Turquía: La mística y la magia de la historia.

Turquía: La mística y la magia de la historia.

Los secretos de la única ciudad en el mundo entre dos continentes y los de otra que se revela como un paisaje lunar desde arriba de un globo aerostático. Estambul y Cappadocia, dos destinos deslumbrantes en la maravillosa tierra turca. Costumbres, sabores e historia, combinados con el encanto de las mezquitas, palacios y bazares, y la leyenda latente del que supo ser uno de los más grandes imperios de la humanidad.

Por Daniela Dini

Si hay un punto de partida para descifrar a Estambul, está sin duda en alguna callecita perdida de Sultahanmet. Esa zona conocida como la Ciudad Antigua, alberga prácticamente todo lo que hace a la historia de esta ciudad. El trazado zigzageante, las veredas angostas, los ba­rrios y edificios que se abren en conventillos y se entremezclan con mezquitas suntuosas y monumentos históricos, invitan a dejarse llevar. Es que cuando se camina por Estambul, el propio paso y la intuición son la mejor brújula: siempre se arriba a buen puerto en esta ciudad maravillosa en la que se escribió la historia del mundo entero. La vida transcurre pausada, inmersa entre el bullicio y el ritmo urbano, la multitud en los bazares, los gritos de los vendedores de alfombras y el infal­table rezo diario del almuecín, encargado de realizar las cinco oraciones diarias que rigen la vida de los musulmanes y honran al Islam. La primera, de madrugada, tres a lo largo del día y la última, al caer la noche. No importa donde uno se encuentre: ese canto lo para­liza todo y transporta hacia otros tiempos, en donde por esas mismas calles pode­rosos emperadores libraban interminables batallas, o paseaban imponentes, sultanes vestidos en oro y piedras preciosas. Es que Istanbul -como la llaman los turcos- fue escrita con tinta imperial, y antes de ser la de hoy, fue Bizancio, Constantinopla e Imperio Otomano. Antes de ser musulmana, fue cristiana. Fue también la capital de Turquía -establecida en Ankara, desde 1923- pero sosteniendo con honor su título, fue además la capital del mundo entero. Como los grandes, supo bri­llar, pero también supo caer y rena­cer de entre las ruinas.

Quizá de esa historia grabada en su tierra, queden mucho más que monu­mentos históricos, y sea esa me­lancolía la que endulza el aire a cada paso y la hace inolvidable.

La mezquita azul.

Un vaticinio de los dioses Una de las tantas maravillas de Estambul es su particularidad geográfica: casi como un portal entre Oriente y Occidente, es el único lugar en el mundo en el que se puede estar con un pie en Asia y otro en Europa. La le­yenda se remonta al año 657 A.C., cuando los oráculos de Delfos vaticinaron a Byzas que su nueva colonia estaría “frente a los ciegos”. Sin comprender en un principio, mientras navegaba por el Boğaziçi -o Bósforo, el estrecho entre el Mar Negro y el Mar de Marmara que divide los continentes- el fundador del Imperio Bizantino vio un pequeño pue­blo, en la costa asiática. Frente a él, del lado europeo, resplandeciente y fabuloso, estaba el Haliç –conocido como Golden Horn o Cuer­no de Oro-. Enseguida entendió que los ciegos eran esos pobladores, por no haber elegido para asentarse la zona más bella. Así nació la primera Estambul. Hoy cientos de barcos cruzan ese mismo mar que hipnotizó a Byzas, atravesando el fabuloso Bósforo, que marca la división entre Europa y Asia. A su vez, en la costa oeste, la parte europea de Estambul está dividida por el Cuerno de Oro, que forma una península natural que alberga, al sur, a la Ciudad Vieja. Los puntos históricos son muchos, y reco­rrerlos transporta a la historia del mundo en unos pocos pasos. En medio de Sultanahmet está el Hipódromo, el que fuera epicentro de la vida bizantina durante 1200 años, y también de la otomana por otros 400 años más. Justo al lado, se erige la imponente Mezquita Azul, cons­truida por el Sultán Ahmed I entre 1609 y 1616. Le debe su nombre a su interior, revestido por más de 20.000 azulejos en color azul, traídos de Iznik, una ciudad turca. Muy cerca de allí está la Santa Sofía –o Aya Sofya-. Nació como iglesia católica en el 360 y se reconstruyó hacia el 537. Fue convertida a mezquita en 1453 y desde 1935 pasó a ser museo, convirtiéndose en una intrigante mezcla de religiones y de historia. Vecino de estos monumentos pero con vista al mar, el Palacio Topkapi es pura opu­lencia: fue la residencia de poderosos sultanes otomanos durante casi 400 años. Parte de la experiencia pasa por los colores y sabores de la ciudad: imposible no detenerse a tomar un té turco bien fuerte, filtrado, en hebras o de manzana, acompañado por una simita, un pan con semillas de sésamo. La tentación también es el típico café turco con baklava, las delicias de la pastelería nacional, a base de hojaldre embebido en almíbar y pistachos. Los bazares y mercados son parte de la identidad de la ciudad. Ir de compras al Grand Bazaar merece una jornada completa, aunque será imposible recorrer sus más de 4.000 puestos que incluyen joyas, seda, lámparas y artesanías. El Mercado de las Especias es el ideal para comprar té, frutas secas, jabones a base de aceite de oliva y hasta pociones afrodisíacas como las que dicen, usaban los sultanes. El Gran Bazar es uno de los mercados más grandes y antiguos cubiertos en el mundo. Capadoccia, bucólica e irreal Cappadocia es lo más parecido a un paisaje lunar, pero en la tierra. Es una región histórica de Anatolia Central, en Turquía, que abarca partes de las provincias de Kayseri, Aksaray, Niğde y Nevşehir. Su particular geografía se caracteriza por tener una formación geológica única en el mundo, que fue modelada a través de miles de años por las lluvias y los vientos, gracias a la composición particular del terreno a base de lava, entre montañas volcánicas -inactivas desde hace dos millones de años-. Después la erosión siguió su curso hasta que, en el período terciario, se formaron los Alpes en Europa y la Cadena Tauros en Anatolia Meridional. Esto provocó grietas, depresiones y plegamientos en Cappadocia. Así aparecieron Develi, Melendiz y Keçiboyduran. Tras numerosas erupciones, se formó la cordillera de Anatolia Central. La lava se extendió cubriendo las depresiones y formando la meseta. La lluvia, el viento y los ríos, hi­cieron el resto, con ayuda de la temperatura y el deshielo. Así, todo el lugar da como mara­villoso resultado, una formación geológica única en el mundo. Cappadocia ocupa unos cincuenta kilómetros de diámetro de infinidad de valles, cañones, colinas y algunas de las más extrañas formaciones rocosas del planeta. Es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y tiene la historia de la humanidad grabada en su paisaje: fue habitada por miles de años por distintas ci­vilizaciones que esculpieron en la roca sus viviendas, creando verdaderas ciu­dades subterrá­neas. Hoy no sólo siguen en pie, sino que se puede dormir en hoteles de lujo, íntegramente cavados dentro de las montañas, además de adentrarse en las profundidades, llegando a 50 metros bajo tierra, para conocer cómo vivían aquellas antiguas poblaciones. Los visitantes tienen la oportunidad de ver los mejores ejemplos de arquitectura Selyúcida y Otomana. Sus monu­mentos, mezquitas y museos son magníficos por sus valores históricos. Es cierto que la erosión de la naturaleza sigue su curso y el paisaje va perdiéndose, o mejor dicho, va mutando lentamente con el correr del tiempo. Entre las increíbles formaciones de Cappadocia, hay iglesias rupes­tres, ciudades subterráneas y restos de pueblos prehistóricos. El río Melendiz, que forma el cañón de Ihlara y el Hasan Daği, uno de los más bellos montes, son sólo algunas de las formaciones naturales que se pueden visitar en la zona. estambul Magia en tierra o desde las alturas El paisaje se puede admirar desde el aire sobrevolando en globo el lugar, justo al amane­cer. Esta es una de las actividades que están en la lista obligada de cualquier viajero que visite Turquía. Cappadocia es mundialmente conocida como uno de los mejores lugares para volar en globo aerostático, pa­sando entre las famosas chimeneas de hadas y los ba­rrancos ondulares, que son parte del bucólico escenario. En la zona, Goreme es un verdadero museo a cielo abierto, donde se pueden apreciar las iglesias mejor conservadas de Cappadocia. La zona fue un epicentro importante para los pueblos cristianos, que cons­truyeron sus templos en la roca y grabaron frescos, siguiendo la línea del arte bizantino, que aún hoy pueden apreciarse. También se puede experimentar el lugar tal como lo hacían los primeros exploradores europeos o los nómadas escitas, a caballo, a través de los valles y las sendas. De hecho, es algo que forma parte de su historia: se cree que el nombre Cappadocia proviene del vocablo Katpadukya, o Tierra de bellos caballos. turquia5 Las novelas turcas, un fenómeno particular Si la historia ya había consagrado a Turquía con sus características únicas, en los tiempos que corren fue la televisión la que le dio un nuevo impulso y un halo de misticismo acorde a una nueva época. La explosión de las series y personajes de ficción populares en el mundo entero, dieron como consecuencia un aluvión de espectadores curiosos que buscan cono­cer los lugares donde vivir las mismas expe­riencias que sus personajes favoritos. Las telenovelas turcas se emiten en al menos 73 países de Europa, Asia, Medio Oriente y África y se transformaron en un furor desde que llegaron a Argentina, convirtiendo la fiebre de los fanáticos en ávidos visitantes a este destino. Definiti­vamente, no se puede evitar afirmar que contribuyeron a impulsar el turismo hacia el país, donde la escala casi obligada es Estambul. Está claro en los números: hasta la primera mitad del 2015, la cifra de argentinos que visita el país aumentó un 73,35%, en comparación con el mismo período del año pasado, según datos de Turkish Airlines, la aerolínea de bandera. Hoy, Turquía es el sexto destino turístico más importante del mundo por su creciente número de visitantes, según la agencia gubernamental de promoción económica Invest in Turkey. Turkish Airlines: Uniendo Buenos Aires y Estambul La aerolínea de bandera de Turquía fue fundada en 1933: comenzó con tan sólo cinco avio­nes, y en ese entonces era imposible imaginar que llegaría a volar a más países que ninguna otra, conectando a más de 277 destinos a nivel mundial, en menos de un siglo de existencia. Además de tener una de las flotas más jóvenes del continente europeo, recientemente fue elegida por los premios Skytrax World como la 4° Mejor Aerolínea a nivel Mundial; y reconocida como “Mejor Aerolínea de Europa” y “Mejor Aerolínea del Sur de Europa” (por quinto y séptimo año consecutivo, respectivamente), entre otros importantes premios. Siempre en constante crecimiento, Turkish Airlines realizó globalmente un incremento del total de pasajeros transportados de un 12,6%, respecto al año anterior. Hoy Turkish Airlines ofrece vuelos diarios directos desde Buenos Aires a Estambul que se suman a los 277 destinos que alcanza la aerolínea en todo el mundo. www.museumhotel.com.tr www.turkishairlines.com
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