Ruta 40: Historia, vinos y dinosaurios en San Juan.

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En San Juan es posible combinar una cata de vinos con un concierto espléndido de música clásica cuando la Ruta Nacional 40 se sumerge en la ciudad capital. Kitesurf, windsurf, cabalgatas históricas y hasta un viaje cósmico, los sanjuaninos tienen de todo.

Por Sonia Renison / Fotos por Roberto Ruiz / Secretaría de Turismo, Cultura y Deportes

El asfalto se inmiscuye entre viñedos y la historia argentina cuando uno llega a San Juan. Lo que fue un desierto, se pobló de viñedos y si los sanjuaninos decían que el nombre de su provincia se escribía con “S” de Syrah, hoy la diversificación cubre el abanico de los catadores más exigentes. Pero además, aquí la historia remite a la historia del planeta, con su recorrido por el famoso “Valle de la Luna” que es el Parque Provincial Ischigualasto, yacimiento del triásico reconocido a nivel mundial y que comparten con sus vecinos riojanos, en el Parque Nacional Talampaya, como Patrimonio de la Humanidad.

Es en este camino donde también se tiene acceso a la comunidad Huarpe, guanacache (gente que admira el agua que cae) de Lagunas del Rosario, donde antiguamente fabricaban sus embarcaciones con los juncos que crecían en las lagunas y hoy se puede visitar y conocer también la Iglesia de Tres siglos que permanece intacta al paso del tiempo.

San Juan recibe en su corazón a la Ruta Nacional 40. Junto con Mendoza, son las únicas capitales de provincia que la contienen. Y aquí, al llegar, es posible vivir un concierto particular. Hay Museos y complejos culturales únicos en el continente.

Por supuesto que para los argentinos una parada obligada es el solar de la casa de Sarmiento, donde se puede conocer la historia de la familia y emocionarse junto a la higuera que acobijara a Doña Paula Albarracín (su madre) mientras tejía en telar.

Es necesario recorrer esta Casa-Museo Histórico Nacional (MHN) con un guía de sitio porque así se podrán conocer los vericuetos de la personalidad de quien fuera maestro, escritor, periodista, político y presidente de los argentinos, además de autor de “Educación Popular”, la base de la Ley de Educación. La visita es para emocionarse. Muchas veces el recorrido culmina con el aplauso enorme de los asistentes. No hay que perderse la puerta misma de la casa histórica, probar los higos pasa y llevarse una bolsita de uno de los frutos más ricos de la región.

De a pie, nomás, se llega a recorrer distintos puntos de interés de la ciudad. Y aunque desde el costado arquitectónico puede resultar chata, allí radica su encanto pues después del terremoto de 1944, cuando se destruyó por completo, las edificaciones respetan las normas especiales para evitar derrumbes, con veredas anchísimas y calles también más amplias que las acostumbradas.

Sin embargo, los edificios más modernos revelarán una San Juan diferente. La Legislatura Provincial, con su plaza seca y su sala de exposiciones donde se exhibe la Bandera del Ejército de Los Andes, es uno de ellos. Otros son el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, el Museo del Bicentenario y un clásico exquisito: el Auditorio Juan Victoria, donde es posible encontrarse en el foyel con el maestro Oscar Rodríguez del Castillo, quien da clases magistrales sobre órgano y si hay ensayo, el viajero que recale justo aquí disfrutará de un concierto personal de ensueño.

Es que el órgano con que cuenta el auditorio Juan Victoria, un órgano tubular alemán Wal­cker original. Tan sólo los números brindan la dimensión espectacular de este instrumento. 3.565 tubos, 44 registros sonoros, tres manuales, pedalera de dos octavos y medio. Y el detalle fundamental es que en las primeras filas del auditorio se diseñó un sistema de ondas que permite incluso a las personas con disminución auditiva disfrutar de la música. Único.

A esta altura de la nota, usted se preguntará a donde vamos con tanto arte e historia. Y es que a menos de diez cuadras, también se encuentra la celda de clausura del Convento de los religiosos Domínicos de San Juan de la Frontera, donde el General Don José de San Martín dormía mientras planificaba la gesta histórica del Cruce de Los Andes que impulsó la libertad de América. Cada primavera y verano hay cruces temáticos, dado que de todas las columnas sanmartiananas fue por Valle de Los Patos (San Juan) por donde cruzó San Martín con el grueso del Ejército (más de cinco mil hombres). Las expediciones actuales recorren la huella intacta de los tres cordones montañosos que Álvarez Condarco plasmó en sus croquis. Es una travesía de alta exigencia, pero también una experiencia sin igual.

Los vinos, los olivos, las uvas pasa, la sopa y pilla, pero por sobre todo los membrillos son los protagonistas de esta zona. Estos últimos sobre todo, porque un año atrás lograron la denominación de origen, por su color, sabor y textura y además por su valor cultural, pues el cultivo, cosecha y elaboración de dulce de membrillo es una cuestión que se ha transmitido de generación en generación dentro de las familias sanjuaninas.

Un viaje gastronómico debe incluir la degustación de “Punta de espalda”, un corte vacuno para el asado que tiene la exacta forma del mapa de San Juan.

Cerquita de la capital sanjuanina, se puede encontrar una postal diferente de la idea de sequía y suelos arenosos, dado que una obra de ingeniería les devolvió a los sanjuaninos un recorrido imperdible por “la interlagos”. De pronto, recorrer la ruta asfaltada que rodea los espejos de agua de los diques, lo transportan a uno a otras latitudes.

La Quebrada del Zonda y la zona del Dique Ullum tiene pequeños valles que se han convertido en los nuevos polos vitivinícolas y parte del camino del vino sanjuanino. Hay bodegas inmensas y también las hay boutique, todas interesantes para conocer, recorrer y probar los vinos de este terruño.

El Camino de los Olivos, entre aceitunas y aceites vírgenes extra, es parte del encanto que ofrece el fruto de esta tierra que apenas es opacado al final de la primavera, cuando la uva primicia, es decir, la primera uva fresca lista para comer hace su aparición y los melones rocío de miel ocupan los márgenes de la ruta 40 en la localidad de Sarmiento, antes de ingresar a la ciudad capital.

Un pueblo encantado

Hay una razón importante para llegar a Jáchal y es que allí vive un artista de la imagen, Roberto Ruiz, quien ha hecho famoso a San juan cuando expuso en 2007 una gigantografía de 70 metros de ancho por 18 de alto del atardecer en el Valle de la Luna, el Parque Provincial Ischigualasto, Patrimonio de la Humanidad y que cruzaba la avenida porteña 9 de Julio junto al Obelisco, de lado a lado. Fue una tarde de lluvia pero allí estaba e intentaba lograr un récord Guiness.

Calingasta

Cada pueblo tiene su historia en el tramo de lo que hoy conforma la Vieja Ruta 40, desde la localidad de Iglesias hasta Pismanta es un recorrido de ensueño. Desde el sur también se accede a Calingasta, en el Valle de Barreal, donde la producción de aromáticas y hasta rosales atrapan al visitante. Muy cerca de allí se encuentra Pampa de Leoncito, dentro del Parque Nacional, donde el observatorio astronómico propone viajar al cielo.

Jachal es un pueblo pequeño que ostenta en su arquitectura la única muestra de las fachadas de un siglo atrás, pues fue el único lugar donde los terremotos no afectaron las construcciones. En los últimos años han logrado mantener el corredor que bordea su plaza principal y en las más importantes casonas hay restaurantes especiales para conocer la gastronomía regional.

San José de Jáchal tiene una fuerte tradición gauchesca y cada año tiene su Fiesta de la Tradición y además, en Huaco, es donde la historia se une a una producción de hace medio siglo: el trigo. Supo ser un polo triguero y los molinos harineros, dos de los cuales son MHN, se pueden visitar para conocer una historia productiva de dos siglos.

De allí mismo fue el poeta, historiador, escritor y político Buenaventura Luna, y sus descendientes cuentan la historia cuando uno los visita para conocer el viejo molino. Si se tiene suerte y es día de fiesta, quizás también se pueda conocer un plato de la gastronomía como la “cabeza huateada”. Se trata de la cabeza de vaca, adobada durante una noche y envuelta en lienzos que se sumerge en un pozo en la tierra previamente calentado con brasas. Se la tapa y un día después se la extrae, dicen que es un manjar. Hay que probarla.

Hay varios recorridos imperdibles que se unen al gran corredor que despliega la Ruta Nacional 40 y en el norte sanjuanino, todos quieren conocer el dique Cuesta del Viento, en la localidad de Rodeo. La razón es simple y es que aquí los campeonatos de kitesurf y windsurf son una atractivo más para los amantes de la adrenalina y la aventura. 

Dinosaurios

Un recorrido por el Parque Provincial Ischigualasto (Valle de la Luna) que junto con el vecino Parque Nacional Talampaya (La Rioja) es Patrimonio de la Humanidad, depara un viaje al Triásico. Justo allí se encontraron los restos del dinosaurio más antiguo del mundo.

El parque es provincial y un orgullo para los sanjuaninos y para todo el país. Está pensado para que puedan disfrutarlo familias enteras. Se puede acceder en auto propio y siempre se aguarda al guía experto del lugar que conducirá a la caravana de autos y en cada una de las llamadas “estaciones” contará los detalles imperdibles de este tesoro que relata las eras geológicas y la evolución del Planeta Tierra.

Las cinco estaciones son: Valle Pintado, Cancha de Bochas, Submarino, Museo de Sitio y El Hongo (imperdible al atardecer).

Hay opciones para recorrerlo en bicicleta y caminando. Lo más nuevo es el centro de interpretación que cuenta con tecnología de última generación para casi, casi, vivir la experiencia de habitar el Triásico.

Hay propuestas que siguen el calendario lunar, con caminatas de luna llena y hasta atardecer con músicos en vivo y cata de vinos.

Américo “Meco” Cortez lleva toda una vida como guía del Valle de la Luna. Sabe todo de todo, pero lo más importante es que lo sabe contar. No importa la edad del público que lo rodea, es un experto del Triásico.

Para el coordinador del Parque Provincial Ischigualasto, Emilio Fernández, el parque crece en visitantes desde el año 2000, cuando llegaban entre 18 y 20 mil turistas por año, hasta que fue declarado Patrimonio de la Humanidad y los viajeros se multiplicaron hasta llegar a 92 mil visitantes ansiosos de conocer los detalles del Triásico que, en este yacimiento, se descubre y relata la historia del Planeta.

Hay un centro de informes y un restaurante en la entrada del Parque que en este momento se encuentra en obras. Pero se puede almorzar y beber un refresco. Además de contar con sanitarios impecables. Ah, y algo fundamental para los amantes de la tecnología: WiFi.

www.sanjuan.tur.ar

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