RUTA 40, Travesía de culto

RUTA 40, Travesía de culto

La Ruta 40 de la Argentina es un corredor turístico que abarca más de 5.200 kilómetros y une en su travesía once provincias junto a la cordillera de Los Andes, donde la historia del planeta, de los pueblos originarios, los pioneros europeos, las producciones y la belleza paisajística se conjugan y la convierten en un destino.

Por Sonia Renison En auto, cuatro por cuatro, bicicleta y hasta caminando, las opciones para recorrer la Ruta Nacional 40 se multiplican en cada provincia pero es quizás la mística de un alma aventurera la que elige recorrer este gran corredor que ofrece un tramo para cada época del año. Inicia su trazado casi a nivel del mar, en cabo Vírgenes (el extremo más austral del continente) en Santa Cruz, junto al estrecho de Magallanes, desde donde se orienta hacia el Oeste y en Río Turbio toma rumbo norte al pie de la Cordillera de Los Andes, que no abandona jamás hasta La Quiaca (Jujuy), en el límite con Bolivia. Son las tres regiones de Patagonia, Cuyo y Norte las que abarcan a las provincias de Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén para sumar en suelo cuyano a Mendoza y San Juan y en el norte turístico, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy. El tramo más largo de la RN 40 se encuentra en suelo santacruceño, por donde atraviesa unos 1.400 kilómetros, mientras que el tramo más corto está en Tucumán con 55 kilómetros y el sitio más alto se encuentra en plena Puna salteña, donde alcanza los 4.895 msnm. Durante el recorrido, la historia del planeta Tierra queda relatada en las más de 20 Reservas y Parques Nacionales y en Los Patrimonios de la Humanidad, como el sitio “Cueva de las Manos”, donde las pinturas rupestres son el testimonio de la presencia humana desde hace nueve mil años. La evolución de la Tierra queda plasmada en los glaciares (Santa Cruz), los bosques nativos con ejemplares de más de 1.500 años de antigüedad en el Parque Nacional Los Alerces (Chubut), los lagos y bosques del P.N. Nahuel Huapi (Río Negro), Lanín (Neuquén) y La Payunia (Sur mendocino), que representa la mayor concentración de conos volcánicos apagados en el mundo. Mientras que el Parque Ischigualasto y Talampaya, la cuenca geológica que comparten San Juan y La Rioja, muestra en los farallones y en las geoformas talladas por la erosión del viento y del tiempo, las distintas eras y es el lugar donde hallaron los primeros vestigios del dinosaurio más grande del mundo. El corredor rutero accede también al P.N. Los Cardones (Salta) y conecta con Laguna de los Pozuelos (Jujuy), lugares que forman parte de este recorrido donde se revelan los secretos de la evolución. ruta40b Historia, cultura y actualidad de las comunidades Tehuelches, Mapuches, Huarpes, Diaguitas, Ranqueles, Coyas y Atacamas permanecen en cada región con la cultura ancestral, sus enseñanzas y las problemáticas. Tan es así, que en suelo salteño el atractivo es el Turismo Campesino con base comunitaria, una propuesta turística en la que trabajan unas cincuenta familias de 12 comunidades diferentes, distribuidas en el corredor de los Valles Calchaquíes. Ellos comparten sus vivencias, el conocimiento del territorio, sus artesanías y productos que incluyen hasta los provenientes de pequeñas bodegas artesanales premiadas por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Es este suelo donde está el Camino del Vino de Altura son múltiples los atractivos para disfrutar en torno a los viñedos, el torrontés como emblema de la región y los varietales en uvas tintas, también distinguidos y dentro de la oferta de vinos de alta gama. El pequeño tramo que ofrece Tucumán tiene un anclaje en la historia rutera, ya que a unos minutos se encuentra Amaicha del Valle, donde cada febrero se realiza la Fiesta de la Pachamama y a diferencia de la costumbre de todas las fiestas del país, el consejo de ancianos de la comunidad elige la “Pachamama del año”. En la última edición fue Catalina Cruz, de 78 años, la Pachamama del Bicentenario. El concepto que promueve la elección es destacar a una de las ancianas candidatas por sus virtudes, como “haber tenido la sabiduría del aprendizaje para llegar a tantos años de vida”. Así lo contó, Sebastián Pastrana, un Amaicha que conoce su territorio como la palma de su mano y actuó en la película “Aballay”, el western criollo que dirigió el cineasta Fernando Spina, basado en el libro de Antonio di Benedetto, que se filmó en Tiu Punco, una zona de gran arenal y formaciones montañosas. Suelo de Inti Raymi, es en Catamarca donde los 21 de junio, a las 8.25, se recibe al primer rayo de sol que surge desde el horizonte recortado entre las montañas y se celebra el momento que marca un nuevo período en el calendario agrícola andino. Es tiempo de agradecer para trabajar la tierra y cosechar en el verano sus frutos. Para esa fecha, es en Santa María donde unos 300 chicos asesorados por el arqueólogo Fernando Morales Morales y equipo, forman el elenco de la representación del último Inti Raymi, celebrado en ese lugar desde antes de la llegada de los españoles. Santa María es la Capital Provincial de la Arqueología y desde la RN 40 se llega caminando a Inti Huatana, uno de los sitios arqueológicos que muestra en la cima de la montaña una ventana hecha de pircas (piedras apiladas) por donde asoma el primer rayo de sol ese mismo día desde hace quinientos años. Parte del Qhapaq Ñan (el Sistema Vial Andino que construyeron los Incas) coincide con la Ruta Nacional 40, ya que este permitió la traza actual de la ruta a partir de los caminos utilizados hace cientos de años, según el arqueólogo Fernando Morales Morales. El Qhapaq Ñan es Patrimonio de la Humanidad y es el proyecto de mayor envergadura distinguido, dado que lo integran seis naciones desde Ecuador y Colombia hasta Perú, Chile, Bolivia y la Argentina, países que trabajaron más de diez años en torno al proyecto. De los tres mil kilómetros de Qhapaq Ñan en suelo argento fueron 118 los seleccionados como Patrimonio Mundial y abarcan siete provincias, Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza, donde hay 13 tramos con 32 sitios arqueológicos en los que se involucra a 18 comunidades. Allí está la fuerza de la historia, junto a cada tramo de la Ruta Nacional 40, que asemeja un libro abierto a medida que se avanza en su travesía y si refiere a los pioneros europeos, en Patagonia salta el trabajo del historiador y periodista Osvaldo Bayer que llevó al cine “La Patagonia rebelde”, donde refleja la masacre de un millar de peones laneros en la primavera y verano de 1920 a 1921. El suelo santacruceño muestra los parajes con el nombre de las mismas estancias, muchas de las cuales aún pertenecen a los descendientes que participaron en los hechos. Los jóvenes de hoy diseñaron un circuito “De cara a la Livertá”, tal como se leía en una cruz de madera hallada en una de las tumbas, que une distintos puntos que tienen que ver con esta historia. La cría de ganado ovino es hoy, después de un siglo, la misma fuente de riqueza y hasta se realiza una demostración de esquila en galpones originales para los turistas clásicos que llegan cada día a conocer y descubrir la Patagonia. Existen allí estancias centenarias perdidas en la cordillera, como NIBEPO AYKE o como Estancia Cristina, a la que se llega navegando por un canal de témpanos. La oveja, la vaca y hasta el guanaco, uno de los cuatro camélidos junto con la vicuña, la alpaca y la llama que pueblan el país, forman el espectro productivo. Algo que se puede apreciar en Río Mayo, el primer punto chubutense en el recorrido de la Ruta Nacional 40, donde la familia Mazquiarán lleva tres décadas en el manejo del guanaco y hace quince años que logró extraer el pelo y desarrollar tejidos con artesanas capacitadas de la región, que lograron tejidos exquisitos de máxima fineza. La uva que puebla caminos con viñedos desde Santa Cruz hasta Jujuy, forma otro eje rutero cuando termina el verano y comienza la vendimia que antecede a los olivos, que en abril se lucen con la cosecha y los aceites que se elaboran desde Mendoza, Octava Capital Internacional del vino, hasta Jujuy. ruta40c Hay hotelería y spa de alta gama que alterna con la rusticidad del campo durante toda la travesía. Las Buitreras es una de las primeras estancias que se cruzan en plena Patagonia y es tan grande que abarca parte de la ruta y contiene el cráter de un volcán sobre el cual se puede incluso caminar. La estancia mantiene la cría de ovejas de antaño, pero se transformó en un lodge de pesca elegido por los extranjeros. En la producción, también se lucen los tejidos que identifican a cada región con prendas y colores. Es en Catamarca donde las teleras “Belichas”, oriundas de Belén, integran la flamante Ruta del Telar, compuesta por unos cincuenta hacedores que trabajan en sus talleres en nueve localidades del departamento catamarqueño. Fue una de ellos, Selva Díaz, quien tejió este año el poncho que recibió el Papa Francisco en su visita a la República del Paraguay y muestra en su casa cómo tiñe con tintes naturales las lanas que va a utilizar y cómo arma la trama. La Ruta 40 es un recorrido que expresa la diversidad de la Argentina por sus hacedores, por sus paisajes y posibilidades. Cada estación tiene lo suyo, con las cosechas del fin del verano hasta “el lúpulo” tiene su fiesta en El Bolsón y es en abril cuando un aroma dulzón se impregna en el aire de este pueblo de la comarca del pararelo 42, que une partes de Chubut y de Río Negro. Durante el invierno, todos los centros de esquí se salpican a un lado y al otro del mapa rutero desde Vandelén (Río Turbio), donde se extrae el carbón mineral, hasta Mendoza con el centro de excelencia para deportistas, en el Valle de Las Leñas. Hay hoteles de los años 40 mantenidos tal cual que conviven con cinco estrellas de última generación, pero son los lodges los elegidos por los viajeros que combinan una travesía rutera con hospedaje de alta gama. Muchos eligen hacer tramos de a pie, para lo cual la novedad está en el proyecto Huella Andina, que une tres provincias (Chubut, Río Negro y Neuquén) y cinco Parques Nacionales, en más de 500 kilómetros demarcados en senderos autoguiados para vivir una temporada inmersos en la naturaleza más pura. El coordinador nacional de Huella Andina, Horacio Pelozo, radicado en San Martín de Los Andes, es un montañista que ha recorrido picos de todo el mundo y logró diseñar el trazado en campo, para el cual cada temporada debe recorrer y verificar que la vegetación no haya cerrado ningún camino, algo que hace también cada semana en los alrededores del Lago Lácar. La Rioja, por su parte, combina la producción de vinos en Chilecito, la perla del Oeste, la historia de la Mina La Mejicana y en el tramo de San Blas de Los Sauces, el proyecto de reconversión de fachadas y hacedores en bodegas boutique, forman un corredor con características propias, aunque todos se unen en el verano con los festejos de “La Chaya”, el carnaval riojano. Es en la famosa Cuesta de Miranda, con unas 320 curvas durante su recorrido, donde se despliega el encanto de la tierra roja y el verde de la vegetación que la cubre como antesala a Talampaya y donde uno de los pueblos más antiguos de la provincia se esconde detrás de un cartel que reza “Bienvenidos al pueblo hermoso de Aicuña”. Allí los muros de pircas marcan la calle principal de tierra y sigue hacia la cima de la montaña, donde se yergue una pequeña capilla de piedra de más de tres siglos y donde para sorpresa de todos, la mayoría de sus habitantes llevan el apellido Ormeño. Dante Walter Ormeño es uno de ellos, quien junto a su hermano estudió en Chilecito para volver al lugar familiar y abrir un hospedaje, el único en la zona, en la casa de sus abuelos. De la producción de ovejas y aceitunas, pasando por los vinos y hasta tostado de algarroba, la Ruta 40 también representa un abanico gastronómico que revela las recetas ancestrales con el aporte de los inmigrantes. Es la empanada el plato común, pero que en cada provincia difiere tanto en condimentos como en carnes: de vaca, cabrito, llama o la humita en chala o el tamal, con dulces de frutos rojos en la Patagonia o de cayote en el norte. La mixtura cultural que recorre la Ruta 40 explica por qué los extranjeros la eligen en busca de un nuevo destino y por qué los argentinos de 20 a 80 años sueñan con recorrerla en algún viaje. Los expertos ruteros sostienen justamente que a la ruta hay que recorrerla, no correrla, así se disfrutan los paisajes y las gentes y se previenen accidentes, por lo que es ideal elegir la época del año adecuada según el clima por región, cuidándose de los deshielos y lluvias del verano que hacen crecer los ríos y las nevadas invernales. La famosa Ruta 66 que recorre de Este a Oeste los Estados Unidos suma algo más de 3.600 kilómetros e hizo famoso al escritor de la generación beat Jack Kerouac, con “On The Road”. Tal vez nos haga falta un Kerouac que mitifique nuestra criolla y amada 40, que además de ofrecer imágenes y paisajes insuperables, la supera en kilometraje
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