Ingeniero Maschwitz, un día de vacaciones.

Ingeniero Maschwitz, un día de vacaciones.

Muy cerca de Capital, Ingeniero Maschwitz deslumbra con una propuesta singular.

Por Esteban Goldammer / @gauchogold Acostumbrados a las escapadas de un fin de semana, esta vez quisimos probar con algo más breve. Una escapada accesible para todos que nos permitiera disfrutar de un lugar cercano a la Capital y que tuviera suficiente atractivo para garantizarnos un día distinto. Difícil el objetivo, pero Ingeniero Maschwitz lo cumplió a la perfección. Esperamos un día soleado y arrancamos apenas desayunados para intentar evitar la congestión típica en Panamericana cuando el astro rey se muestra en todo su esplendor. Así tomamos luego el Acceso Escobar de la mencionada ruta para alcanzar el kilómetro 43,5 y ahí nomás encontrar la bajada de la Ruta 26 y Del Viso. De todos los lugares de este pueblo (es ciudad pero el aire de pueblo se respira en cada rincón), nos concentramos en Mendoza, calle que en el último tiempo viene concentrando las miradas y ganando fanáticos de una movida hippie chic que se despliega a lo largo de las 5 o 6 cuadras desde Panamericana y hasta la Avenida Villanueva que descansa junto a la vía del Ferrocarril Mitre. Llegar a dicha calle, que a pesar del asfalto conserva sus banquinas de arena y tierra clásicos de esta ciudad, es como adentrarse en un lugar de vacaciones. El ritmo es otro, a pesar de que la amplia concurrencia, sobre todo a la hora del mediodía, a veces no permita percibirlo del todo. Por eso es preciso llegar temprano y entregarse al disfrute. maschwitz La calle Mendoza a lo largo de su traza ostenta fundamentalmente locales gastronómicos, aunque sigue creciendo y ya los hay de decoración, inmobiliarias y otros. Pero posee tres lugares bien diferenciados que concentran muchas otras propuestas. El Paseo Mendoza fue el primero en erigirse en el lugar y sin dudas, el precursor en la transformación de esta zona. En un espacio donde se destaca la construcción en madera y los árboles (incluso los hay en el interior) que lo trasladan a uno a Cariló si se quiere, se pueden encontrar bares, restaurantes, heladería, casas de té, espacios de arte y hasta un teatro que funciona por las noches, momento en que también se puede llegar a ver algún recital. Claro, también hay negocios donde se venden piedras energizantes, lámparas de sal y se practican y enseñan terapias alternativas que explican un poco la onda del lugar. El Mercado de Maschwitz es una oda al reciclaje. Construido con desperdicios de madera, chapas, rejas, puertas de todo tamaño, forma y color, fue creciendo y tomando forma hasta convertirse en un punto de encuentro. Con una oferta que va desde lo gastronómico, moda, tendencias, juguetes del recuerdo, hasta peluquería, tattoos y un atelier de Milo Locket. Es un paseo singular, en el que vale la pena tomarse el tiempo de subir las escaleras y recorrer cada uno de sus rincones. Los amantes de la fotografía encontrarán un verdadero paraíso en este lugar. Un poco más allá y llegando al final de la calle, la masa conformada por varios containers reciclados sorprende al visitante. Se trata de Quo Container Center, un pequeño shopping a cielo abierto donde el cuidado del medio ambiente a través de la energía solar, el tratado de efluentes, las terrazas verdes y demás cobra vital importancia. Allí los locales de decoración, moda, jugueterías, bares, restaurantes y más conforman una oferta que invita a más de una visita. Para los chicos, Quo posee una palestra para ejercitar la escalada, puentes para los más pequeños y una tirolesa, además de juegos que como, no podía ser de otra manera, están hechos con madera y cubiertas de auto usadas. El día se hace corto entre almuerzo, repostería de calidad a la hora del té o una buena cerveza artesanal para disfrutar de la caída del sol y energizarse en este Ingeniero Maschwitz que recupera el esplendor de la década del 80, cuando era destino obligado del fin de semana porteño.
SUSCRIBITE A NUESTRA NEWSLETTER!