Anomalise

Anomalise

Un director estrella apuesta a contar una gran historia a través de una narración muy inusual.

Por Stefanía Goldammer Un buen director es aquel que logra crear una pieza audiovisual majestuosa. Un director excepcional es el que consigue crear obras de arte, una detrás de la otra. Tal es el caso de Charlie Kaufman. Guionista, Director y Productor estrella, para quienes no lo ubiquen por su nombre, aunque seguramente reconozcan por algunas de las películas de la siguiente lista: “¿Conoces a John Malcovich?”, “El ladrón de Orquideas”, “Confesiones de una mente peligrosa” y “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, todas escritas por él. Tuvo su debut como director en el año 2008 con la aclamada “Toda la vida, mi vida”, joya del humor negro. A través de sus guiones, Kaufman suele mover al espectador como pieza de ajedrez en la espesa selva de sus thrillers psicológicos, entre una infinita paleta de emociones y consiguiendo una aceptación devota de todas las realidades planteadas y replanteadas en cada una de ellas. En esta oportunidad, vuelve a sentarse en la silla de director con su nuevo corte “Anomalisa”, contando la historia de Michael Stone, un autor de libros avocados al servicio al cliente que, en un acto de ironía, es víctima de una incapacidad para conectarse con las personas que lo rodean. Hasta que una noche, en uno de sus viajes de negocios, conoce a Lisa Hesselman. Aunque a simple vista parezca ser una trama como tantas otras, Kaufman decide obstaculizar su propio camino a través del siguiente desafío: la transforma en un cortometraje realizado 100% en stop motion. El stop motion fue una de las técnicas originarias dentro del mundo de la animación que lograron darle vida y un volumen palpable a las precursoras realizadas con lápiz en la chatura del papel. Suele ser generalmente una técnica utilizada para contenidos audiovisuales infantiles y de historias para jóvenes, aunque ya existen producciones que la utilizaron para satirizar comedias de contenidos más profundos, que a simple vista parecen puramente inocentes. Kaufman se apropia de esta técnica para relatar una comedia empapada de drama, con situaciones y escenas de contenido puramente adulto (entre ellas una escena de sexo), utilizando personajes hechos con una animación muy básica, ya que busca (y logra rebosando) que esta vez el espectador se olvide de la estética de lo que está observando, para hundirse por completo dentro de la trama.
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