lado de Canada Place. No hay foto que pueda reflejar todo esto. Día 2 Otro día caluroso, pero con un cielo de un celeste impecable. Luego de un desayuno frugal, fuimos directo al Canada Place. Objetivo: tomarnos el bus para cruzar el Lion Gate Bridge rumbo al norte de la ciudad para recorrer el puente colgante del Capilano Suspension Bridge Park. Son 30 minutos bordeando el centro de la ciudad, la zona de puertos deportivos y por último, algunas partes del Stanley Park, “el” parque de la ciudad de Vancouver. Luego de cruzar el puente, unos 10 minutos más y llegamos. La atracción principal de Capilano Park es el puente colgante de 140 metros que cruza el río del mismo nombre a 70 metros de altura, dentro de la selva tropical de la costa Oeste. Pero la nueva atracción es el cliffwalk, una serie de pasarelas y plataformas que siguen la pared de granito, a 30 metros por arriba de la cima de los árboles y a varias decenas de metros por encima del río Capilano. Una sensación especial no apta para los que tienen acrofobia. El bus de regreso nos dejó en la parada cercana al hotel Westin Bayshore, donde luego de almorzar con una vista espectacular de la bahía y los pequeños clubes náuticos, decidimos visitar el Stanley Park, el parque ícono de la ciudad de Vancouver. Lo recorrimos a lo largo del Stanley Park Drive, que va bordeando el parque y a través de sus curvas y contracurvas permite panorámicas del skyline de toda la ciudad de Vancouver. vancouver4 El Stanley Park está constituido principalmente por un bosque de coníferas con cerca de medio millón de árboles. Cuenta con más de 200 kilómetros de caminos y senderos, además de dos lagos: el Beaver y Lost Lagoon. El mismo es muy popular entre los habitantes de Vancouver por su cercanía al centro de la ciudad y por su paseo marítimo Seawall, ideal para los amantes del running que se suman a la gran cantidad de turistas en bicicleta, otra de las formas de disfrutar del parque. Sus atracciones turísticas son el lago Beaver, el Acuario de Vancouver, el área de los tótems, el adyacente puerto deportivo Coal Harbour y la cercana isla Deadman’s Insel. Ya que teníamos poco tiempo e íbamos a pie, nos limitamos a conocer los famosos tótems del parque. Los mismos se encuentran en la parte sudeste. Son réplicas de los originales realizados por los nativos de la región siglos atrás, los que se encuentran bien cuidados en museos de la zona. Finalmente regresamos al centro de la ciudad, donde compramos los tickets para la principal atracción del día siguiente: nuestro primer vuelo en hidroavión. Para finalizar el día, cenamos en la zona de Canada Place, precisamente en el Vancouver Convention Centre, donde se encuentra el Cactus Club Café. Este es uno de los locales de esta cadena que se encuentra en más de 15 ciudades de Canadá y donde se puede comer la mejor carne, el famoso steak americano de entre 7 y 12 onzas (de 200 a 350 gramos), además de deleitarse con excelentes tragos de autor y la mejor música local. El cierre perfecto para nuestro segundo día en Vancouver. Día 3 Nos despertamos temprano, en otro día soleado y con mucho calor. Teníamos que apurarnos para llegar a tiempo a Canada Place, donde se encuentra la terminal de hidroaviones de la ciudad de Vancouver. Si bien hay varias empresas en el Vancouver Harbour Flight Centre, todas pertenecen a Harbour Air Group, la más grande del mundo, con una flota de más de 50 hidroaviones. La experiencia comienza apenas uno sube al hidroavión, con el agua ahí nomás. El encendido de los motores a hélice índica el comienzo de la aventura, cuya parte más importante es el despegue en apenas unos metros, con el agua salpicando por todos lados. El vuelo permite apreciar la ciudad de Vancouver desde todos los ángulos, recorriendo el Stanley Park, el Lion Gate Bridge, las playas de la ciudad, como así también las zonas casi vírgenes de bosques de coníferas, sobrevolando los parques provinciales Seymour y Belcarra y las aguas del Indian Arm. Sólo fotos y más fotos. El paseo fue muy placentero, con poco movimiento y un piloto que se comportó como un verdadero guía turístico. ¡Gracias Harbour Air por esta experiencia única! Llegaba nuestro fin a tres increíbles días en una de las ciudades más importantes de Canadá, llenas de sol, increíbles paisajes y una hospitalidad única. Nos fuimos con la sensación de querer más y volver pronto.
SUSCRIBITE A NUESTRA NEWSLETTER!